¿En Colombia se previene el embarazo adolescente?

Vientres tiernos, aun niños, llevando en sus entrañas nuevas vidas como consecuencia del rechazo a los anticonceptivos que termina provocando embarazos no deseados.

     Por considerarlo de suma importancia para orientar a la juventud en la cultura de la prevención, hemos decidido tocar este tema, así sea de manera muy general, por las graves repercusiones que, sobre la salud, el presente y el futuro de nuestra juventud, tiene este tema de candente actualidad.

     En cuanto a la salud reproductiva se refiere, cada día nuestros jóvenes, a pesar de tanta publicidad, cometen más errores por falta de una cultura en la planificación familiar, que es el derecho que tienen todas las personas a elegir cuántos hijos desean tener, cuántos pueden mantener y educar, partiendo del hecho clave de que la planificación familiar debe ser una decisión informada de pareja.

     Planificar tiene varias ventajas, entre otras la de proteger la salud de la madre, la salud del

hijo, el amor y el cuidado de los hijos, la educación y la estabilidad de la familia. Todos sabemos que existen diferentes métodos anticonceptivos que ayudan a planificar la familia, pero los jóvenes hoy no los están aplicando.

     Una de cada cinco jóvenes entre los 15 y los 19 años en Colombia es madre o está embarazada, según señaló el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), entidad que viene pidiendo acciones conjuntas entre el Estado, la sociedad y la familia para lograr una reducción en los casos. El ICBF citó cifras del Dane que revelan que entre el 2008 y el 2013, cada año, en promedio, han nacido 159.656 hijos de madres entre los 10 y los 19 años. De acuerdo con este indicador, la tasa estaría alrededor de los 435 nacimientos diarios.

     Cristina Plazas, directora del ICBF, dijo que, sobre esa cifra, el 70 por ciento son embarazos no deseados o no planeados, tal como lo reveló la última encuesta nacional de demografía y salud realizada en el 2010, lo que nos revela que Colombia es un país no deseado, como lo señalamos desde el 2004 en nuestro segundo libro denominado ‘La cultura de la prevención, una urgencia social’.

     Añadió la doctora Plazas que otra de las preocupaciones es el embarazo subsiguiente, pues se estima que el 20 por ciento de las mujeres gestantes vuelven a quedar embarazadas entre los 7 y 14 meses siguientes, y el 33 por ciento, entre los 14 y los 24

meses siguientes. “Necesitamos una política de Estado para acabar con esta situación y por eso vamos a crear una dirección que se encargue de articular todas las acciones del Gobierno para poder bajar esos índices y cumplir con ese objetivo del milenio en el que estamos en deuda como país”, señaló.

“Tenemos que enseñar sobre cuál es el lenguaje que quieren oír los jóvenes y cómo tratar los temas con ellos. No hay que juzgarlos”: Cristina Plazas, directora del ICBF. “Una política de Estado acaba con esta situación”.

     Así mismo, hizo un llamado a las autoridades para judicializar y condenar a quienes tienen relaciones sexuales con niños menores de 14 años, pues incurren en el delito de violencia sexual. Plazas también llamó a los colegios a abrir espacios con los padres de familia para, juntos, trabajar por la prevención. “Tenemos que enseñarlos sobre cuál es el lenguaje que quieren oír los jóvenes y cómo tratar los temas con ellos. Insisto, no hay que juzgarlos (a los jóvenes) sino ver cómo les damos oportunidades y cómo logramos que ellos mismos tomen la decisión de usar los métodos anticonceptivos”, puntualizó la directora del ICBF.

     El análisis sobre una consulta abierta que la entidad realizó con 50.000 jóvenes del país entre 12 y 18 años permitió identificar que a los adolescentes no les gusta usar métodos de planificación, pese a tener conocimiento de varios de ellos. “Es un tema cultural. Eso de que usar condón es como comerse una paleta con el plástico, es falso y los jóvenes hablan de eso”, dijo Plazas, quien reafirmó que la política de prevención de embarazo adolescente no solamente habla de los métodos anticonceptivos, sino que se enfoca en lograr que los jóvenes tomen decisiones responsables. De ahí se desprende otra de las preocupaciones: el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Plazas precisó que las cifras oficiales indican que hay 41.900 casos de VIH en el país, pero se cree que son más de 120 mil los no registrados. Otros indicadores revelan que una de cada tres niñas sufre herpes y crece cada día

más por los crecientes casos de cáncer de cuello uterino.    

