“Quien posea un precipicio por espíritu está

inhabilitado para amar, o ser amado, porque

nunca habrá suficiente materia afectiva que

llene su vacío insaciable”: Luis Mizar Maestre

     Me encuentro ante un poeta pensativo —diría pensador—, un poeta de verdad.

     Parece como dormido, pero no: no lo está... ¡Solo piensa con los ojos cerrados! Y los olores penetrantes a yodoformo, a soluciones antisépticas y desinfectantes: esos inequívocos olores a clínica que hacen, sin embargo, más poético este momento del poeta.

     El poeta piensa...

LA SOLIDEZ DE UNA AMISTAD

     Como dormido, está pensando... Y, de pronto, esa frase suya —en directo, en una lectura, muchas veces repetida por La maga— que retumba en mis oídos: “Una relación amistosa es sólida cuando resiste los estados catalépticos e incomunicativos impuestos por las distancias y el tiempo”.

     Pensamiento del poeta, pensamiento eternizado como una de las tantas reflexiones suyas, algunas de las cuales atesoradas para la humanidad lectora en el capítulo ‘Divagaciones del ornitorrinco ocioso’ del libro ‘Bitácora del atisbador’. Pensamiento contundente, aunque DRAE trate de persuadirnos para que nos convenzamos, frente a la bitácora, de que divagar es “vagar” o “separarse del asunto de que se trata” o “hablar o escribir sin concierto ni propósito fijo y determinado”.

     El poeta-poeta, libertario, librepensador, es Luis Enrique Mizar Maestre, de Valledupar, Cesar —“prodigioso mago

del verbo y la risa intelectual”, como había de presentarlo el licenciado en idiomas, magíster en literatura hispanoamericana, estudiante de doctorado en literatura y profesor investigador de la Universidad Popular del Cesar, Oscar Ariza Daza—, mientras que ‘Bitácora del atisbador’ es una de las seis obras que, a manera de salmos, partituras, letanías, poemas, briznas, reflexiones y hasta epitafios, ¡qué se yo!, el vate ha publicado y de entre los cuales surge, puntual, ‘Salmo del toro barcino’, del libro ‘Tardes tristes con testigos’, que, mucho tiempo después, había de acercarnos al momento que el poeta ha vivido en la clínica Jorge Piñeros Corpas de Bogotá:

     “Señor, estoy pasando por momentos difíciles… y en estos días de ventanas cerradas y heridas abiertas, me busco en el barro pegajoso de la calle Piñango y no me encuentro. Me indago en el viento triste que noche a noche invade el callejón de los estribos y la respuesta es dura como un inesperado golpe de piedra: ¡Ten valor y no

Oscar Ariza Daza

huyas de ti mismo! Conmovido, escucho el rumor del mar y el rumor del mar me

exclama: ¡Si hoy tienes valor, mañana no estarás muerto!... Señor, en estos instantes apretados de sal dame valentía, dame serenidad para lidiar el toro barcino de cornamenta brava que será el día de mañana”.

     Diabetes y heridas en sus pies, aguijonazos del destino en sus pies que se le convirtieron en graves heridas... Graves heridas físicas —muerte de tejidos por falta de riego sanguíneo e infección—, sí, pero insignificantes para darle estocada mortal a su espíritu batallador, para afectarle su corazón de poeta, para alterarle su condición de maestro de la palabra... Insignificantes, ¡sí!, si pretende dañarle su vocación de librepensador...

     La primera vez que lo visité —rápidamente digerí el impacto emocional— lo vi allí, sentado en silla de ruedas, manos entrelazadas, ojos cerrados, cabeza como desgonzada hacia su pecho-como poéticamente dormido, cubierto de cuello a rodillas con una ruana de fino acabado y me lo imaginé paseando pensamiento puro por su fuero interno, buscando palabras poéticas precisas para usarlas a fin de lograr torcerle el pescuezo a ese feo fantasma que perturbaba su momento...

     ¡No era un animal vencido! Tres días le habían dado los médicos para que diera respuesta a la recomendación

científica que habría de permitirle seguir abrasándose con la vida para que siguiera dando rienda suelta al pensamiento, su pensamiento, transformado en palabras: orales, escritas, figuradas, seleccionadas, comunes y en fin...

