Cuarto de guerra… Sala situacional… Cerebro de campaña

     Al marketing político, muchos aun lo ven como algo raro. Otro tanto lo mira como un perro de ojos azules a cuadros. En el Caribe colombiano, la mayoría de los que fungen como dirigentes, políticos o gobernantes, son lejanos y apáticos a la consultoría política y de gobierno. Por eso, hablar en terminología técnica de comunicación política con este tipo de clientes criollos resulta a veces ‘jarto’. Razones suficientes para que hoy les traiga un tema picante y ameno. ¿El propósito? Romper esos mitos y paradigmas. Entonces, pues, hablemos de War Room.

     ¿Qué es el War Room? Sencillo. Es el cerebro de cualquier campaña política.

     Claro el origen bélico de la expresión, se refiere al lugar físico donde el jefe militar se reúne con sus colaboradores más inmediatos para dirigir sus planes de batalla.

     La transposición del concepto a las campañas políticas ubica en el cuarto de guerra al más estrecho equipo de colaboradores del candidato o gobernante.

     ¿Haciendo qué? Pues dirigiendo las operaciones políticas.

     Allí se define la estrategia, desde allí se dirige su puesta en práctica, desde allí se monitorea, se supervisa, se corrige y se reacciona. Es el cerebro de las campañas.

     El cuarto de guerra es indispensable para todas las campañas políticas, grandes o pequeñas. Tanto para campañas electorales como para campañas gubernamentales o de partidos políticos.

     Sun-Tzu y Von Clausewitz contribuyeron con dos textos que hoy son clásicos y básicos para todos aquellos que gustan de la estrategia política y, mejor aún, de la mercadotecnia política.

     De esta forma, los conceptos militares

han permeado desde entonces el argot de la clase política, algunos con mayor significado y otros como mero reflejo de algunos que, sin conocer el tema, prefieren no quedarse atrás y hablar el lenguaje de los estrategas: guerra sucia, cuartel general de campaña, planeación estratégica, misiles, contraataque, son algunas de las palabras que trasladaron su uso en la milicia a la política.

     En los 90’s, los consultores políticos norteamericanos James Carville y Paul Begala crearon el concepto ‘Cuarto de guerra’, espacio desde el cual construyeron la imagen

de la campaña presidencial de la joven revelación del Partido Demócrata Bill Clinton.

     Acuartelados desde Little Rock estos irreverentes consultores establecieron el Cuarto de Guerra desde donde, de manera cotidiana, se dirigía el rumbo de la campaña del entonces gobernador de Arkansas.

     Hay otros que dicen que el termino tiene otro origen. Para muchos, el término viene del cuartel general del líder inglés Sir Winston Churchill en la II Guerra Mundial, 

The War Room era el nombre del centro de campaña de Bill Clinton en Little Rock, Arkansas, trama para una película. Aunque a la prensa no le era permitido su ingreso al pequeño laberinto del caos, los cineastas DA Pennebaker y Chris Hegedus lograron acceso parcial y allí grabaron casi 35 horas de metraje. En el centro de The War Room están los dos hombres que guiaron la nave de Clinton desde el principio: el fogoso, carismático y arrogante James Carville, que manejó la campaña con una mezcla de encanto sureño y pasión implacable, y el otro no menos irreverente Paul Begala, un dueto que movilizó a todo su personal para que Clinton se tomara, a punta de votos, la presidencia del imperio más poderoso del mundo.

denominado Cabinet War Room; fue William 

Safire, un periodista norteamericano que le escribía los discursos a R. Nixon, uno de los primeros en aproximarse al término y definirlo así: “Oficina central de mando, donde se toman las decisiones estratégicas de una campaña”.

     Por su parte, José Adolfo Ibinarriaga y Roberto Trad Hasbun, reconocidos expertos en comunicación estratégica, lo definían en 2009 como: “Un cuerpo colegiado de trabajo diario que atiende situaciones relacionadas con ataques o denuncias contra una campaña”. Yo agregaría que ambos conceptos son útiles para marketing político y de gobierno.

