Eran poli-sombras, tablas, zinc, esas eran y siguen siendo ‘casas de habitación’… Era miseria absoluta en las caras de los niños, de las mujeres, de la gente… Era reticencia al cambio, gente que, deseperanzada, no querían alcantarillado porque ya estaban acostumbrados a respirar un ambiente de fetidez en sus casuchas sin ni siquiera letrinas —cualquier citadino solo se arriesga a entrar luego de embadurnarse la nariz con ACPM—; era todo eso hasta antes de que el periodista Guillermo Romero Salamanca comenzara a acercar la esperanza por esas casas de tabla, zinc y poli-sombra en una misión que, desde hace cuatro años, se ha desarrollado por 15 municipios de Cundinamarca y 20 barrios de Ciudad Bolívar en el Distrito Capital. Y eran también politiqueros en campaña que le mandaban lechona a Romero Salamanca y le mandaban razones… que “venga, que queremos trabajar con usted, que venga, que si no sé qué, que lo uno, que lo otro”. Romero Salamanca, ha mandado a freir micos a los politiqueros —“yo a esa vaina sí le huyo”, dice— y desarrolla, con respaldo de algunas empresas, el programa ‘Ladrillo verde’-mejoramiento de viviendas. Una dramática historia que José Orellano contará a partir de la próxima actualización de El Muelle Caribe.

El colega Wilmar Jaramillo Velásquez, del periódico El Pregonero de El Darién, visitó la Zona Veredal de Normalización Transitoria (ZVNT), Jacobo Arango de las Farc-vereda Llano Grande-municipio de Dabeiba-Antioquia, y nos facilita, por intermedio del también periodista Hernan Durango, un informe, sucinto pero completo, de la situación hacia la paz sostenible y duradera que se vive en ese lugar, donde crece la vida, ejemplo: el bebé que es paseado por su padre, un excombatiente. Una frase de la exguerrillera Erika Montero origina el título de la nota.