     Cuando he vuelto, asumo la sensación de que, desde los interiores del vate, explota la ironía para subrayar, una vez más, actos absurdos y pueriles de algunos y algunas… Y casi de manera paralela, fluye la lucidez afectiva para precisar nombres de “las mejores amistades de Mizar” —puño y letra de su hermana Amelia, su ángel guardián ante el toro barcino; puño y letra de ella mientras el poeta hila quereres y los canturrea: Alba Quintero... ‘El mono’

Quintero... José Atuesta... Ledys Jiménez... José Orellano... René Arrieta... Argemiro Menco... María Cristina ‘Tina’ Cotes... Hernando Socarrás...

     Después, Luis Enrique Mizar Maestre vuelve y se arrellana en sí mismo, abstraído, sustraído de ese pequeño mundo real que nos rodea, mismo que forja su crucial momento: cuarto 421, camas y camillas rodantes, órdenes de silencio, enfermeras en frenético carrusel de asistencia a pacientes de todos los pelambres, médicos generales y especialistas que entran y salen, sábanas blancas, batas verdes, tubos clínicos, bolsas de suero, tanques de oxígeno, respiradores artificiales y, por encima de todo eso, la reiteración del término amistad...

“NO HAY NADA QUÉ HACER”

     En esta otra visita, el tiempo transcurre lento… Amelia, la hermana del poeta, y yo, nos miramos profundamente a los ojos, hasta cuando los míos hablan, preguntan, y ella me responde, quedo, en contundente susurro: “¡No hay nada qué hacer!”.

     Es una trompada directa a los sentimientos —que en algún momento habían de ser sentimientos encontrados—, mientras Luis Enrique Mizar Maestre sigue entrando en Luis Enrique Mizar Maestre.

     Me sentí impotente y obligado a batallar contra impulsivos e impacientes arroyitos lacrimosos interiores que pugnaban por desbordar

mis cuencas, fuentes inagotables de lágrimas para llorar cuando hay 

El escritor y poeta valduparense José Atuesta Mindiola, director de la Casa de la Cultura de Valledupar, durante su intervención en el homenaje que se le tributó a Luis Mizar en la biblioteca del colegio Pedro Castro Monsalvo.

que llorar. Y en este momento siento la necesidad de hacerlo. Y lo hago alma adentro. Siento que los ojos me brillan, veo borroso, mientras ha de formárseme un asfixiante nudo en la garganta. Verlo allí y así… ¡Por Dios!  ¡Pero Mizaaar —así le decimos sus amigos-amigos-amigas— no es un animal vencido!, lo reitero. ¡No puede serlo!

     Me lo imagino auscultando cada uno de los recovecos de su cerebro, de los laberintos de su corazón, de los encajes de su alma, del engranaje de su organismo todo, sus manos, sus dos piernas, sus ojos que han venido perdiendo vitalidad, para decidirse ante la recomendación científica que da cruel sentido a ese “¡No hay nada qué hacer!” que me dijo Amelia.

     Sigue entrado en sí mismo Mizaaar, hasta cuando Amelia —su ángel guardián de estos momentos, consciente ella de que se hace necesario romperle, por algunos instantes, la abstracción— me da la cuasi orden: “¡Háblale! Necesita con quién hablar, pero ¡no le toques el tema!”...

     Sí, que sea él mismo quien se refiera a ese “¡No hay nada qué hacer!”.

UNA FACULTAD PARA PENSAR

     Una visita más y la amputación de sus dos piernas, más algunas afectaciones en sus órganos vitales, parecen no hacer mella en su ánimo. Él sigue pensando.

     “Las universidades deberían de tener una facultad para pensar”, le dijo alguna vez a La maga, su maga, y no hay duda de que su figuración se encuentra en este instante en el instante cumbre de su aplicación, allí en la clínica Jorge Piñeros Corpas de Bogotá: un edificio que, visto desde afuera, parece un gigantesco buque color leche encallado en la autopista norte del Distrito Capital y ahora se transforma, salones adentro, en una ‘universidad pasajera’, facultad para pensar, exclusiva para Mizaaar. Para que navegue libremente por el mar de la ‘pensadera’.

Y VAMOS CON LA INTERVIÚ

     Por fin me he decido: le tomo la mano derecha. Y sustraigo al poeta vallenato de su ensimismamiento. Percibo que la transición hacia la realidad exterior del instante lo golpea como una ráfaga de viento imaginado recreado por él, pero al mismo tiempo me doy cuenta de que gana la seducción de la amistad sin miramientos y empieza el diálogo... Y trato de inducirlo hacia lo suyo, lo que él domina, lo que lo hace distinto entre sus congéneres: su sino...

