…tomar una decisión y someterse a sus consecuencias

     La confusión o tergiversación —según el caso— que existe entre el ‘cuidado de sí’ y el ‘conócete a ti’, debe prender las alarmas de la pedagogía y la academia en general en el momento de proponer proyectos de vida a unos estudiantes que nada quieren saber del futuro como promesa, porque no ven nada distinto a tener que ser empleados del capital de turno, para poder pagar la cuota de un apartamento o incluso para cancelar la deuda de la carrera que hicieron al debe como sucede ahora.

     Resulta que desde el siglo XVII, con la aparición de la filosofía moderna, se tuvo la sospecha, con los planteamientos acerca de la importancia de la subjetividad para el cuidado de sí, que el conocerse a sí mismo implica —aunque sea paradójico— renunciar a sí mismo, mientras que ocuparse de sí mismo es preocuparse por el cuidado de sí. En efecto, una cosa es preocuparse y ocuparse de uno mismo y otra es

que otros se ocupen de uno y le digan cómo es y qué hay que hacer. Existe un momento, una vez superada la época de los pañales y el control de los esfínteres, en que el sujeto comienza a luchar por abrirse campo como individuo, es

decir a ocuparse en su ‘interioridad’.

     Una investigación realizada en la universidad central por la profesora Martha Elena Baracaldo, titulada ‘La subjetividad en la formación de maestros’, rastrea el concepto de subjetividad apoyándose en distintos autores como Foucault y Deleuze, entre otros, quienes distinguieron subjetividad de sujetivizacion (que es producción de un modo de existencia sin tener en cuenta al sujeto). Más aun, dichos autores afirman que el sujeto puro encerrado en su esencia no existe como tal, pues es influido por el afuera, es decir por la cultura, el lenguaje y la memoria. En este entendido, la subjetividad, se vincula con la idea del devenir

Martha Elena Baracaldo

heraclitiano, según el cual nadie se baña dos veces con la misma agua y en el que

el bañista que lo hace al día siguiente tampoco es el mismo —incluido su vestido de baño—. Es decir: la subjetividad se restablece constantemente en un proceso relacional que se caracteriza por ser múltiple y diverso. Como advierte Foucault: “La subjetividad es la posibilidad de organización de una conciencia de sí”.  Por eso, su importancia pedagógica, de acuerdo con Baracaldo, es el cuidado de sí, lo cual hace imprescindible generar procesos de construcción de sí mismo para gestar acciones que permitan fortalecer los procesos de construcción de sí. Y generar modos de resistencia frente a los mecanismos de normalización y homogenización que se han incorporado a las relaciones de los individuos en situaciones como la desvalorización de la vida y del trabajo, el ingreso temprano a las instituciones educativas, la violencia doméstica y la violencia política.

     Como se puede apreciar, existe, no obstante, a la influencia de factores culturales del contexto, una interioridad propia del sujeto que, en su construcción, se convierte en individuo, es decir en yo.

     Pero la subjetividad históricamente ha sido un campo de combate de la ideología dominante de cada época, donde el sujeto es sujetado por el poder que se impone, así, por ejemplo, el ‘conócete a ti mismo’ en la época del cristianismo estuvo vinculado con una serie de técnicas mediante las cuales se evaluaba al sujeto permanentemente para que se arrepintiera de sus pecados. Aquí el yo necesita de una aprobación externa, la cual conlleva su propia renuncia: ¡qué paradoja!, el yo debe ocuparse en torno a quién diablos es él, debe examinarse en torno a qué es él y, por otra parte, debe renunciar a lo que ha descubierto en torno a él, para poder responder a las prescripciones morales establecidas como ideología dominante.

      El mecanismo es claro. De acuerdo con la citada autora, “examínate y confiésate, es decir, primero reconoce el hecho, se expone la falta, sean defectos, cualidades, valores, anti-valores al otro. Para que nos diga si es correcto o no y terminar atrapado por una

La subjetividad, históricamente, ha sido un campo de combate de la ideología dominante de cada época, donde el sujeto es sujetado por el poder que se impone…

mirada exterior. Es el control sobre el individuo: el individuo ejerce sobre sí su propia vigilancia, examinando sus fallas”. Cosa distinta es ocuparse a sí mismo —ética del cuidado—, momento en que el individuo adquiere el sentido de la tierra y no parpadea al tomar una decisión y someterse a sus consecuencias, por ejemplo, a ser libre para votar a pesar de las presiones convencionales y a no dejarse ensillar y mucho menos galopear por los poderes de turno.