Antes de que se me olvide...

     El día que juega el Junior de Barranquilla, ‘tu papá’, el equipo de soccer o fútbol de mi amada ciudad natal —sea festivo o día de semana o a la noche de una mitad de semna—, mi familia y yo, residentes en Miami, hacemos dos cosas como un ritual: UNA, buscar en la guía de la programación de televisión si trasmitirán el juego en directo por el canal de televisión colombiano internacional, y si no, acudimos a un ‘plan b’: la Internet… DOS, ponernos la gloriosa camiseta rojiblanca para sentirnos, y ser su más ruidosa fanaticada, a la distancia, en la sala de nuestra casa, que tiene la magia de convertirse, durante dos horas, en el estadio donde juega el equipo.

     Y ahora, mucho más cuando el equipo comandado por ‘el Teo’ —con Chará, la llave de Teo, y Viera, indiscutido ángel guardián en el arco—, está más exitoso que nunca, jugando lindo, dándole tocata a sus contendores, metiendo goles, ganando en Bogotá, y que, de continuar así, con toda seguridad el Carnaval de ‘Curramba’ comenzará a celebrarse este año en la Navidad.

     Miami, USA, sábado 29 de Julio de 2017. A las 8:00 p.m. adentro del Hard Rock Stadium estaban 75.499 espectadores directos y yo, dos millones de espectadores indirectos que vinieron a la celebración y más de 1.000 millones que vieron la transmisión en diferentes idiomas frente a los televisores ubicados en todo el mundo.

     Rugimos llenos de emoción al iniciarse el juego de fútbol, soccer, el súper clásico, ‘el clásico de la hamburguesa’: Real Madrid frente al Barcelona, el segundo y tercer equipos más valiosos del mundo respectivamente dentro del marco de la International Soccer Cup. Ya sabemos que ganó el Barca 3 a 2. Y también que jugaron Messi, Neymar, Piqué, Bale, Benzemá, Sergio Ramos y demás estrellas. Lástima la ausencia de Cristiano Ronaldo y James. Espectacular la cantada del himno de USA por Prince Royce y el show central de Marc Anthony. El análisis de lo deportivo lo comentaron los expertos. Yo les cuento sobre lo que se vivió previo a este juego.

    Con unos seis meses atrás se anunció el juego. Desde ese momento, la ciudad de Miami comenzó a prepararse. Para recibir a nada menos que a 2 millones de visitantes durante una semana. Hoteles, parques, shows musicales, calles, vigilancia, seguridad, etc… Se comenzaron a vender los boletos vía Ticketmaster y online con valores entre 500 y 2.500 dólares. La semana antes, si lo conseguías, el mínimo se especuló entre 600 y 1.000 y el máximo hasta 5.000 dólares. El parqueo mínimo vale 20 dólares por vehículo, una soda o gaseosa 10 dólares, una cerveza 8 dólares, un cuarto de pollo 12 dólares. En promedio, durante un partido regular de béisbol de grandes ligas con los Miami Marlins o de fútbol americano, categoría profesional, con Miami Dolphins, dos personas mínimo pueden

gastarse entre 150 y 200 dólares.

     Ni hablar de ver a los Miami hits: una entrada, si es que la consigues, vale mínimo 180 dólares.

     La asistencia a los deportes en toda USA es costosa. Ahora bien: es toda una vivencia y un regalo que te haces ocasionalmente a ti mismo para luego decir de por vida que “yo estuve allí y conocí a Lebrón James, (basketball), Stanton (soccer), Brady (fútbol americano)”.

     ¡Oiga!... Ese 29 de Julio, y como ocurre generalmente en los fines de semana, la fiesta de los partidos comenzó a llegar entre tres a cinco horas antes del pitazo inicial del árbitro central. La gente llegó a las zonas de parqueo —verdes por la grama bien cortada y limpias— de las afuera del estadio: vehículos de toda clase, tamaño y marcas. Y luego, con las caras pintadas, con gorras, sombreros, escudos, banderas, bufandas, cintillos, camisetas, vestidos de pies a cabeza con los colores del Real Madrid y del Barcelona y comenzaron a sacar y armar carpas, mesas, sillas, asadores, neveras repletas de cervezas y de cualquier clase de licores, y comidas como hamburguesas, pollos, carnes para asar.

     Y claro: sonó la música desde los carros y parlantes auxiliares. Y la rumba se prendió en cada estacionamiento. La gente compartió con sus vecinos no importando si eran fanáticos contrarios. Bailaron, jugaron dominó, divirtieron a sus niños en sus coches o caminadores, y faltando solo unos 45 minutos antes del juego comenzaron a recoger la basura, desarmar lo

armado, con la barriga llena y algunos con la mente más eufórica y más prendida que pista de aeropuerto por el licor consumido y, acto seguido, entraron al estadio.