     Lo primero que tocamos —y no hay estricto apego a los tiempos de la interviú: pudo haberse dado en varias sesiones—, lo primero que tocamos, decía, es el tema de las nuevas generaciones vallenatas frente a la poesía... Y

A una apreciable distancia, la clínica Jorge Piñeros Corpas parece un gigantesco buque color leche encallado en la autopista norte de Bogotá, donde las ansias de pensar del poeta se apagaron.

 exalta la calidad del joven Elkin Pinto, residente en Francia tras haberse casado con una francesa que fue parte de la misión Alianza Francesa en Colombia y que fue trasladada a México y luego a su propio país... Para que conozcan la excelente poesía de Elkin Pinto, le falta promoción, le falta un acto mediático...

     Estando en esas, Mizaaar recuerda a Diomedes Daza, su lucha de macho

contra la estigmatización a los poetas al considerárseles maricas, su gran aporte a la poesía truncado por balas asesinas y un émulo al suicidio poético, muy literario... Y ya no hay forma de parar por ahora... Ha comenzado un diálogo sin prevenciones, sincero, sin prosopopeyas ni artificios. Habrá de tener duración de una hora y había de inducirse por infinidad de temas atinentes al entorno intelectual de Luis Enrique Mizar Maestre, su sino...

     “Entre otras cosas Diomedes Daza se escribía con el escritor peruano Mario Vargas Llosa”, dice el poeta. “Eran cartas en las cuales el gran poeta Diomedes Daza le comentaba ciertos desaciertos que encontraba en sus libros, los libros de Vargas Llosa. Diomedes, además, tenía una abierta idolatría por Ernesto Hemingway. De tal manera que en una de las paredes de la casa de Diomedes en el barrio Los cerritos de Valledupar, en una de las paredes de su cuarto, él tenía una fotografía de Hemingway con uno de esos fusiles legendarios que el escritor usaba para la cacería y con el cual posó para suicidarse. Con Diomedes siempre hablábamos de ese acto. Y Diomedes decía «ese que tuvo el valor de cazarse a sí mismo», que de todos es conocida la fama de cazador de tigres y leones de Hemingway. Y apuntando hacia el retrato decía: «Ahí está el que se cazó a sí mismo». Pertenecía esa foto a una colección comprada por Diomedes en Cuba. Yo veía ahí, incluso después de la muerte de Diomedes, algo premonitorio con relación a la fotografía. A Diomedes le hicieron un atentado y lo dejaron bastante mal herido y en la clínica lo conectaron, lo intubaron y le hablaron de posibilidades de invalidez. Entonces, cuando se descuidaron los que lo atendían, resolvió el asunto a lo Hemingway, lo emuló: se desconectó. Lo encontraron muerto. Parece que lo de Hemingway también había sido eso. Le habían hablado de un cáncer que le impedía hacer muchas de las actividades que él hacía”.

DE HEMINGWAY Y SARITA MONTIEL

     Comento que un ilustre personaje barranquillero muy vinculado con el Grupo Barranquilla desmitificaba la hombría de Hemingway mostrando con los dedos pulgar e índice la verdadera razón del suicidio —la uña del dedo gordo a la altura de la primera falange del señalador—. Repito la acción, también medio novelera y me río...

     —Que la tenía cortica —digo.

     “Siiiií... De él algunos biógrafos dicen que se labró una fama de mujeriego y de gran amante, pero quienes estuvieron más cerca decían que él buscaba la

la manera de que el mundo recibiera esa imagen de él, de macho cabrío, pero que él en el fondo no era así, no eran tan macho cabrío. Incluso, algunos testimonios al respecto salen de debajo de las sábanas: Sarita Montiel, en un libro en el cual se publican fotos bellísimas de ella mostrando su lencería, razón por la cual lo compré...”

     —Sarita Montiel... la mexicana —interrumpo al poeta con ese lapsus garrafal... Me doy cuenta de la embarrada al recordar que Sarita Montiel, paradigma indiscutible de mi adicción por el cigarrillo: ‘Fumando espero...’; la del labio inferior voluptuoso por naturaleza, la protagonista de ‘El último cuplé’, no era mexicana sino española... Masticando mi vergüenza y con una impotencia supina, no rectifico... Mizaaar tampoco corrige y así, creo, me demuestra la grandeza de su humildad... O, de pronto, una silente irreverencia suya... Y él sigue de corrido, como si nada, hablando sobre el libro del mito ibérico del cine, de esa diva que realmente se llamaba María Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora Abad Fernández y que murió a los 85 años, en marzo de 2013...

