Antes de que se me olvide...

     Fue Arquímedes —al diseñar su palanca y darse cuenta de que con solo un punto de apoyo podía mover cualquier cosa—, el que dijo, por allá en el año 340 del siglo II a. C.: “Denme una palanca y moveré a el mundo”.

     Claro que él no conocía que la tierra se movía alrededor del Sol y menos podía imaginar que veintitrés siglos después, un aparato del grande de la palma de una mano humana, cuadrado y electrónico, muchísimas veces más pequeño que una palanca, y teniendo como apoyo a las personas, no solo mueve, sino que estremece y cambia el mundo.

     En el año 1876 del siglo XIX Alexander Graham Bell inventó y patentó un aparato llamado teléfono, cuya función única primaria y que le motivó inventarlo fue la de recibir y emitir comunicación mediante la voz y sonido a la distancia por medios electrónicos y electromagnéticos. Yo creo que el dejó pasar la oportunidad de exclamar como Arquímedes: “Denme un teléfono y con su comunicación moveré al mundo”.

     Igualmente, en el año 2010, Steve Jobs al presentar al mundo el IPhone 4, también

desaprovechó la oportunidad para haber dicho: “Denme un celular inteligente y moveré al mundo”.

     Es por lo anterior, y porque Bell y Jobs ya no viven, que hoy yo exclamo en su honor y por ellos a frase con la cual he titulado este escrito: “Denme un teléfono celular inteligente y moveré y cambiaré el mundo”. Escrito en el cual sintetizó tantas cosas que hacemos desde hace siete años, continuamos haciendo y haremos en el futuro inmediato, con un teléfono inteligente.

     Los teléfonos inteligentes están en todas partes. Los jóvenes de menos de veinte años, no conocen un mundo sin él. Ellos vienen con características para hacer muchas cosas. Los hay en diferentes tamaños, colores y marcas. Y los más recientes de ellos son protegidos para no dañarse con el agua o partirse con caídas al suelo. La gente, usa los teléfonos inteligentes para hacer muchísimas cosas más que hablar a través de ellos.

     Muchos usan sus teléfonos inteligentes a toda hora, pero muy raramente hacen llamadas para hablar, como mis sobrinos adolescentes. Ellos se la pasan 'textiando' o sea enviando y recibiendo mensajes con sus amigos, escribiéndolos con sus pulgares y con una rapidez tan prodigiosa en tan diminutos teclados, que ya hubiera querido tener Betho el pianista, ¿te suena?, en las gigantescas teclas de su piano.

     Mi nieto Martín, de cinco años, lo usapara jugar sus juegos y escuchar sus canciones infantiles. Los de la segunda juventud lo utilizan para agregar amigos y comunicarse a través de los medios sociales, y los de la tercera juventud prefieren hablar y usar el correo electrónico. Yo lo uso para todo. Ahora mismo lo estoy utilizando para escribir, montar, editar textos y fotografías y enviar, a través de Messenger, este escrito desde Miami a José Orellano, allá en Bogotá. Los

mandatarios del mundo, sean de cualquier color como el rojo, azul o verde, usan la red social Twitter para escribir y mover al mundo, para el bien o para el mal.

     Es que hoy es muy difícil escaparnos de la celular-manía. Y es fácil entender la popularidad de estos teléfonos. Las personas queremos estar en contacto o comunicados con los demás y, al mismo tiempo, movernos hacia todas partes y no estar en un lugar fijo como en la casa, oficina o sitio de permanencia.

     Los teléfonos inteligentes hacen posible ambas cosas. ¡Allí está su magia! Los teléfonos inteligentes son un gran negocio y la tecnología cada vez los va perfeccionando. Pero contrario a lo que los jóvenes de hoy piensan, no siempre han existido. Hace 15 años existían los computadores personales y los teléfonos celulares. No existían los teléfonos celulares inteligentes. Estos apenas tienen siete años de vida, cuando fueron ‘engendrados’ en uno solo por la unión del computador y del celular. Este nacimiento se dio en el año 2010 cuando la Apple anunció al mundo el primer teléfono inteligente, su iPhone 4. La revista Times lo considero el suceso del año. En ese año yo hice un curso de una semana sobre el iPhone 4 y luego tuve que pasar un examen para obtener la certificación de la Apple para poder desbaratarlos, armarlos, usarlos, venderlos y activarlos cuando fui vendedor y manager de Radio Shack en el Sur de la Florida.

