De marketing político y estrategias

     En nuestra experiencia en el oficio de la consultoría política a lo largo de 25 años, muy a menudo nos hemos encontrado con candidatos que se quedan petrificados cuando en una primera sección de trabajo le preguntamos ¿Por qué usted quiere ser candidato? ¿Por qué cree que este es el momento preciso para usted aspirar a esa posición? ¿Si usted fuera un ciudadano común votaría por alguien como usted? ¿Qué cambiaría o mejoraría si alcanzara la posición? ¿Se siente usted preparado para el cargo al que aspira? ¿Conoce usted las funciones del cargo para el cual aspira? Pero la mayoría de las veces estas preguntas no tienen respuestas o al menos respuestas coherentes, espontaneas y certeras.

     Imagínense que un candidato sea abordado por algún medio de comunicación con estas preguntas y que no las tenga claras al momento de responder… ¡podría ser catastrófico! en el inicio de cualquier campaña, sobre todo si los

estrategas del oponente saben sacarle partido a eso.

     El primer ejercicio de un candidato antes de salir al ruedo es tener bien definidas las respuestas a estas preguntas de manera convincente, certeras y emotivas, de tal manera que convenza y contagie a su entorno más cercano como punto de arranque, incluyendo a su familia… Tiene que saber que una campaña política es un ejercicio de comunicación, que el candidato es parte del mensaje y que, en la misma, todo comunica y el que mejor comunique moviendo emociones tendrá más posibilidades de éxito.

     Si bien es cierto que el elemento investigativo es indispensable a la hora de armar una estrategia

electoral, no menos cierto es que esta estrategia no puede dejar de lado la visión y el pensamiento del candidato, así como su propuesta. De ahí que los consultores, a la hora de elaborar un tema, un eslogan y un mensaje en una campaña, deben tener estas respuestas claras y definidas por parte el candidato y, con esto en mente, proceder con el desarrollo del plan de campaña.

     Cuando definimos el perfil ideal de un candidato para una posición determinada, lo que hacemos es maximizar las buenas cualidades que tenga como candidato y minimizar debilidades, de esta manera se nos hace más fácil convertir sus amenazas en oportunidades, puesto que el candidato forma parte intrínseca del mensaje en una campaña electoral.

     En un proceso de campaña electoral participan candidatos nominados por partidos políticos que tienen principios y programas distintos, pero también cada candidato, en sí mismo, encarna valores, intereses y posiciones políticas propias. Cuando no existían partidos, los atributos personales de los candidatos que competían en una elección servían a los ciudadanos como referencia única para decidir su voto. Al organizarse los partidos, la gente podía identificarse con su ideología y votar por el partido de su preferencia casi sin reparar en los candidatos. Pero con el uso de la televisión, la radio, las redes sociales y todos los medios de comunicación no convencionales usados hoy en las campañas electorales, nuevamente los atributos personales de los candidatos, proyectados estratégicamente en imágenes, son los únicos que pueden tomar en cuenta para votar la mayoría de los electores. Es decir, la persona, el candidato, fue y vuelve a ser el centro y la razón de ser de toda campaña electoral. Por eso, en él están todas las potencialidades y todas las limitaciones de una campaña. Dicho de otro modo, el mensajero importa tanto o más que el mensaje, y en las campañas electorales, el candidato es su mensaje principal. Se dice que Goebbels, el jefe de propaganda Nazi, cuando le preguntaban cómo lograba enardecer y adormecer a las masas, respondía: “Mi mejor arma se llama Hitler”.

     Sabiendo que el primer recurso de la campaña negativa es desacreditar al mensajero para restar credibilidad a su mensaje es que recomendamos que antes de comenzar su campaña, el candidato debe tener bien definido ¿Por qué yo? y ¿Por qué ahora?

MIGUEL MALDONADO MARTÍNEZ

     Diversas son las opiniones después de la repentina salida de Cristina Plazas, ex directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), quien declaró irse satisfecha con su gestión y que espera que la nueva administración continúe con la lucha contra la corrupción dentro de la institución.

     De igual manera, asegura que durante su gestión se lograron judicializar 60 operadores que se habían creado con la finalidad de desviar los recursos destinados para los beneficios de los niños, e hizo especial énfasis en el caso de Bernardo Miguel Elías, conocido como ‘Ñoño Elías’, quien según ella por 14 años saqueo el ICBF y tuvo gran poder sobre la entidad.

     Por otra parte, el expresidente de Millonarios FC, Juan Carlos López, quien fue nombrado para suceder el cargo. En las últimas horas tomó la decisión de rechazar el nombramiento, otorgado por presidente Juan Manuel Santos. El cual asegura que, a lo largo de su trayectoria profesional, no ha sido objeto de ninguna investigación en su contra y que después de valorar la designación decidió que no era conveniente para él, ni para el gobierno, ya que no quiere convertirse en un motivo más de división política en el país.

     Sin embargo, lo importante de esta coyuntura no es quien ostente el cargo, sino la necesidad de continuar con el fortalecimiento de políticas públicas para los menores, sin caer de manera repetitiva en episodios de incumplimiento, despilfarro y en el aumento de condiciones desfavorables para ellos, como ha ocurrido en los últimos años.

     Es el momento de tomar las riendas de esta institución tan importantes para la prevención y protección de la primera infancia, la niñez, la adolescencia y el bienestar de las familias colombianas ya que de esto depende el futuro de nuestro país. Ellos son los encargados de cambiar el destino de las futuras generaciones. Que la corrupción no se robe el futuro de nuestros niños ¡Vale la pena seguir trabajando por ellos!

MARTA LUCÍA RAMÍREZ