     “Lo tengo en mi casa de Valledupar, bastante deshojado, pero allí Sarita, que fue amante del poeta español León Felipe, habla de los numerosos amantes que tuvo y presenta a este como un excelente amante: polvos inolvidables, aunque ya era un viejito cuando ella lo trató; y habla de Hemingway como un tipo que no era tan resistente como ella se lo había imaginado, como se lo habían ‘vendido’, y parece que era más bien eyaculador precoz: la dejaba alegre y caliente. Henry Miller dice que el hombre después de hacer el amor es un hombre triste. Y tal parece que Hemingway entraba en esas tristezas milerianas tempranas, mientras ella seguía anhelante de buen sexo”.

VALLEDUPAR, MÁS ALLÁ DE LO MUSICAL

     —Valledupar se apresta —había de ser en el septiembre entrante— a celebrar una Cumbre Mundial de Periodista. ¿Qué sería lo bueno que debiera salir de allí?

     “La ocasión vale para decir que hace falta infraestructura, que hace falta un buen centro de convenciones con todas las de la ley para recibir esas delegaciones extranjeras numerosas. Valledupar adolece de esa carencia desde hace muchos años. Y en una cumbre de periodistas debería aprovecharse para tratar el tema de la cultura vallenata en todas sus facetas, no solamente en el campo musical sino, por ejemplo, en la gastronomía de esa región, que es abundante y variada. Debería también enfocarse hacia el dominio que han adquirido los jóvenes vallenatos sobre tecnología. Yo conocí a dos jovencitos salidos de la Universidad Popular del Cesar que entraban en contacto con los hacker famosos, el ecuatoriano Bajaña y Sepúlveda, y había uno que decía que ‘este Sepúlveda sabe tanto como yo’”...

     —¿O yo sé más que Sepúlveda?...

     “Algo así. Es un tipo versado en eso de tal manera que, una vez que, por casualidad, hizo una visita al Gaula, supieron de sus cualidades y lo llevaron a que les accionara un aparato tecnológico moderno de esos que ellos tenían ahí y que ninguno de los del Gaula había dado para activarlo. Él lo hizo. Y hasta le ofrecieron trabajo y un excelente sueldo, que lo de él iba a ser, nomás, chuzar, chuzar y chuzar, porque se dieron cuenta de que era un berraco chuzador...”

     —Berraco con be larga —le digo.

     “... Sí: le ofrecieron todo ese asunto al tipo, pero él más bien se llenó de temor, y la mamá y la familia también. Y allí en Valledupar, la situación misma del entorno que se da porque ellos mismos delatan, el “fuiste tú”. No hay confidencialidad. Por ahí está mi amigo arreglando papeles para irse a los Estados Unidos con todo lo que sabe de tecnología”.

PSALMOS, LA MAGA, BITÁCORA

     —Mizaar: ‘Psalmos apócrifos’, ‘Tardes tristes con testigo’, ‘Expresiones o motivos para el descalabro’, ‘Partituras en sepia para La maga’, ‘Bitácora del atisbador’, ‘Letanías del convaleciente’ y ‘Briznas de la nada umbría’... De todo esto, desde la perspectiva misma del autor, ¿qué es lo mejor?

     “Como han sido distintas las circunstancias en que se han escrito estos libros... Por ejemplo: aquellos instantes en que se escribió ‘Psalmos apócrifos’ yo los amo mucho porque —¡José Orellano!—, eran los tiempos esos recién salidos de eso que se llama la adolescencia: yo los escribí cuando tenía 22 años y todavía en el país había vestigios de hippies, de rockeritos...

Cinco de los seis libros del poeta. Han de venir otros: hay mucho material inédito, en especial una cierta cantidad de epitafios.

Todavía se hacían tertulias...”

     —Y  hasta  el  nadaísmo...

‘nadando’ por ahí...

     “Tertulias en los colegios de bachillerato, había por ahí los espectáculos que daba el nadaísmo... En las tertulias se experimentaba con la marihuana... Apenas estaba entrando la cocaína en moda... Y uno experimentaba eso en grupo, de manera social... Se consideraba como traicionero del grupo el que iba y compraba una vaina pa’mamasela él solo...”

     —‘El toque social’ —digo—. Lindo título para aquellos ‘compartires’...

     “‘El toque social’, sí, un poquito por aquí, otro por allá. Uno solo no se atrevía, en grupo sí, se sentía como libre uno pa’patiná humo, como digo yo; pa’uno empujá nubes por la nariz. Así, entonces, uno declamaba, leía uno párrafos de poesía, leía uno a Walt Whitman, a los mismos nadaistas...”