     Después de la pre-fiesta de afuera, donde no hubo una sola pelea ni agresión entre fanáticos opuestos, comenzó la principal adentro del estadio. Para el disfrute de esa fiesta habían venido, algunos desde muy lejos, en avión y/o manejando su carro durante más de 24 horas. Claro que adentro de las instalaciones del Hard Rock Stadium hay de todo como en un súper lujoso hotel cinco estrellas. Restaurantes, bares, aire acondicionado, cómodas sillas, televisores gigantes.

     La gente entró en orden, en sus filas por los ascensores o las escaleras eléctricas, sin un empujón o roce a cualquiera, mucho menos a alguna fémina o niño: si te atrevías, ¡hubieras seguido el juego entre rejas!

     Todos nos sentamos en nuestros asientos numerados. Los que le fueron al Real o al Barcelona y al que ganara de los dos, todos juntos, como hermanos ¡miembros de la fiesta! Y al terminar el juego, créame gente: salimos súper-felices, pellizcándonos para ver que no había sido un sueño, todos juntos, sin importar que ganara o perdiera el equipo de nuestra preferencia.

     Lo que pasó luego y adentro se vio en la transmisión por televisión.

     Barranquilla, Colombia, cualquier domingo o día festivo, entre abril de 1966 y 11 de mayo de 1986 —fecha de inauguración del estadio Metropolitano Roberto Meléndez—. Lugar: Estadio Romelio Martínez y sus alrededores. Partido de fútbol: Atlético Junior de Barranquilla, ‘tu papá’, y de cualquier equipo del mundo que visitó la ciudad. Si eres juniorista de verdad sabrás la historia de 93 años del equipo, que los ha cumplido este 7 agosto —gracias Micaela… Micaela Lavalle de Mejía, motor de la existencia de Junior— y que en la víspera lo había festejado en El Campín: 2-1 a Millonarios. Muchas etapas, de gloria y sinsabores, desde su fundación. Ha tenido súper jugadores de la talla de Othon Da Cunha, Othon Valentín, Quarentinha, Pepe Romeiro, Dida y su gol de chalaca en el Eduardo Santos de Santa Marta; Ayrton, ‘Pibe’ Valderrama, Avena, Tull, Rada, Segrera, Segovia, Verón, ‘Caimán’ Sánchez, Maya, Valenciano, Pachequito, Teo, Bacca, Viera, y un largo etc., pero el más especial de todos fue Garrincha, aunque solo jugó un solo partido. Y tú sabes de eso más que yo. Pero permíteme retraer a mi mente, antes de que se me olviden... para siempre, esos inolvidables momentos vividos, previos y durante los juegos de amado equipo rojiblanco y azul en el inolvidable Romelio Martínez de la 72 con 46-Olaya Herrera. La fiesta comenzaba a incubar en nuestra mente los martes cuando escuchábamos a ‘El negro’ Perea, a partir de la una de la tarde, en su programa deportivo analizando al equipo que nos visitaría el domingo y la posible alineación que, según él, debería utilizar el equipo ese domingo. Luego continuaba con la asistencia gratis, puertas de estadio abiertas, a las prácticas del equipo. Por esos días, los estudiantes de secundaria nos ‘echábamos la leva’ o, como dicen los cachacos, ‘capábamos clase’, y muchos faltaban al trabajo con tal de no perderse, ¡ni de vainas!, esas prácticas. Las entradas para el partido se podían comprar en El Oasis, Los Almendros y en las oficinas del equipo. La mayoría se compraba el día del juego en las taquillas del estadio, principalmente las de ‘sol’. Las palabras ‘online’, ‘abonos’, ‘sillas numeradas’ no figuraban siquiera en la imaginación de un Nostradamus de la época.

     Llegada la fecha dominguera, dulce y bendecida, el área rectangular comprendida entre las carreras 43 y 51 y las calles 70 y 76 de Barranquilla perdía su calma y tranquilidad normales que mantenía durante los otros días de la semana: Cuadro, ¡jugaba el Junior! La bulla de la romería, rumbo al estadio, de vendedores ambulantes con sus carros de guarapo, limonada, butifarras y múltiples mercancías… de fanáticos uniformados rojiblancos en grupos felices y riendo a carcajadas… los pitos de los buses intermunicipales, me avisaban desde las 9 de la mañana —al pasar por el frente de mi casa, en la calle 68 con carrera 45—, que era ya hora de ponerme la camiseta y arrancar para el estadio si quería comprar la boleta y no perderme el juego desde la tribuna de sol o popular. El Romelio no tenía zonas de parkin como para hacer picnics ni bares como el Hard Rod Stadium pero a sus alrededores estaban Los almendros, La esperanza, El gallo de oro, El mediterráneo, Mi vaquita, El morroco, El merendero. La gente comenzaba a entrar al estadio, entre más temprano mejor, pues guardaba puestos a los familiares y amigos. Desde las 10:00 a.m. hasta las 3:30 de la tarde, hora puntual en que, para entonces, comenzaban los partidos.

