Este término denominado posverdad es una de las características políticas más predominantes en esta época; esta conducta es objeto de múltiples debates de opinión encabezados por los intelectuales, ya sea por su significado, por la interpretación de la sociedad o por los medios de comunicación y particularmente por la forma en la que los políticos alrededor del mundo usan esta herramienta. La cuestión por la que se genera este debate es: ¿A qué se llama verdad y a que se llama mentira en la época de la posverdad?

     Para poder dar respuesta a este interrogante recurriremos a José Nun, un abogado y politólogo argentino,  que publicó un artículo en el diario La Nación en febrero de 2017, que fue titulado ‘La posverdad marca el fin de una época’ en el cual sostiene que con el liberalismo la posverdad surgió con mayor poder dando lugar al individualismo y a la elección personal de propuestas políticas

Soledad Gallego Díaz una periodista española que escribió ‘La era de la política posverdad’ en septiembre de 2016, publicado en el periódico El País y quien mantiene que “los políticos han tenido siempre una relación particular con la verdad” generando utopías en la sociedad; al escritor y periodista español, autor de ‘El arte de la manipulación masiva’, un artículo  publicado el mes de agosto del año 2017; a Alex Grijelmo, que asegura que el periodismo ya está muerto y no va a volver a ser igual, y a ‘La posverdad es mentira’ de Daniel Molina, crítico cultural y escritor que publicó el artículo nombrado en enero del 2017, precisamente en el  periódico Rio Negro (Argentina), y asiente que los ciudadanos solo se dejan guiar por el instinto colectivo.  También, tomaremos en consideración la definición de posverdad del diccionario de Oxford y de la Real Academia Española.

     En esta ocasión abordaremos los múltiples significados del término posverdad, definiciones de mentira y verdad, y la relación entre política y posverdad.

     El significado del término posverdad hace referencia a la influencia que tienen las creencias personales en la opinión pública que contrasta con los hechos reales ocurridos. Es decir, que la posverdad, según José Nun, es una mentira adoptada por el sentido común compartida por toda una sociedad. Además de ello, es una herramienta política utilizada en los últimos años en actos de campaña o incluso durante un periodo de gobernación, en el cual los sectores políticos manipulan la verdad y la moldean a su gusto para que sea creíble y adaptada para el resto de las personas. Para comprender el significado del término es esencial tener conocimiento sobre qué es la verdad y qué es la mentira.

     La definición de verdad, según la Real Academia Española, remite a la “conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente”, o “conformidad de lo que se dice con lo que se siente”. Para Daniel Molina, la verdad siempre fue una imposición del sentido común con un fin político; mientras que la definición de mentira, según la misma academia, consiste en “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. De estas dos palabras es de donde se forma el termino posverdad.

     Para los diferentes autores ya nombrados, el origen de la palabra se la otorgan a distintos intelectuales. José Nun por ejemplo le asigna el uso primero a Steve Tesich, un guionista, novelista y dramaturgo que incorporo el término en 1992 en un apartado de The Nation; en cambio Gallego Díaz sostiene que quien inventó el término fue David Roberts, en 2010, quien definió a la posverdad como “una cultura política en la que la política (la opinión pública y la narrativa de los medios de comunicación), se han vuelto casi totalmente desconectadas de la política pública...”

     Para Daniel Molina, la posverdad es un comunicado en el que se intenta crear una opinión pública y, más allá de los hechos comprobables, las emociones y las creencias influyen mayoritariamente.

     Tomando en cuenta tantas definiciones, se podría decir entonces que la política es aliada de la posverdad incluyendo así a los medios de comunicación. De todas maneras, esta falsa verdad no tendría mayor relevancia si no fuera porque tiene algún grado de verdad o credibilidad que haga que se considere entre la población.

