En esta son 3… Tres crónicas de Guillermo Romero S.

     Las cifras de las ventas de música en Colombia han cambiado. En 1994, por ejemplo, se vendían 28 millones de Cds y había 36 Millones de habitantes, en el 2017 hay 49 millones de habitantes y se venden 2 millones de Cds.

     Luego de unos años de receso económico y de enemigos como la piratería, la industria discográfica en Colombia encontró un camino para salir adelante.

     “La industria se ha reactivado de una manera dinámica y exitosa, hoy en día está pasando por su mejor momento. El futuro es próspero y, sin lugar a dudas, la comercialización de la música es el streaming, gracias a las diferentes plataformas digitales que nos permiten acceder a millones de canciones a muy bajos costos”, manifestó Fernando López Henao, vicepresidente de Codiscos.

     La época del acetato y el CD pasaron ya a la historia definitivamente. La industria

aprendió de sus errores y, gracias a la internet, se abre una gigantesca posibilidad de ventas, sobre todo de Derechos de Autor.

     “El público tiene todas las oportunidades a través del internet, de escuchar lo que realmente le gusta, de estar actualizado, de saber que está funcionando en cualquier parte del mundo y cada día le da menos temor de adquirir sus compras por este medio”, explica Fernando.

     “La actual venta es Digital con un porcentaje del 90%, el 10% es producto físico. La venta de música se hace por intermedio de las tiendas virtuales como SpotiFy, Apple music, Dezeer, Itunes y Napster. Y los números aumentan a diario”, agrega Fernando, uno de los estudiosos del tema.

     La digitalización ha alcanzado números antes no imaginados. En el mundo existen 212 millones de usuarios en las diferentes plataformas digitales, con 40 millones de canciones y 290 tiendas virtuales.

     Una de las plataformas con mayor éxito en el mundo es YouTube. El 98% de publicistas lo usan, es un modelo que carga 300 horas de videos por minuto en el mundo y está en 280 territorios. Si YouTube fuera un país, sería el tercero más poblado del mundo.

     “Codiscos en YouTube: cuenta con 1.600.000 Suscriptores y 1.652 millones de reproducciones, 45 millones de reproducciones por mes, contamos con 4.790 videos en esta plataforma. Codiscos se destaca por ser una compañía que desarrolla talento. En todos los géneros, ocupamos primeros lugares de medición de radio, descargas en el entorno digital y reproducción de nuestros videos en

Fernando López H.

las plataformas como YouTube”, comenta Fernando.

UN ÉXITO: LAS NOVELAS

     —¿Qué está comprando ahora el público?

     “En relación con la música, lo que más se consume son los éxitos, es decir las canciones que se ponen de moda. Hoy día predomina la música urbana. Especialmente los jóvenes son los mayores compradores”.  

     —¿Sirven las telenovelas para las ventas de discos?

     “Las telenovelas reactivan las ventas de música, es el caso de telenovelas como Rafael Orozco, Diomedes Díaz y hoy en día Patricia Teherán etc.  Los artistas vuelven a ponerse de moda y las compañías aprovechamos para lanzar de nuevo las producción musicales en los compilados y, sobre todo, para los play list  en las plataformas  digitales. Ahora está pegada la canción ‘Tarde lo conocí’, de Patricia Teherán. Fue incluida en el Disco del Año 2017”.

     —¿Cuáles son los proyectos de novelas para este 2018?

     “Está por salir al aire la historia de las canciones decembrinas con los éxitos del ‘Loco’ Gustavo Quintero, ya está grabada la serie de Alfredo Gutiérrez, después vendrá la de Martin Elías Díaz y muchas más”.

     —¿Hacia dónde se está dirigiendo el gusto musical de las personas? 

     “Hacia la música urbana, llámese reggaetón, pop urbano, champeta urbana, Ssalsa urbana —salsa shocke—, etc. En Colombia la música popular no deja de ser exitosa al igual que el vallenato. En presentaciones, estos artistas junto con los de música popular son los que más poder de convocatoria tienen”.  

     —¿La radio ha perdido potencia frente al internet?