     —Arango (Gonzalo) y compañía...

     “Arango y compañía... Entonces ese libro surgió en esos momentos en que, pasadas esas etapas, había muchos vestigios de irreverencia. Incluso, en la esencia de la poesía mía esa es una constante: la irreverencia... Después vendría un libro que yo quiero mucho y es el dedicado a la amiga mía: ‘Partituras en sepia para La maga’, en el cual yo, mediante unos juegos estilo Julio Cortázar, hago una especie de homenaje a mi amiga La maga”.

     —Pero salido de Rayuela, maga que no es la de Cortazar...

     “Sí, sí, sí: lo mío es otro asunto: yo describo situaciones que solo a esa maga pueden haberle ocurrido. Y aclaro: a La maga mía, no a la de Cortázar. En la de Cortázar funciona la imaginación del escritor, él forma el personaje... En la mía, el personaje está formado: yo me lo encuentro, lo miro de lejos, veo una acción y me digo: ‘Aquí está el poema’.

Veía la situación en la que caía el personaje, a veces a la distancia, y me repetía: ‘Aquí está el poema’”...

     —Como cuántos años en esas...

     “Como cuatro años”.

     —Van dos libros... ¿Y el resto de la obra?

     “Hay otro libro que se llama ‘Bitácora del atisbador’. Lo abordo siendo ya consciente de que un poeta no es más que una especie de testigo, que abre una ventanita, se asoma, mira lo que está aconteciendo en la calle: recibe el soplo del viento ahí a través de la ventanita, recibe los pocos rayos del sol que puede permitirle la ventanita, recibe el contoneo de una mujer nalgona que pasa por la acera y...”

     —¡Atisba! —grito.

     “Atisba”, reafirma Mizaaar. “Atisba las lágrimas de un niño, la risa de un niño... Un niño en corcoveo tratando de atrapar una bola, lanzándose a la manera de Higuita... Todas esas imágenes... Y yo que ya tengo claro que lo que hace el escribano es anotarlas y transmitirlas...”

UN PSALMO AL CELULAR Y ALGO MÁS

     —Y vamos con el celular... Tú se lo dijiste en marzo pasado a Melisa Carpentier... Pero yo quiero escuchar ahora tu idea de incorporar ese aparato en un psalmo...

     “Se trata de poetizar el reclamo a Dios, en un momento dado, por esa

ausencia o carencia de minutos y el celular en la mano con deseos, uno, de decirle cosas a la novia, o al novio, al tinieblo, qué se yo, y se encuentra uno sin tal posibilidad por quedarse sin minutos...”.

Mizar 1961, el Mizar de ‘Bitácora del atisbador’.

     —No es un secreto que la admiración por Mizaaar en Valledupar es inmensa, incluso allá en las Sabanas de Bolívar se le aprecia mucho al hombre. Pregunto: ¿Así como existe admiración por Mizaaar existe admiración por la poesía, como un todo? ¿Hay interés por ella de verdad-verdad?

     “Yo creo que sí hay un sector del público, incluso de forma tradicional, en Atlántico, en Bolívar, en Magdalena, en el Cesar, un sector minoritario que siempre ha admirado a Luis Carlos López, ‘El tuerto’, en Cartagena; a Rasch Isla de Barranquilla, a Donaldo Bossa, a Héctor Rojas Erazo, a Amira De la Rosa, a Meira Del Mar: ese sector siempre ha encontrado esos laud, y se puede metaforizar —recuerdo que Meira tiene un libro que tiene algo que ver con el laud, ese instrumento que usan los hebreos para acompañar sus cantos a Dios—; siempre ha habido, incluso en Riohacha con todo lo áspera que es, inquietudes, una minoría que lee poemas y los escucha y los comprende. Y es que, desde todas las épocas, en todos los países, la poesía ha sido de minorías, ¡siempre! En unas estadísticas que estuve viendo alguna vez, quizás el cinco por ciento de los argentinos había leído una que otra página de Jorge Luis Borges, porque era para las minorías y... a los que les daba flojera pensar se excusaban diciendo que «este es un escritor para escritores, él escribe es para que lo lean los otros escritores... Como yo no soy escritor no lo leo»”...

COMETER ACCIONES POÉTICAS

     —Para el poeta Mizar, ¿qué es la poesía en su plena esencia?

     “Además de un estado emocional, la poesía es un estado de reflexión y un estado filosófico, en los que puede caer cualquier individuo en un momento dado, con unas condiciones favorables...”