     Para el ICBF, una clave en la prevención del embarazo adolescente está en brindarles garantías a los jóvenes para que se planteen proyectos de vida. “Nos corresponde a todos orientar a nuestros niños para que identifiquen sus habilidades, motivarlos a que se fijen metas y construyan proyectos de vida basados en el deporte, la música o cualquier otro ámbito de la vida”, recalcó Plazas.

     Cada año millones de personas, la mayoría de ellos

Preocupante, el embarazo subsiguiente. Se estima que el 20 por ciento de las mujeres gestantes vuelven a quedar embarazadas entre los 7 y 14 meses siguientes, y el 33 por ciento, entre los 14 y 24 meses siguientes.

jóvenes, contraen enfermedades transmitidas sexualmente. Estas enfermedades han sido siempre potencialmente peligrosas, pero durante los últimos 40 años, la mayoría pueden ser tratadas eficazmente.

Sin embargo, en la década de los años 80 la irrupción en escena del Sida cambió completamente el panorama.

     Rápidamente se observó que la amplia mayoría de infecciones VIH se habían producido a través de la transmisión sexual, pues las minúsculas lesiones que se producen durante la penetración (vaginal y anal) y otras prácticas sexuales (ej., buco-genitales) facilitaban que el virus VIH pasara a través del semen y de las secreciones vaginales a la corriente sanguínea de su pareja. Además, factores tales como mantener relaciones promiscuas, no usar preservativos, penetración anal o contacto bucal-genital, incrementan el riesgo de adquirir dicha infección.

     La clara evidencia de la transmisión sexual del VIH ha producido un vuelco en la concepción del manejo de este tipo de enfermedades. La única vía alternativa en estos momentos para luchar contra esta enfermedad es la prevención, a través de comportamientos que minimicen el riesgo como el uso de preservativos y especialmente el de ser monogámicos.

     Uno de los problemas más preocupantes a los que debe hacer frente nuestra sociedad es el de los embarazos no deseados, en concreto, entre las adolescentes. Un embarazo no deseado en una adolescente supone un serio problema para ella, su futuro hijo, sus padres, amigos y los servicios de salud y educativos.

     Si bien es cierto que muchos padres adolescentes adoptan decisiones responsables en caso de embarazo y proporcionan a sus hijos un buen cuidado prenatal y obstétrico, muchos no lo hacen. Esto es, un gran número de embarazos no deseados se acompañan de una incidencia desproporcionada de mortalidad infantil, descuido y maltrato a los niños, terminando, aproximadamente cuatro de cada diez embarazos dentro de este grupo en abortos o malogros. Las madres adolescentes tienen un riesgo dos veces mayor de tener anemia, preclansia y complicaciones durante el parto, además, de un mayor riesgo de mortalidad durante el mismo (OMS, 1976).

     Por otra parte, los hijos de madres adolescentes presentan una tasa de morbilidad y mortalidad dos veces mayor que los bebés de las madres adultas, corriendo el riego de experimentar más malformaciones congénitas, problemas de desarrollo, retraso mental, ceguera, epilepsia y parálisis cerebral. Por si fuera poco, tanto los padres como sus hijos tienen que afrontar a corto, medio y largo plazo una serie de adversidades sociales, legales, psicológicas, educativas y económicas.

     Finalmente, y a propósito de este tema, siempre recordamos que el doctor José Francisco ‘Chico’ Zúñiga, como alcalde de Santa Marta, sancionó el acuerdo 024 de agosto 18 de 1994, aprobado por el Concejo Distrital “Por el cual se establece el suministro obligatorio de preservativos en algunos establecimientos” (está registrado en el folio 74, del Libro 43, de 1994, en los archivos del Concejo). Lo recordamos porque hoy, más de 20 años después, debemos exigir que este decreto se ponga en práctica para incentivar la cultura de la prevención contra las enfermedades de transmisión sexual y el Sida y para que las jóvenes parejas eviten los embarazos no deseados. El señor alcalde de Santa Marta y los

alcaldes de todos los municipios de Colombia tienen la palabra para emular este decreto.

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