Qué cerca va la esperanza por las casas’e cartón-tabla-zinc (fin)

     Mi colega Guillermo Romero Salamanca se despachó ante el entrevistador.

     Ahora reviso todo cuanto él dijo en medio de la informalidad de aquel encuentro y, necesariamente, me voy al margen del diálogo para recordar que este se ha dado gracias a una ‘infidencia’ del promotor de músicos cartagenero Moisés De la Cruz.

     Ese ‘soplo’ condujo al desarrollo de la temática: un periodista de siempre metido a redentor social por intermedio de una obra humanitaria materializada a punta de ladrillo en sectores de extrema pobreza bogotano-cundinamarqueses.

     —¿Cómo bautizarías tú la génesis de este programa de ladrillos?

     “Fue una vaina sin querer queriendo, que apareció”.

     —En tus palabras, ¿cómo la denominarías?

     “Yo creo que es como una orden de Dios… Un milagro, una orden de Dios: Él quiso que yo me dedicara a esto. ¿Me explico?

     —Sí, sí… Te entiendo.

     Sin querer queriendo en una cafetería de Zipaquirá… El hablando con un amigo de una gran miseria humana en diversos sitios de Ciudad Bolívar y aquello dos señores que se les acercan y, sin mediar palabras, el primero que le dijo: “¡Te regalo 10.000 ladrillos!”… Y seguidamente el otro que también se sumó al asunto: “Yo te doy 20.000”.

     —Cuantificando, Guillo, ¿cuántas personas crees tú que se han beneficiado con esta vaina?

     “¿2600 por un lado? ¿1000 por el otro? No sabría precisarlo”.

     —¿Y cómo cuántos ladrillos van ya?

     “Más de un millón… En cuatro años del programa, más de un millón”.

     La génesis por la que averiguo tiene nombres: Tablegres y Gredos, donantes de los primeros 10.000 ladrillos por un lado y 20.000 por el otro. Hoy, para mayor ayuda, son tres las ladrilleras que participan de programa: Ovindoly,

que se sumó luego.

     —¿Algún interés particular, más allá de los social, en las empresas que sostienen tu misión?

     “Ninguno. Los propietarios de esas tres ladrilleras viven muy contentos porque yo les cuento todas estas historias, les describo la situación de esa gente en

problemas. Una situación que difícilmente les interese a personas

He aquí, la efectividad de la obra social del grupo ‘Ladrillo verde’: dos viviendas mejoradas en su estructura.

que vivan en buenas condiciones, con buenas comodidades… Muy difícil convencer a esa a gente a que vaya y conozca aquella realidad...”.

     —Yo quisiera ir…

“Es que en Colombia vivimos es de la estética, la estética es fundamental: el presentador de televisión tiene que ser bonito, la presentadora de televisión tiene que estar bien vestida, con un escote, con una minifalda, tiene que aportar algo de glamour y coquetería... Tu vez las revistas y hablan de… que el club, del glamour… Pero allá, cerros arriba, la situación es distinta”.

     —¿Y qué se pudiera hacer para cambiar tal situación?

     “Yo trabajo por algo muy elemental: le pido a la gente que cuando vayan a almorzar o a cenar, en un centro comercial o en un restaurante de caché, se coman todo. Y si no lo hacen, que pidan una bolsa y se lo lleven y se lo entreguen a una persona en la calle o se lo lleven y se lo coman después. Las señoras que hacen aseo en estos sitios de estratos relevantes viven generalmente en esas zonas marginales. Y si tú, José, observas más allá en los centros comerciales, verás que ellas llevan una bolsita en los carritos cuando están recogiendo los sobrantes y en esa bolsita echan la presa del pollo, la papita, echan lo rescatable, lo hacen con total disimulo porque lo tienen prohibido por los jefes. ¡Es que hay muchas personas que no se comen todo y también hay muchas personas que no tienen que comer! Y ¿sabes algo?: El problema de no tener qué comer para aquella gente de allá arriba en cerros y montañas es que no ganan energía. Con cierto desprecio les gritan: «¡Vayan a trabajar!», pero no se detienen a pensar en que una persona con hambre no puede trabajar”.

