Antes de que se me olvide...

     Un héroe es una persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes.... Aquella que lleva a cabo una acción heroica.... La que alguien convierte en su objeto de su especial admiración... La que realiza una acción valiente y muy

 bien agradecida.

     También puede ser un personaje destacado en un poema o relato que actúa de una manera valerosa y arriesgada o el protagonista de una obra de ficción. Una persona se convierte en héroe cuando realiza una hazaña extraordinaria y digna de elogio. Las hazañas tradicionales consisten en salvar a la gente de una muerte segura y exterminar monstruos.

     Personas o personajes más conocidos, para mi libre selección personal, y que encajan entre las definiciones anteriores de héroes son, entre otros los siguientes: Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Martín Luther King Jr., William Wallace, Juana de Arco, Madre Teresa de Calcuta, George Washington, Espartaco, El Cid Alejandro Magno, José de San Martin, Simón Bolívar, Bernardo O’Higgins, Antonio Ricaurte, los policías, bomberos y rescatistas del World Trade Center, Antonio José de Sucre, Sócrates,  Lincoln, Aníbal, Winston Churchill, Oscar Schindler, Juan Pablo II, Los

soldados del Dia D, Galileo Galilei, James Bond, Robin Hood, Iron Man. Pero ocurre a veces que una persona anónima puede alcanzar suficiente como para convertirse en un héroe circunstancial para sus conciudadanos.

     Y son precisamente los héroes a quienes yo quiero enfatizar en este escrito. Por eso yo recuerdo que, hace unos cinco días, el jefe de policía Abhishek Patel, de 40 años, cogió una bomba encontrada en el patio de una escuela de Chitora, India, Abhishek Patel: un policía de 40 años que se ha ganado el respeto de la ciudad después de haber salvado la vida de 400 niños que jugaban en el patio de la escuela. Durante su servicio, el policía recibió la llamada de uno de los responsables de la escuela local de Madhya Pradesh, asegurándole que los niños habían encontrado una bomba activa en el patio trasero del colegio. Tras recibir la alerta, Patel y su escuadrón aparecieron en dicha escuela con el objetivo de inspeccionar el explosivo, que medía 30 centímetros y pesaba 10 kilogramos. Su único objetivo —dijo— fue el de llevar la bomba lo más lejos posible. Después de comprobar que no había ninguna brigada antiexplosivos disponible, Patel, sin pensárselo dos veces, recogió la bomba del suelo, se la colocó en la espalda, y empezó a correr. El policía explicó que lo hizo para evitar males mayores puesto que era una zona residencial y un recinto escolar: tenía, un imperativo para él mismo, que llevar la bomba ¡lo más lejos posible! El hombre no paró de correr hasta alejarse a una distancia segura de un kilómetro porque si hubiera explotado, habría causado daños en un radio de 500 metros, explicó. Por lo tanto, el policía actuó para salvar a los niños de la escuela y a todo aquel que se encontrara en un radio de 500 metros.

     Fue un trabajo arriesgado y podría haber perdido la vida, ha confesado el agente, pero “lo hice para salvar las vidas de los cientos de niños que se encontraban en la escuela, que son nuestro futuro”, fue su conclusión.

     El 15 de enero del 2009, Chesley Sullenberger, a quien apodan Sully, tenía 57 años y sigue siendo un héroe para medio mundo y para todo EE UU. Él fue el piloto del Airbus A-320 que ese jueves por la tarde amerizó suavemente

sobre el río Hudson, en Nueva York, después de que una bandada de pájaros impactara contra el aparato, obligándole a tomar tierra —o agua— de inmediato. Los 150 pasajeros y los cinco miembros de la tripulación salvaron la vida. No es frecuente que un piloto pose un avión como el A-320 sobre el agua, aunque sean aguas tranquilas —y gélidas— como las del Hudson.

     El 24 de noviembre de 2015, hasta un conjunto residencial de El Rodadero, en Santa Marta, Colombia, llegaron dos máquinas del cuerpo de bomberos y ocho efectivos de la Policía que se convirtieron en los grandes héroes al salvar la vida a tres turistas, oriundos del Chocó, que estaban atrapados y ya estaban inconscientes por el humo producido por el incendió en un apartamento ocasionado por un corto circuito.