     —Inclusive sin que sea un poeta...

     “Sí, sin que sea poeta… En unas condiciones favorables o desfavorables, en unos instantes tú, sin estar cultivando los versos, puedes caer y encontrarte cometiendo acciones poéticas”.

     —Por ejemplo...

     “Tú te puedes conmover con que alguien le haya pegado a un caballo y salir tú a proteger o consolar ese caballo. Que es un momento de locura, puede que lo sea, pero es un momento poético. Te puedes encontrar con que un olor a heliotropo o un olor a ese jazmín que se siente solo en las noches...”.

     —En especial en el sur de La Guajira.

     “En ciertas poblaciones... Sientes tú ese olor y sientes que te invade y sientes que te dan ganas de hablar con ese olor y hacerle alguna confesión. Y podrás recordar y evocar y pensar ‘si aquí estuviera aquella morena que conocí aquella tarde allá en el Paseo Bolívar. Este olor se lo dedicaría a ella todo, la colmaría con ese olor’. En ese instante estás viviendo un instante poético: la naturaleza te ha llevado a ese momento poético”.

     —¿Lo sensiblero es poético en algún momento?

     “Sí, puede ser... Sí... ¡Puede ser! Decía el poeta Fernando Pessoa que toda carta de amor es ridícula, que ciertas manifestaciones amorosas pueden ser ridículas. Hay que ver los estados de ridiculez en que caía El Quijote de La Mancha cuando le manifestaba su amor a Dulcinea del Toboso”.

     —El mismo Romeo ante Julieta...

     “Sí, el mismo Romeo. Otelo, que llega hasta la desfachatez de ahorcar a su amada por celos”.

     —Y es un acto poético.

     “Es un acto poético”

     —Hermosamente magnificado por Shakespeare, ¿cierto?

     “Así es”.

LO QUE PIENSA MIZAR DE MIZAR

     —En todo este entorno, a estas alturas de todo lo que hemos hablado, todo lo que ha transcurrido de su vida,

¿qué piensa Luis Enrique Mizar Maestre de Mizaaar?... El Mizaaar de La maga, el Mizaaar de Ledys, el Mizaaar de Ineris, el Mizaaar de Orellano, el Mizaaar de La colibrí...

     “Mira: en estos momentos yo me siento en plena madurez. Y hace poco le estaba contando a Amelia que los científicos me han invitado a que yo tome una decisión con respecto a los padecimientos, estos que tengo... Ellos me dijeron “piénselo bien y nos comunica, dentro de dos o tres días”. Yo incluso le dije a mi hermana: «Ya tengo la decisión». Y le dije también: “Mañana voy a procurar no comunicarme con nadie», porque yo quiero tener la consciencia de que lo que vaya a ser va a estar en mí mismo... El ánimo debo dármelo yo mismo. Yo mismo debo tener el ánimo para decir «¡voy con esto!». Porque, le digo, no quiero cadenas de oración, no quiero influencias externas. Yo quiero tomar una decisión plena y por eso debo estar incomunicado...”.

     —Entonces, como amigo de tus últimos afectos, me siento intruso...

     “Ya tengo la decisión, ya la tengo... No se echa para atrás, ya la tengo. Incluso al médico le dije: «Como yo he pasado por la academia, soy producto de una universidad, seguro que la decisión que voy a tomar es siguiendo el criterio científico». Y es que así debe ser, porque ha sido así, hasta ahora”.

     —De emociones no puede ser...

     “No, de emociones no... Entonces, me encuentro siendo un individuo con mucha madurez que piensa, piensa y piensa tres veces antes de actuar una vez. Incluso, Amelia, la hermana mía, a la gente que desde Valledupar le pregunta «¿Ajá y que está haciendo el poeta?», les dice, así me dice ella, que «pensando... Siempre está pensando». Incluso una vez le decía a La maga que a mí me hubiera gustado que hubiera habido una facultad de pensar en las universidades. Que el pensar fuera una profesión, que a uno lo dejaran solo en eso: en pensar. Que a uno lo dotaran de un espacio para que se dedicara exclusivamente a pensar”.

MIZAR Y EL MUNDO GLOBALIZADO

      —Y utilizando el verbo, ¿qué piensa Mizaaar de este mundo globalizado? ¿Cómo se ve ese mundo desde el pensamiento de Mizaaar?