     —Yo, periodista, me encuentro entrevistando a Guillermo Romero Salamanca, también periodista. Muy humano. ¿Cómo calificarías tú a ese ser humano que tengo ante mí, ese aporte social tuyo?  

     “Si algo tiene el periodismo es que es muy humano. Yo no conozco al primer periodista que no sea humano”.

     —Hay un montón que no lo son, que no tienen sensibilidad…

     “No deberían ser periodista… Deben ser columnistas u opinadores, políticos metidos, de pronto, a periodistas. Un periodista-periodista es sensible a todo ese tipo de cosas”.

     —De pronto es sensible, pero no se mete a hacer eso que haces tú… Es lo que quiero diferenciar…

Guillermo Romero Salmanca: una muy extraordinaria labor social.

      “Tiene que dar el paso”.

     —Tienes material, Guillo, para escribir un cipote de libro...

     “Sí, claro”.

     —¿Lo has pensando?

     “Por ahora no, pero hay muchas cosas, muchas anécdotas”.

     —La del político es genial.

     “Es buena”.

     —La anécdota de la señora que te llamó a pedir comida para unos niños es buenísima… Venirse desde allá, en un Transmilenio, a las nueve de la noche, en medio de torrencial aguacero, regresarse y dedicarse, hasta más allá de la media noche, a prepararles hasta los teteros a unos niños que no son sus hijos…

     “Esa es una... Porque hay otra: la de la señora que un día me llama y me dice que necesitaba un cilindro de gas, que si podía conseguirle un cilindro de gas, porque ya estaba cansada de cocinar con leña. Yo le dije:  “¿Un cilindro de gas?”. Y es que salen con unas peticiones rarísimas: «Me gustaría tener una muleta para mí». U otra más de una lideresa de por allá: «Me gustaría llevar a 80 viejitos, adultos mayores, a conocer la mina de Zipaquirá». Esta, sin embargo, es una solicitud que le permite a uno buscar la forma de cristalizarle los sueños a esos ancianos, quienes de verdad quieren ir a Zipaquirá, conocer su mina y su catedral de sal. Porque entonces uno habla con el amigo que tiene los buses, habla para ver cómo se prepara la cuestión de los almuerzos, entonces uno habla con restaurantes y la vaina y tal... Un poco como lo de Edgar García Flash… Realizar sueños. Eso se puede hacer, eso no tiene ningún misterio… Pero cuando le piden a uno un cilindro de gas…”

     —Y al fin ¿qué pasó con esa señora?

     “Le dije: «¡Espere a ver!». Y aquí sí que le sirve a uno de mucho ser periodista: uno está mirando todo o analiza todo. Muchos datos en la mente como el material fotográfico que llevas en tu cámara… Le dije: «Esperece un momentico no más y echo cabeza, dónde es que yo he visto un cilindro… Sí, hay un cilindro pero, está bien abajo, en el barrio ‘El progreso’, lo tiene Julio Cesar, déjeme lo llamo y le pregunto…».

     Guillermo llamó a Julio Cesar y le dijo: «Oye: tú tienes un cilindro de gas… Hazme el favor y me lo vendes»… “No, no, si lo necesita, ¡lléveselo!”… «Bueno: va a ir una señora en estos días por el cilindro». “Me avisa cuándo viene y yo con mucho gusto se lo entrego”.

     —¿Y se lo dio?

“Llamé a la señora, le dije dónde estaba el cilindro, bien abajo, en ‘El progreso’, al pie del billar, donde Julio Cesar, y la señora bajó por su cilindro, se lo echó al hombro y lo subió hasta su casa, en Altos de Cazucá. ¡Dejó de cocinar con leña!”.

     —Guillo: ¿La manutención tuya como se da?

