Por un ejercicio de Planeación Participativa

Porque está claro que esa polarización a nada bueno nos conduce

     Esta es una buena, interesante y oportuna reflexión que todos debemos hacernos para apostarle, definitivamente, a un nuevo clima de diálogo e intercambio entre los colombianos, en ese anhelo de alcanzar una paz estable, duradera y con verdadera justicia social.

     Son las ansias de casi 50 millones de habitantes, cuya gran mayoría está cansada de la violencia y la polarización, en un país que, en primer lugar, no tiene norte, ni rumbo… No tiene un Plan Estratégico de Desarrollo, solo nos movemos con planes cortoplacistas de cuatro años en el Plan Nacional de Desarrollo de los gobernantes de turno que, como no ha sido planificado, tampoco cuenta con dos políticas públicas claves como son la cultura de la prevención y el manejo de un estilo de vida saludable.

     Pero nos llama la atención que, por otro lado, en los últimos cinco años, venimos siendo ‘el país más feliz del mundo’, mientras el más reciente informe de la Organización Mundial de la

Salud, OMS, nos muestra cómo somos los más deprimidos en el planeta, con lo cual podemos señalar la bipolaridad en la que se mueve Colombia, entre la alegría y la depresión. Y que esa ha sido la consecuencia de que, en sus últimos 20 años, la política y la lucha por el poder han girado en torno al tema de la guerra y la paz.

     Con esta pequeña y modesta introducción ya podemos preguntar ¿será que no ha sido suficiente el tiempo en que los colombianos nos hemos dedicado a flagelarnos con el tema de la guerra y la paz? ¿Será que la agenda del 2018 la define, otra vez, esta misma polarización? ¿Estamos cansados de la guerra o hay sectores a los que les sigue gustando? ¿Cómo podemos soportar —y otros defender y repetir—, que se diga con semejante desfachatez, irrespetando a la Organización de las Naciones Unidas, que la entrega de las 7.132 armas fue una farsa? ¡Por Dios! Si no respetamos y reconocemos a la ONU, ¿a quién podremos respetar y reconocer? Estamos ante el apaga y vámonos en este hermoso y querido país del sagrado corazón de Jesús, donde ocurren cosas fantásticas, únicas y tragicómicas, donde la sal ya se está corrompiendo con el espectáculo que nos muestra el Fiscal anticorrupción al presentarse como un vulgar hampón y el alcalde de Pivijay con su violación a una menor de 15 años… Los que deben dar ejemplos, nos están invitando a los hábitos anti éticos, malsanos, putrefactos y ‘excrementales’, como el Congreso dijera un viejo zorro de la política en el Atlántico.

     El anterior fin de semana en Santa Marta hubo dos eventos importantes: el primero fue una tertulia en el diario El Informador, donde el doctor Carlos Escobar presentó la interesante iniciativa de conformar la Macro Región Caribe, integrada por Santa Marta, Barranquilla y Cartagena, y el otro fue un conversatorio en la Sociedad Bolivariana del Magdalena, en el cual el doctor Frank Pearl provocó a los asistentes a que participaran presentando sus iniciativas y propuestas sobre la agenda que consideramos se debe manejar en el postconflicto, además de llamar a los asistentes a que se atrevieran a ejercer el nuevo liderazgo que requiere el país libre y exento de la politiquería y la corrupción. Temas que nos produjeron una gran esperanza, alegría, dinamismo y nos permitió expresar nuestros pensamientos de cómo vemos el país hoy y sus posibles agendas.

     En esta dirección yo señalé —lo repito— que el nuevo país, el del postconflicto, requiere una nueva agenda que no es otra que la de realizar un ejercicio de Planeación Participativa, con todas las fuerzas vivas del país, para dotar a Colombia de un Plan Estratégico de Desarrollo hacia el año 2050 que defina cuál es el país que queremos, cuáles son las áreas de desarrollo a la que les vamos a apostar, que determine cinco Mega-regiones

la ciudad más organizada y más pujante de Colombia, con el avispamiento de que puso a todos los colombianos a que le pagáramos el Metro, único hasta hoy en Colombia y que le muestran al mundo con mucho

lideradas por Bogotá y su área de influencia, al igual que por Medellín, por Cali, por Bucaramanga y por Barranquilla y sus respectivas áreas de influencia, para que así, entre todos, definamos cuáles son los proyectos o megaproyectos que necesitan esas Mega-regiones y todo el país, a fin de alcanzar un desarrollo armónico, con equidad, ambientalmente sostenible, donde se privilegie y se implemente la Cultura de la Prevención y el Manejo de un Estilo de Vida Saludable, como dos estratégicas y claves políticas públicas para el desarrollo y el bienestar de nuestros habitantes.

     ¿Qué no se puede? ¡Claro que se puede! Para ello se necesita de un fuerte y nuevo liderazgo colectivo, porque el liderazgo individual ha fracasado. Ahí están para la muestra en Colombia dos ejemplos que nos muestran que los ejercicios de Planeación Participativa dan resultados: por un lado está Medellín que, como conclusión de ese ejercicio, dotó a los paisas de 40 megaproyectos que han venido realizando para convertir a Medellín en orgullo, y el otro caso

es el de Santa Marta, donde también se realizó un ejercicio de Planeación Participativa, en el cual participamos cerca de 20 mil samarios y dotó a la ciudad del Plan Santa Marta 500 años, con 25 megaproyectos que la ciudad viene realizando para celebrar, en el año 2025, sus primeros 500 años, la ciudad más antigua de Colombia, cuna de la cultura, la historia y el deporte. Invitaremos al mundo entero a celebrar dicha fiesta.

     Considero que esta debe ser la agenda a la cual debemos apostarle los colombianos en esta Colombia nueva del postconflicto. Que los nuevos aires de la reconciliación y la paz nos hagan olvidar de la guerra. Que estamos obligados, por la salud de nuestros habitantes, a cancelar por fin esa polarización que a nada nos conduce. Que dejemos los odios, la violencia verbal y física y que la dejación de las armas nos conduzca de verdad al tránsito

hacia esa paz estable y duradera que tirios y troyanos decimos defender y querer. Y que, por fin, por el desarrollo del país y por nuestras futuras generaciones, hagamos realidad aquella famosa frase de Nelson Mandela, Premio Nóbel de 1964: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, hemos aprendido a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”…

     ¡Ojalá que así sea!