     “Este mundo globalizado, a los que más nos ha jodido es a los poetas. Como que nos ha matado ciertas emociones que sentíamos ante ciertos misterios que se daban, nos ha quitado el asombro ante ciertas informaciones. La comunicación corre rápido sin ser digerida”.

     —Es decir: ya no hay espacio para la capacidad de asombro...

     “Exacto. Se ha perdido bastante. Y es que en tanto tráfico de información y en esas pequeñas notas cotidianas o de costumbres que tú llegas y las das a conocer a través de un correo electrónico, de un Facebook o de una WhatsApp, esa serie de notas cotidianas, noticas de cuadros de costumbre, eso a veces evita que te informes de cosas más importantes”.

     —En ese contexto, en dos palabras, si fuera posible, ¿cómo se califican las redes sociales y las relaciones personales?

     “Creo que todavía las redes sociales no han alcanzado la madurez para que en el contacto con ellas uno logre tener auténticos amigos, uno logre tener auténticos informantes. Aún se mama mucho gallo por ellas, hay mucha gente que todavía no lo ha asumido con la seriedad que se requiere...”

     —Entonces, ¿estamos expuestos a qué?

     “A la estafa, a la expoliación, a la falsía. Hay mucha exposición todavía: a las ofensas sin sentido, a la ordinariez, a la grosería. Hay mucha gente que no tiene personalidad y se esconde allí en un seudónimo para desvirtuar y desopinar de los otros”.

LO QUE MIZAR PIDE A DIOS

     —El primer día que visité a Mizaaar aquí en la clínica me referí, al despedirme, a Dios… Decía que Él decidiría a favor de Mizaaar. Pues bien. Ahora le pregunto Mizaaar: ¿Cómo definiría Mizaaar a Dios y cómo ve a Dios en el ámbito tecnológico?

     “Dios es una entidad necesaria. Los pueblos necesitan a Dios, bajo los distintos nombres en que se le conoce. Y los humanos siempre tenemos en qué aferrarnos espiritualmente. Incluso en los momentos más gloriosos de la tecnología, no podemos olvidarnos de que somos espirituales. Y de que somos frágiles y que a veces invocamos esos dos vocablos: ¡Dios mío! Y nos inyectamos equilibrio. ¡Dios mío, ayúdame! ¡Dios mío, te dedico esto! ¡Dios mío, que a mi amigo le vaya bien!”

     —Así sea el peor pecador el que haga esa invocación...

     “Claro... Yo acostumbro más que a pedir por mí, pedir siempre por mis amigos, por mis amigas...”.

LA PRACTCA DE LA AMISTAD

     —Me toca echar reversa en el tiempo, regresar con los recuerdos a Valledupar y precisar el desarrollo de aquellas sesiones en torno a ese afecto desinteresado con esas otras amigas del poeta, de pronto sus otras magas, como Ledys (Jiménez) e Ineris (Cuello). Digo: Y ahí viene otra pregunta, Mizaaar: ¿Cuál es el verdadero sentido de la amistad?

     “La amistad es algo necesario y que se da en forma excepcional. Incluso, no todos estamos preparados para recibir o prodigar amistad, porque a veces nos hemos formado desde una educación egoísta. Y cuando uno es egoísta es imposible que pueda prodigar amistad. En la amistad uno tiene que aprender a que debe dar sin esperar ser recompensado. Por eso muy pocos practican la amistad”.

     —En estos casos prima el interés...

     “Claro... Claro”.

DE CORRONCHO, YUCA Y PAPA

     —Mizaaar: ¿Cómo definir al ser vallenato, más allá de la caja, más allá de la guacharaca, más allá del acordeón, más allá de juglarismo?

     “El vallenato es muy tradicional, costumbrista, amante de su tejido familiar, que lo defiende incluso hasta con la muerte. Y con un gran sentido de pertenencia por su entorno y sus paisajes... Se sienten orgullosos de esa manera corroncha de hablar. Incluso de esa visión corroncha que tienen del mundo. El vallenato se enorgullece, se envanece siendo así, quiere ser auténtico...”

     —En ese contexto, dentro de esa autenticidad, una forma de ver el mundo desde el aspecto corroncho, ¿cuál sería?

     Esos son lemas, mitos, que se han creado los vallenatos. Creer por ejemplo que la yuca es un elemento irreemplazable y que hace tanto bien como la música de los Zuleta...”

     —O sea que ahí no cabe la papa...

     “No, no, no...”

     —Hay un poeta al cual no hemos tocado, de él no hemos dicho una sola palabra: Manuel Roca... ¿Qué representa él para Mizaaar?