     Siguiendo la línea de mis escritos, una combinación de texto e imágenes, considerando que una imagen vale que mil palabras, podrás ver adjunto varios collages de imágenes de los teléfonos a través de la historia, también todo lo que puedes hacer y preguntar a los teléfonos celulares inteligentes, y que al verlas o leerlas nos llevan a preguntar que es lo que no hacen, antes de preguntar que es lo que hacen. Ahora pasemos a recordar cosas que hacíamos cuando no existían los celulares y menos los celulares inteligentes.

     *¿Quién no recuerda cuando para enviar un telegrama y hacer una llamada a larga distancia íbamos a las oficinas de Telecom? En los telegramas escribíamos lo mínimo pues nos cobraban por cada palabra escrita. “Mamá llego mañana Punto. Te amo Punto” y te cobraban cada palabra Punto. Y era tan lento para entregarlo al destinatario por el empleado de Telecom que llegaba en bicicleta a nuestras casas, que un amigo mío siempre previendo un retraso de tales telegramas un día le escribió a su esposa una mañana estando de viaje. “Amor, llego esta noche a las 7. Cuando leas este ya estaré en tus brazos. Punto.Yo”. Y en las llamadas telefónicas dabas el número con quien querías hablar y la ciudad destino. Te sentabas a esperar y, luego de un rato, escuchabas: “Listo Barranquilla, cabina cinco”. Era toda una aventura. Hoy, esto en tu celular, ¡es cuestión de segundos!

     *¿Quién no recuerda haberse perdido buscando una dirección y más aún en una ciudad extraña y grande llegando a ella por primera vez? Hoy el GPS, Google Map o Earth, soluciona esto y puede uno viajar sin guía turística incluso a la Luna.

     *¿Quién no recuerda haber leído los periódicos en papel y quedar con los dedos negritos de tinta al manosearlos? Yo compraba El Heraldo, mis vecinos de lado y lado de mi apartamento en Barranquilla, compraban El Tiempo y El Espectador los días domingos. Y luego de leerlos, nos los intercambiábamos. Hoy no solo los sigo leyéndolos sino a todos los del mundo que quiera ¡y gratis!

     *¿Quién no recuerda las fotografías tomadas en las fiestas familiares por el fotógrafo de la familia que llegaba en moto con tremenda cámara o las que nos tomábamos en las instalaciones de Foto Leo, etc.? ¿O las que nos tomábamos con la Kodak con rollos de solo 12 fotos? No había chance de repetición, quedaras como quedaras. Hoy te tomas las que quieras y borras las que no te gustan, además de ser instantáneas. Ahora bien, como en “la viña del Señor hay de todo”, existen personas que odian los celulares inteligentes, como muchos empleados cuyos jefes los llaman, les envían mensajes, hacen reuniones a través de las redes sociales en vivo a cualquier hora e incluso los fines de semana. Pareciera que en esas empresas se trabaja todo el tiempo y no hay tiempo para el descanso. Y lo consideran incorrecto, pues la tecnología es fantástica en muchas formas, pero pésima para otras. Y como el mundo hoy está polarizado casi en todo, los que están a favor, y allí me incluyo yo, opinan que los teléfonos inteligentes son buenos porque traen muchas utilidades o aplicaciones, información inmediata, comunicación en cualquier lugar y a cualquier hora. Nos permiten entretenernos a través de libros, música, transmisión en directo de deportes, shows y programas de televisión. En la otra orilla están los que consideran que los teléfonos inteligentes son costosos,

ruidosos la batería se descarga rápido, y no hay privacidad en sus vidas.

     También los teléfonos inteligentes nos plantean un sin número de preferencias para escoger como son: la de leer libros electrónicos o impresos, hacer llamadas o recrear o enviar correos electrónicos, usar teléfonos inteligentes o tabletas o computadores laptop, planear actividades en planeadores de papel o electrónicos, ver televisión en tu celular. Y para para terminar me pregunto, ¿qué nos espera del futuro en los teléfonos inteligentes? Nadie lo sabe pero yo desearía que, como uso mucho el mío y se me olvida cargarlo, ojalá los nuevos celulares no necesiten cordón para conectarlos a un enchufe o puerto de energía para recargarle la batería. ¡Soñar no cuesta nada!, pero yo creo que con lo rápido que están cambiando las cosas en estos maravillosos tiempos, uno nunca sabe que nos traerá el futuro. Gracias Alexander Graham Bell, Gracias Steve Jobs, gracias amable lector.

     Posdata: El autor de este escrito, su servidor, no es vendedor en la actualidad de celulares ni de celulares inteligentes de Apple ni de ninguna marca. Solo quiere compartir sus vivencias con estos estos aparatos que ama, que le han hecho mucho bien, como ahorrar dinero, estar en comunicación permanente con sus amigos y familiares, salvar su vida, ser más feliz. Ya no podría vivir sin ellos.