La literatura de Amira que no conocemos

     En la edición 128 de este periódico web se trató parte de la historia de vida y obra de la poetisa y dramaturga barranquillera Amira de la Rosa, nombre emblemático dentro de la cultura y letras de la ciudad y del país. Allí comenté sobre relatos, prosas y teatro, este último, parte importante y básica en la actividad cultural de la escritora, pero de quien en verdad poco se conoce por parte de la nueva generación de noveles escritores y estudiantes. Aunque en vida solo publicó un libro —la breve novela titulada ‘Marsolaire’—, sí fueron muchos los artículos escritos para la prensa de Colombia y de España, los que la hicieron darse a conocer en todo el país, tanto que inundó periódicos de la Costa, de Bogotá y otras ciudades del interior.

      La prosa de Amira más que todo fue dedicada a reflejar lugares, ámbitos y sensaciones características de este, su país, especialmente de su ciudad y de  la costa Caribe, además de escribir sobre España, donde vivió la otra mitad de su vida hasta el final de sus días.  Su escritura fue de alto lirismo, romance y sutileza, la misma que dio a entender a sus lectores que en esta escritora residían valores que iban más allá de los reconocidos en breves alabanzas de aldea”, según lo expresa en su compilación Dávila Martínez (2005).

     Toda esta biografía de Amira de la Rosa está incluida en el tomo I titulado ‘Amira de la Rosa’, compilación realizada por el escritor Enrique Dávila Martínez por encargo de la empresa Promigas S.A., de Barranquilla. Miles son

las anécdotas y escritos interesantes por conocer de esta escritora; por ello, continúo relatándoles parte de este volumen que mojaría tinta en varias ediciones de Muelle Caribe, para proseguir después con parte del tomo II dedicado a su obra de radiofonía, relatos infantiles, poesía y crítica.

     Amira de la Rosa fue amiga de escritores que para entonces ya eran connotados dentro de la literatura colombiana, como Jacinto Benavente (el menor de los Machado, dedicado al teatro primerizo, al que se le llamó Teatro Fantástico); amiga de Eduardo Caballero Calderón (novelista, periodista, ensayista, diplomático y político, dotado de prosa fácil y rápida); de los hermanos Serafín y Joaquín (dramaturgos y poetas españoles conocidos popularmente como los Hermanos Álvarez Quintero); de Eduardo Carranza (escritor, diplomático y agregado cultural en Chile para la época, creador de los poemarios “Canciones para iniciar una fiesta”, “Diciembre azul”, “Tú vienes por la calle”, entre otros). En fin, esas amistades y otras reconocidas en el ambiente  literario de Colombia le dieron gran valía en esos círculos, gracias a su instrucción, su rigor, su perspicacia y, sobre todo, a ese temple sensual que se trasluce en gran parte de su obra.

La letra del Himno de Barranquilla

     Con toda seguridad que en los colegios enseñan a sus estudiantes la letra y música del Himno de Barranquilla, necesario para iniciar eventos culturales y distritales, dentro y fuera del país. Pero, con toda seguridad, también, muchos alumnos no conocen el nombre de quién escribió su letra. Pues fue escrito por la dramaturga Amira de la Rosa en 1942. Pero antes se presentaron otros acontecimientos en la ciudad en años anteriores a esa letra.

     En 1928 la Sociedad de Mejoras Públicas de Barranquilla abrió sendos concursos para adoptar un escudo que identificara su institución, una bandera y la música de un himno, por lo que decidieron abrir convocatoria. Fue invitada una audiencia al Teatro

Emiliano, sitio importante de aquella época; una a una fueron interpretadas por la orquesta que conducía el director y pianista Alfredo Squaretta las versiones musicales presentadas al concurso. La composición ganadora determinada por los aplausos de sus asistentes fue la remitida por Carlos Coello Padilla (en aquel momento investigador cultural, contador, músico y Contralor Departamental), quien a nombre del músico panameño Simón J. Urbina presentó la partitura musical; por ese entonces ya el maestro residía también en Barranquilla. Urbina había arreglado inicialmente esa música para el Cuerpo de Bomberos de Panamá, su ciudad natal, pero por desacuerdos entre el maestro y los directivos del Cuerpo, no se llegó a ningún arreglo y él siguió dueño de su música. Pero esa fue solo la música del himno.

     Años más tarde, en 1942, a raíz de una protesta realizada por los habitantes de la ciudad por el inminente traslado de las oficinas administrativas de Avianca hacia Bogotá, durante los enardecidos rechazos y el frenesí con

que lanzaban sus reclamos, se dieron cuenta de que Barranquilla carecía de la letra de un himno que identificara su actual quehacer. Fue entonces cuando la Sociedad de Mejoras Públicas ofreció o cedió “su” himno privado para adaptarlo a la ciudad.

     Pero a esa música le faltaba lo más importante que identificara a la gente barranquillera: su letra. Pasaron los días y protestas, las oficinas fueron trasladadas a Bogotá, pero quedó el inconformismo de sus habitantes. Fue cuando el Concejo Municipal,

 en cabildo abierto, abrió otro

Amira flanqueada por otros dos motores de la cultura barranquillera: la poeta Meira del Mar y el cronista e historiador Alfredo De la Espriella.

concurso a nivel nacional para escogerla. Parte importante de la

junta calificadora fue el maestro Pedro Biava, quien resultó fundamental para elegir la composición ganadora, pues lo difícil era adaptar la cadencia de la música a la letra y viceversa. Intervino en ello la exigencia de la poesía, la métrica, los endecasílabos y eneasílabos conocidos por el maestro. Al final, resultó premiada la composición de cincuenta versos remitida por Amira de la Rosa bajo el seudónimo de ‘Pirausta’. Después la ganadora fue motivo de homenajes tanto literario como cívico y social; se le entregó medalla de oro y pergamino conmemorativo. También intervino el renombrado Coro de la Escuela de Bellas Artes y la orquesta de Pedro Biava. Por tanto, la Sociedad de Mejoras Públicas acreditó la letra del himno el 7 de abril de 1943, Día de Barranquilla, en sesión especial.

     A partir de ese primer éxito literario, a Amira de la Rosa le siguieron otros incentivos creativos para su escritura, como fueron las obras radiofónicas ‘Solitos en Miramar’, ‘Casta de infieles’, ‘El hijo de piedra’ y ‘La angustia del barco amarrado’, todos escritos inéditos. Además, a ese triunfo se le sumó la ya acumulada admiración adquirida entre la ciudadanía barranquillera, que estaba orgullosa de la letra de su himno, el mismo que le había otorgado carta de identidad a una urbe que le aportó mucho al país. En resumidas, con Amira de la Rosa hay mucha tinta que mojar con sus hermosas reseñas de vida literaria.

Nury Ruiz Bárcenas

Escritora-Periodista cultural

Orden Álvaro Cepeda Samudio (por difusión cultural)

Correo: funescritoresdelmar@gmail.com