     “La radio y los canales virtuales, tanto en el mundo como en Colombia, cada día tienen más fuerza. El canal YouTube es 

considerado el canal de música más importante del mundo. La radio en Colombia sigue siendo fuerte”.

Los jóvenes son los mayores compradores de la denominada música urbana, precisa López Henao. 

     Cada año sale a relucir el cuento: Un hombre golpea en la puerta. Sale una señora y le pregunta qué desea.

     “Es que llevo varios días sin comer”, le manifiesta.

     —¿Quiere natilla y buñuelos?” —le inquiere la dama.

     “Ay, no. Ni natilla ni buñuelos, en todas partes sólo me ofrecen esos platos”, contesta.

     —¿Le gusta el pescado? —le ofrece la dueña de casa.

     “Ah eso sí me gusta, claro, claro”, le responde el hambriento.

     —Entonces vuelva en Semana Santa, porque estamos en diciembre —le grita la anfitriona. Y se despide con un portazo.

     El chiste rueda y rueda por estos días en las redes sociales, en diversos formatos.

     En una casona, viejo cuento conocido también, una familia preparaba una tremenda natilla en la cocina de leña. Estaban batiendo la paila cuando se cae del zarzo un gato mugriento, viejo y medio pelado. Se revolcó en el manjar y obviamente la dañó. Las señoras, además, de echarle madres al animal, no sabían cómo deshacerse de esa comida. Pasó el bobo del pueblo, lo llamaron y le ofrecieron el dulce.

     —Ve, Gustavo, ¿llévate toda esta natilla, te la regalamos?

     Y el convidado les dice: “Noa, no señoras, de eso tan bueno, no dan tanto”.

     Tiendas, locales y supermercados están adornados ahora con miles de cajas de natilla, uno de los platos colombianos más consumidos en época navideña. Cada región tiene su forma de prepararla. En algunas partes le agregan canela, clavos, uvas pasas y las hay claritas, medio morenas y negritas.

     La preparación se hace en cinco minutos, la cocción en 20, el reposo en 40, la servida en 3 y el consumo en dos.

     Cuando se llenan los estantes con esas cajas, llegan los malos presagios: luchas por un nuevo salario mínimo, pagar matrículas y pensiones, alistar regalos y gastos del último mes.

     Lo cierto es que la natilla la trajeron a Colombia los españoles. La crema hecha con leche, yemas de huevo, azúcar y aromatizada con vainilla o limón se comenzó a consumir después de 1492. Las cocineras criollas le dieron un elemento más: harina de maíz y la endulzaron con panela, productos que no se producían en la mal llamada ‘madre patria’.

     Se reparte en oficinas, reuniones familiares, novenas y, desde luego, la noche de Navidad. La mejor, sin lugar a dudas, es la que preparan las abuelas, que les ponen un ingrediente adicional: besos para ir probando la cantidad de dulce.

     En Costa Rica es común la natilla para untar en el pan, en Uruguay le agregan crema de leche o chocolate, en Perú la endulzan con miel de chancaca y en Estados Unidos, Inglaterra y Japón son saladas y se presenta en porciones individuales.

     En Venezuela, natilla es la crema que queda luego de hervir la leche y se sirve salada para untarla en las arepitas.

     En Antioquia, otra modalidad es la natillera, que es una forma de ahorro que hacen para los gastos de diciembre. Existen verdaderas empresas dedicadas a fomentar este sistema económico.

     De todas formas, los niveles de azúcar pueden crecer en esta época que se avecina por el consumo de natilla, pero las alegrías de ver a hijos y nietos consumiendo este manjar, no tienen precio.

     Se calculaba en los años ochenta, que cada minuto sonaba en las emisoras de Hispanoamérica una canción, un arreglo o una producción de Juan Carlos Calderón. Era el rey. No tenía tiempo sino para la música, no le importaba que fueran las 3 de la mañana para llamar a un artista y pedirle que cambiara una palabra de una canción.

     “No estaba hecho para este mundo”, fue lo primero que dijo la inolvidable Paloma San Basilio cuando conoció la noticia de su muerte, hace 5 años, el 26 de noviembre del 2012. Los titulares de primera página en los diarios españoles lo reportaron, el mundo de la música guardó silencio, las batutas quedaron en el atril y los micrófonos de estudios de grabación no recibieron sonidos.