     “Juan Manuel Roca”, precisa Mizaaar. “Es un extraordinario poeta en cuanto a las coordenadas estéticas con las que trabaja. Y está muy bien informado sobre lo que acontece en la poesía a nivel universal. Muy leído, muy versado, es también un muy buen amigo. Una de esas personas a las que uno llama ‘buena persona’”.

     —Ahí sí, para un vallenato, para Mizaaar, ahí sí el término “¡buena papa!”.

     “Exacto, exacto”.

LEER A LOS MALOS POETAS Y LA MISIÓN DE LA MAGA

     —Luis: ¿Por qué hay que leer a los malos poetas?

     “Porque entre los malos poetas a veces uno encuentra que ellos escriben 500 frases y que entre esas 500 frases, de pronto, uno encuentra diez o veinte frases que quizá por error aparecen allí, pero que conmueven a otro humano. Y con esas veinte frases uno se olvida de que allí hay un mal poeta”.

     —Bueno: a un buen y gran poeta como Mizaaar lo homenajeará en Cartagena el Parlamento Nacional de Escritores... En torno a ese gran poeta, Mizaaar, se está pidiendo la edición y publicación de toda su obra en un solo volumen. ¿Esos dos aspectos que enaltecen la labor de Luis Mizar que representan para Mizaaar?

     “Para mí constituyen un orgullo y una felicidad. Además, de que eso le va a permitir a La maga escoger los títulos de los libros que van a ir en esa selección, porque ella hace rato que quiere hacer eso. Como lectora de los libros míos, ella ya sabe cómo se va a ensamblar ese material”.

     —Entonces, de Mizaaar hay mucho para estar en Cartagena diciendo: “¡presente!”.

     “Sí, claro. Claro. Claro que lo hay. Lo hay para estar en Cartagena y para estar en otros sitios también”.

     —Gracias, Luis... Gracias Mizaaar.

…o0o…

     PD1: Este domingo 2 de agosto de 2015, Luis Enrique Mizar Maestre se sometía a la recomendación científica. Una decisión que le permite seguir viviendo para salir inmediatamente hacia Cartagena en este agosto a cantar sus poemas —entre sombras y claroscuros acogidos por murallas de historia— y espetarle al mundo, poéticamente, su gran verdad, casi literal: “Un candil encendido en mis adentros le da advenimiento a la cicatriz que ha llegado primero al lozano cuerpo que la herida que habría de propinarme el futuro…”

     Tras la ejecución exitosa de la decisión tomada, su herida del presente es candil encendido en llamas de poesía para restañar tal cicatriz del futuro, un futuro rebosante de poesía para un poeta, para Mizaaar

     Bogotá D. C. agosto 2 de 2015

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     PD2: Luis Enrique Mizar Maestre no quería cadenas de oración y no las hubo… El sincero

amigo deseó asumir el riesgo ante una y la otra 

El 25 de agosto de 2015 el director de El Muelle Caribe despidió, así, con vivos colores, al poeta... Y por estos días la hermana de este, Amelia, le ha recordado a José Orellano una frase que este le dijo 24 horas antes de la partida de Mizaaar hacia el Parnaso de la Eternidad: “Nadie me había hecho salir de mi casa sin bañarme”. Y es que José había dado respuesta a un llamado urgente de ella, con salida a las volandas de su residencia para ir, sin el previo aseo matinal, hasta el lecho de un amigo enfermo, para reiterar sentido de amistad. Allí había ocurrido lo que se esboza en el texto.

amputación, motu proprio, y lo asumió… La espiritualidad de Mizaaar había de llevarlo a invocar aquellos dos vocablos: “¡Dios mío!”, pero el Señor había de tener definido el sino del poeta, aunque este no quería morir… En aquellos instantes apretados de sal, le dio valentía, le dio serenidad para que se adentrara en la lidia no tanto del toro barcino de cornamenta brava sino de su mañana misma desde otra trascendencia, más allá de los aplausos terrenos envueltos en

sueños —lejos del rumor del mar, para que se difuminara en el páramo su exclamación: ¡Si hoy tienes valor, mañana no estarás muerto!—… No pudo seguir viviendo, pero su poesía lo hará inmortal y, algún día, toda su obra ha de asumir carácter de universal... Luis Enrique Mizar Maestre había de fallecer la tarde del 25 de agosto de 2015, casi en los brazos de quien esto ha escrito: poco tiempo antes, habíamos estado fundidos los dos en un abrazo que pugnaba por no zafarse jamás… (Bogotá, agosto de 2017).