     El público se entretenía viendo un preliminar de un equipo de primera categoría y hubo una vez que jugó en uno de ellos la llamada ‘La Pelé’ por su color y su excelencia al jugar y, mejor aun, en un equipo de varones. Hoy sería millonaria como Marta en la selección femenina de Brasil o

Alex Morgan en la de USA. También se entretenía con la música de la Cumbia Soledeña o de Pedro ‘Ramaya’ Beltrán. El himno no lo cantaba Prince pero sí Antonio del Villar o Mario Gareña. Entre los asistentes no estaba Tiger Wood y otras celebridades pero si veías gritando como tú, a periodistas y figuras destacadas a nivel local y nacional, como Juan Gossain, ‘El Cabellón’ Cepeda, la Señorita Colombia, el obeso cura Pérez director espiritual del equipo, increpando y echando madrazos al polémico árbitro anti-juniorista ‘Chato’ Velásquez desde la pista atlética, veías a Elías Chewing con su bandera y cantando el himno de Barranquilla, y otros más gritando y a veces con malas palabras a favor del Junior. Jamás hubo un muerto por enfrentamientos entre los fanáticos ni aun en un clásico con el Unión Magdalena. De pronto una que otras trompaditas y después el abrazo y… “¡Vamos a brindar!... Bebamos juntos!”.

     El Romelio no tenía un foso entre las tribunas y la cancha. Las separaba una simple malla de gallinero. Luego, cuando terminaba el juego, la celebración seguía por toda la calle 72 sin muertos ni heridos. Conjunto vallenato corrido en el Mediterráneo.

     Recordar es vivir. Hoy yo cambiaría, si fuese posible regresar al pasado y volver de nuevo al futuro como en la película, una hora de felicidad viendo jugar a los Dolphins en el Hard Rock Stadium o a los Marlins de la Florida en su Marlin's Stadium por un minuto de un partido del Junior en el Romelio Martínez en los 60's y los 70's, en mi primera juventud. ¡Qué tiempos aquellos, cuando un partido de fútbol y sobre todo de mi amado Junior de Barranquilla, ‘tu papá’, era una auténtica fiesta!

     Posdata: 1. En mi segunda juventud, claro que fui al Metropolitano Roberto Meléndez a su estreno, y a muchos partidos viendo jugar a Junior, a la Selección Colombia, a Argentina y muchos más.

     2. Si algún coleccionista tiene la edición que la Revista Vea Deportes le dedicó completa al Junior en el año 1966, le agradecería le tomará una Foto a la página donde está la del Equipo Juvenil dirigido por El Marciano Miloc y Naum Arroyo, y en la cual aparezco yo, Jaime Romero Escobar, el suscrito como portero. No fui profesional porque había mejores que yo y tenía otras metas en la vida. Griego llegó ser portero del Junior profesional. Si en ese entonces los futbolistas hubiesen ganado como ganan hoy en Europa, tal vez hubiera tomado la cosa en serio. Hoy yo estímulo a mi nieto de cinco años, que juega excelentemente el fútbol. Tú sabes…

     3. Jamás olvidaré los juegos del Junior frente al Santos de Brasil y Benfica de Portugal. El primero fue un 25 de enero de 1967. Fuimos a ver al Santos y su Pelé y terminamos aplaudiendo al Junior. El partido terminó empatado 3-3 y los anotadores por el Junior fueron Othon Dacunha, Antonio Rada y Walberto Maya. Y el 14 de agosto de 1967, el Benfica llegó a Barranquilla para un amistoso. El partido terminó 1-2 a favor de los visitantes. Eusebio ‘La pantera negra’, la estrella del mundial de Inglaterra y considerado el mejor del mundo, se hizo presente en uno de los goles. El arquero de ellos Enriques, bajito, de unos 1.60 de estatura, como todo un contorsionista de circo, tapó lo que no se puede tapar. Fue increíble. El Junior tenía en ‘Toño’ Rada un cañonero increíble, que se complementaba con jugadores como Ayrton, Segrera, Walberto Maya. Todo un equipazo, pero Eusebio y el Benfica eran cosa de otro mundo.

     4. He leído que al Romelio lo están remodelándolo y que van a convertirlo en un parque pulmón de la cuidad. Deberían programar un partido amistoso del actual Junior contra un onceno conformado por las viejas glorias del equipo. Cuántos recuerdos nos traerían a los que tenemos ya la juventud acumulada. Juro que viajaría exclusivamente a Barranquilla a volver pisar aquella grama, ahora renovada; hacer el previo por los alrededores del Romelio… Y ya no me importaría que se me olviden cosas, pero nada del equipo de mi alma: Junior, ¡nuestro papá!

Gracias.

e-mail: eljames51@gmail.com