      Al comenzar a anochecer un viernes del año 1980, no preciso la fecha con exactitud —ya tengo la juventud acumulada y tú sabes—, llegué al ‘Centro recreacional Asmedas’ en Santa Marta, Colombia, con el propósito de pasar el fin de semana con mi familia. Al estar caminando por la orilla de la piscina, en cuyos alrededores ya no se encontraba nadie, vi dos manos desesperadas que salían y se hundían de su interior. Entonces, en fracciones de segundos comprendí que alguien se estaba ahogando y, sin pensarlo dos veces, con ropa y todo ¡me lancé a auxiliarla! Yo no sabía nadar y menos en la parte profunda. Afortunadamente mi alta estatura me permitió, entre brinco y brinco, agarrar al niño con mis dos manos, jalarlo y, cargándolo como pude, lo saqué del agua y lo acosté en el suelo. Seguidamente comencé a gritar pidiendo ayuda porque ya estaba semi-inconsciente, morado, y yo no sabía ni me atrevía a reanimarlo ni darle respiración boca a boca. Al fin salieron de la cabaña del frente de la piscina sus familiares y su padre, que era médico, le hizo expulsar el agua tragada y lo llevó de urgencias al hospital más cercano. A las dos horas regresaron y abrazándome, me dieron las gracias de felicitación. Y no solo eso, fui la estrella"’ del fin de semana en el centro vacacional: todo el mundo me señalaba como el héroe que le salvó la vida al hijo del vicepresidente de la asociación de médicos seccional Barranquilla. El domingo, al hacer mi check out y disponerme a pagar la cuenta, la cajera me dijo: “Señor Romero, usted es un héroe, no debe nada. Y es más: tenga este pase de cortesía por una semana con toda su familia en nuestras instalaciones”. En el acto, sorprendido, exclamé: “Señorita, ¿no se habrá equivocado? ¿Yo un héroe? Deje de bromear conmigo”. Y fue entonces cuando lo comprendí todo, y con una lagrima en mis ojos y medio sonriendo, mirando al cielo exclamé musitando: “Se que fuiste tú”.

     A lo mejor, tú que me lees, has sido un héroe anónimo o has conocido muchos en tu vida.

     Pero… ¿qué es lo que alguien tiene que hacer para llegar a ser un héroe?

     Bien. Según los expertos, hay cuatro cosas que caracterizan a un héroe como los presentados arriba. Primero que todo, los héroes ayudan a otros en casos de necesidad. Ayudan a alguien en una situación de peligro o proporcionando un servicio a las personas que viven en su comunidad. Adicionalmente, los héroes eligen ayudar a los demás porque ellos mismos deciden hacerlo y no porque se les pide hacerlo o alguien les dice que lo hagan. Tercero, 

los héroes ayudan a los demás aun arriesgando su propia vida y desconociendo el resultado de su acción. Finalmente, los héroes ayudan a los demás aun cuando no haya recompensa alguna por su acción. Ellos solamente ayudan porque creen y están convencidos de que es la correcta manera de hacer las cosas que hay que hacer. Por último, en mi opinión, y pensando en que la necesidad crea al órgano y el medio nos propicia las oportunidades, ojalá todos trabajemos de voluntarios en servir a la comunidad donde vivimos. A lo mejor el destino nos tiene deparado llegar a ser un héroe y recibir la mejor recompensa: la satisfacción que se siente sirviendo a los demás. ¿Tú qué opinas?

     ¡Gracias!

     Posdata: Este escrito es dedicado a mi nieto Martín con motivo de cumplir sus primeros seis añitos este 6 de septiembre y a quién es al único que trato, a estas alturas del partido, impresionar con los buenos ejemplos. Él cumple todas las reglas para ser un héroe, y por eso es mi HEROE número uno y él no lo sabe. Y cómo no lo va ser, si desde que nació ha salvado mi vida, día a día, inspirándome a ser más feliz y saludable. ¿Y qué recibe como recompensa? ¡Servirle de alcahueta por todas sus travesuras inocentes e infantiles!