     No tenía los ocho años cuando ya estaba estudiando música en su natal Santander, en España. A los 22 años grabó su primera canción y comenzó a espigar éxitos. Quizá la primera que le dio renombre fue ‘Las cartas amarillas’, con Nino Bravo, aquella que decía: “Y busqué entre tus cartas amarillas / Mil te quiero, mil caricias/ Y una flor que entre dos hojas se durmió/ Y mis brazos vacíos se cerraban/ aferrándose a la nada, intentando detener mi juventud”.

     Y luego le hizo los arreglos a dos marcas mundiales: ‘Libre’ y ‘América’, también con la portentosa voz de Nino Bravo.

     Los artistas comenzaron a buscarlo. Iban y venían canciones para figuras como Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Camilo Sesto, Amaral, Estela Núñez, Alejandra Ávalos, Ana Belén, Ángela Carrasco, David Bustamante, Marcos Llunas, Edith Márquez, Emmanuel, Paloma San Basilio, Massiel, Ricky Martin, Miguel Ríos, Cecilia, Chayanne, Herb Alpert, Sheena Easton, Mari Trini, Mocedades, Alberto Cortez, Rocío Durcal, Myriam Hernández, José José, Luis Miguel, Sergio y Estíbaliz, María Conchita Alonso, Pablo Ruiz y Verónica Castro, entre otros.

     Nunca paró de escribir tanto letras como música. En 1973 el mundo de la balada en español se deleitó con ‘Eres tú’. ¿Quién no entonaba en esos años los estribillos de esa canción interpretada por Mocedades? “Cómo una promesa, eres tú, eres tú, como una mañana de verano, como una sonrisa, eres tú, eres tú, así, así eres tú”.

     Jóvenes quinceañeros repetían una y otra vez la canción. Las emisoras debieron organizar programaciones con toda esta bonanza de éxitos. Locutores como Gonzalo Ayala, Armando Plata, Jaime Echeverry Loaiza, Marino Recio, Rafael Ávila, entre otros, hicieron buena parte de sus carreras presentando los hits de Juan Carlos Calderón.

     Era una máquina productora de triunfos. “Cariño mío, no sé qué hacer/ seguir callada y seguir con él. O ser sincera y serte fiel / Cariño mío ya no sé qué hacer”, interpretó Paloma San Basilio y escenarios de Buenos Aires, México, Bogotá, Caracas, Quito, Lima, Miami, Nueva York y tantas y tantas otras ciudades repetían el coro.

     En los ochenta, Juan Carlos Calderón tenía dos maletas, una en Madrid y otra en Los Ángeles. Cruzaba el Atlántico y los Estados Unidos con el fin de hacer éxitos. Había vivido antes en América, pero la vida española lo seducía más. Componía en España y grababa al otro lado del mundo.

     Dentro de este trasegar compuso ‘Noche de copas’, que decía en su coro: “Fue una noche de copas, fue una noche loca/ besé otros labios olvidé tu boca, manché tu imagen, me perdí, yo sola y esa es la historia” y lo cantó María Conchita Alonso. Millones de discos se vendieron en esos años y luego le escribió a la misma venezolana, ese tema que invadió los audios de muchos amantes de la música romántica: “Acaríciame, tan suave como el aire amor, tan fuerte como el huracán que ciega mi mente. Acaríciame y empápame de tu ternura amor, contágiame de esa locura, que hay en tu vientre”.

     Así era Juan Carlos un enamorado de la música, un poeta errante, un compositor del amor, de la locura de la pasión. Así vivió su vida. Es un mago para hacer éxitos. Si se pusieran sus discos uno sobre otro, bien podría ser tan alto como la Torre Eiffel. 

     En octubre del 2012 fue internado en una clínica de Madrid. Su caminar se hizo lento, a sus 74 años seguía pensando en canciones, pedía partituras para poner allí notas, escribía algunas frases, pero el corazón no le aguantó más poesía: se marchó al cielo de los artistas, el 26 de noviembre de ese año.