     Un ejemplo claro y reciente ocurrió el 15 de noviembre de 2015, en el debate realizado por los candidatos a presidente Daniel Scioli y Mauricio Macri, donde el actual presidente argentino realizo su análisis respecto del desarrollo económico humano y propuso 

un ideal de pobreza cero. En marzo de 2017, un año después de que asumiera Mauricio Macri, la Universidad Católica Argentina (UCA) afirmó, mediante estadísticas, que la pobreza en el país creció y hoy en día hay más de un millón y medio de pobres, de los cuales seiscientos mil rondan la indigencia.

     San Agustín, máximo pensador del cristianismo, sostenía que el acto de mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con la intención de engañar, algo similar a lo que sostiene Alex Grijelmo: “La posverdad es en realidad la era del engaño y de la mentira”. Esa intención está fuertemente relacionada con el oportunismo político, mediatico y las populares redes sociales.

     Cuando una noticia adquiere un impacto de interés general, las versiones sobre ese mismo tema se empiezan a dispersar y a distorsionar y generan nuevas hipótesis que 

confunden a los consumidores, como refleja Daniel Molina en su artículo. Frente a una noticia de aspecto 

Los medios argentinos afirman que las políticas neoliberales de Mauricio Macri han incrementado la pobreza en su país. Contrario a su eslogan electoral: “pobreza cero”, decía.

político, las empresas adquieren una posición, generando debates sobre si es correcto lo que se dice o no. Molina recurre a la definición de periodismo del siglo XX, que sostiene que ya no es un encarnizado hostigador de la mentira y buscador de la verdad que da coraje al débil y atemoriza al poderoso; sostiene, además, que ya no se informa racionalmente, sino que se apela a la emoción y creencia personal.

     José Nun sostiene que la autoridad del periodismo y los expertos se perdió, y que tradicionalmente eran los encargados de separar la mentira de la verdad. Lo mismo sucede con los senadores y diputados que se disputan su lugar adquiriendo una posición oficialista u opositora, y cuando obtienen su banca no siempre cumplen con las 

promesas de campaña. Borocotizar es posverdad. Otra de las creencias sociales asignadas a la posverdad son las estadísticas o censos, también podríamos considerar las encuestas a la hora de las elecciones en los últimos años, que se han desprestigiado irremediablemente ya que son tendenciosas.

     La opinión pública, como sostiene Gallego Díaz, no es capaz de frenar el acto de la posverdad ni mucho menos los medios de comunicación. Los ciudadanos se mueven en tribus, y eso es lo que los hace crear un sentido común y se manejan en torno a él. Citando al director del periódico The New York Times, lo que se debe tratar de revelar es quién hace uso y abuso de la mentira.

     Para Alex Grijelmo, la insistencia en el acto falso, supera la verificación de estos actos. Las tecnologías actuales hacen modificables las fuentes informativas que rondan en la web, generando mentiras verdaderas y opiniones públicas que atraen a los consumidores a creerles.

     Las personas creen todo y no creen nada. Los políticos seguirán utilizando la mente y las emociones de sus votantes para seguir dentro del ámbito. La sociedad seguirá pensando que debe guiarse por su instinto comunal y eso no va a cambiar.

     En conclusión, la mentira y la verdad son factores similares, ninguna de las dos es ciertamente pura. La posverdad va a mantenerse intacta en la política, engañando a la gente,

Un artículo sobre Posverdad fue ilustrado con esta caricatura por el Diario de Sevilla.

utilizando sus valores y creencias.

     Este nuevo neologismo, que será incorporado en diciembre

de este año al diccionario de Oxford, va a ser siempre tema de discusión en los medios de comunicación y en sitios web debido a su impacto en la sociedad.

     La comunidad, a nivel mundial, seguirá su instinto colectivo y aunque las pruebas de la verdad se encuentren a la luz, su convicción vale más que cualquier demostración.

*Alondra Bahamondes, estudiante de Lengua y Literatura. Universidad

General Sarmiento. Provincia de Buenos Aires, Argentina. Noviembre, 2017.