     “Eso es otro capítulo... Cuando llevaba un buen tiempo trabajando y llevando el material, a los dos años de estar yo en ese paseo, se vinculó la otra ladrillera, Ovindoly, que así se llama un municipio de Italia. Con esas tres ladrilleras se fortaleció el programa. Y, entonces, estaba yo en ese plan como medio altruista, cuando un día, en una reunión con ellos, me dijeron: «¿Usted qué hace, a la postre usted quién es, de qué vive?»… ¡Después de dos años…! “Soy periodista”, les dije. Y les dije también que yo veía que les faltaba comunicaciones…

     “A ustedes les falta un departamento de comunicaciones empresariales”, les dijo.

     «Eso sí nos hace falta, pero ¿quién nos hace eso?», le dijeron.

     “Yo soy el que necesitan ustedes”. Y en ese momento Guillermo se acordaría de la canción esa que dice: ‘Negra, llegó

tu marido’.

Logotipo del grupo ‘Ladrillo verde’.

  Les hizo un planteamiento de las comunicaciones, les organizó el parque minero industrial, les atiende las comunicaciones con los medios, hace relaciones publicas con alcaldías, con el gobierno, con el ministerio afín, todo aquello que no tenían y comenzó a darles otra visión.

     “Así como allá en Ciudad Bolívar estaban desesperanzados porque no tenían cómo, ellos también estaban desesperanzados porque la industria es muy perseguida, tiene muchos enemigos”, anota Guillermo. Y precisa que les dijo: “Ustedes me han apoyado con este programa, yo los voy apoyar en el tema de las comunicaciones”.

     Y habían de ser ellos mismos quienes propusieron pagarle, entre los tres, unos honorarios «para que haga sus vueltas, nos haga estas cuestiones y nos mantenga al día». A tal punto la integración, que los representa en muchas reuniones, a nivel industria.

     Ese día, constituyeron el grupo ‘Ladrillo verde’, se le creó el logo, dijeron «perfecto, nos gusta el nombre» sin que hubiese la más mínima objeción…

     “Dejé de trabajar como comunicador, ya dejé las otras cositas que hacía y me dediqué, de lleno, a este tema. Se fue creciendo el ambiente, se toma el tinte como de responsabilidad social, sin ser responsabilidad social, porque esto es simplemente una donación de ladrillos que se hace para el mejoramiento de vivienda de gente que lo necesita”.

     Y aunque se crea que no lo es, sí va implícita la responsabilidad social y así hubo que montar lo de la Fundación de los ladrilleros de Cogua y hubo que montar el trabajo para organizar la PETAR…

     —¿Y qué es la PETAR?

     “Una planta de tratamientos de aguas residuales… La industria ladrillera no arroja aguas contaminantes al rio gracias a la PETAR. Montamos todo eso y reforestamos… Se montó ese trabajo y se ha venido trabajando con el tema de relaciones públicas, el tema de los comunicados, se montó una parafernalia del asunto, eso conlleva a que hay más tranquilidad con este trabajo, por cuanto le jalamos a la carreta de la conservación del medio ambiente…”.

CAPITULO FINAL

     No hay duda: hasta todos los niveles tratados en este seriado, ha brillado la esperanza… Y la que pasa cerca a las casas’e cartón, tablas, poli-sombras y zinc, en Ciudad Bolívar-Bogotá y Cazucá-Soacha, y muchos otros sectores de municipios cundinamarqueses se llama no hay espacios para el equívoco ‘Ladrillo verde’. Ladrillos cuyos componentes son  bloque estructural, rejilla, baldosa y adoquines.

     Donde se encuentre, el compositor venezolano Alí Primera ha de admitir que su letra ‘Techos de cartón’ o ‘Casas de cartón’ puede sufrir, desde el ánimo nuevamente esperanzado de algunos habitantes de la pobreza extrema, alguna modificación… Estos ya pueden pregonar: “Qué cerca pasa la esperanza, por las casas de cartón”.

FIN

Con la donación de más de un millón de ladrillos: bloque estructural, con rejillas, baldosas y adoquines y hasta tubería y acoples para alcantarillado, muchas familias han visto cristalizar sus sueños y renacer la esperanza de tener vivienda digna en medio de la pobreza.