     Un ‘Cuarto de guerra’ es, en la práctica, el círculo de mayor confianza, compromiso y discrecionalidad que tiene un líder para recibir consejería sobre la estrategia y la táctica que debe aplicar en una situación particular. Un War Room no es un comité dedicado a crisis. Para las crisis puede existir un equipo alterno. No es el espacio donde se tejen las estrategias de campaña negra o guerra sucia. Habrá campañas o gobiernos que lo entiendan así, pero este es un concepto profesional que demanda de las campañas, los políticos y las personas que se atreven a integrarlo,

creatividad, audacia e inteligencia.

     A partir de entonces no hay consultor político, que se precie de serlo, que no recurra a constituir un ‘Cuarto de guerra’ para una campaña, aunque muchos de ellos no sepan ni entiendan de qué se trata.

     La confusión estriba en alucinar un centro de mando repleto de pantallas y dispositivos con tecnología de punta. Sin embargo, como lo exponen Carville y Begala, el ‘Cuarto de guerra’ va más allá de los recursos técnicos. Se trata de contar con la información precisa para la toma de decisiones con una visión estratégica en el día a día de una

Una mirada a una sala de guerra. Zona para el círculo de mayor confianza de un candidato, para actuar con compromiso y discrecionalidad en torno la estrategia y la táctica que debe aplicar en una situación particular.

campaña.

     A casi dos décadas de distancia en el tiempo, el ‘Cuarto de guerra’ 

evoluciona y se adapta a un nuevo ambiente donde los procesos de comunicación transitan de una era analógica a una digital, con un modelo interactivo. Y una nueva corriente de prosumidores (productor-consumidor) que encuentran su ámbito natural en las redes sociales, desde las cuales alternan su función de receptor-emisor en el flujo de los mensajes que ahí se generan.

     El reto actual de la comunicación política es reconocer que los nuevos medios son paulatinamente los que marcan la pauta informativa y, progresivamente, se consolidan como la fuente de información más confiable y cercana para la opinión pública.

     Los medios tradicionales ceden terreno cada día a los medios alternativos o emergentes. La comunicación política digital ó 2.0 avanza sin resistencia en las nuevas generaciones de ciudadanos-electores que, bajo su influencia, asumen un nuevo papel en la participación social y política, porque hoy emiten sin cortapisas su opinión, crítica o respaldo a los actores o fenómenos políticos.

     Una vez descrita la relevancia del concepto ‘Cuarto de guerra’, me permitiré presentar ejercicios de análisis político, descripción de escenarios o compartir mi visión sobre la imagen pública de los actores políticos que puedan orientar su percepción sobre lo que sucede en la clase política.

     Desde el ‘Cuarto de guerra’ buscaré adentrar al lector en el ejercicio de la práctica de la mercadotecnia política, como si estuviera en las entrañas de un equipo de campaña.

*MIGUEL MALDONADO MARTÍNEZ

Publicista Consultor y asesor-Marketing y Comunicación Política-Gerente Corporación MMM

     En estos duros momentos que atravesamos, hay que decir con claridad que la lucha de Venezuela y la de Colombia es una sola: Nunca más al populismo destructor que llevó a nuestros vecinos a la quiebra y ahora pretende llevarnos al mismo lugar.

     Por estos días salió a flote la noticia de que las Farc estarían organizando su estructura política en Venezuela, lo cual para nada es una noticia nueva. Desde hace ya varios años las Farc han utilizado territorio venezolano para refugiarse, esconder sus armas, manejar desde allí el narcotráfico y todo por supuesto con el visto bueno del “gobierno bolivariano”.

     Desde que Hugo Chávez era presidente de Venezuela, las Farc encontraron en su gobierno un aliado estratégico que compartía su ideología y servía, además, como eslabón clave en el tráfico de drogas. Tanto Farc como Eln y bacrim han sido pilares del llamado “Cartel de los Soles”, un complejo entramado que involucra altos mandos militares y políticos del oficialismo venezolano.

     La oficialización del surgimiento de las Farc como grupo político en Venezuela termina de confirmar el cogobierno del “Socialismo del Siglo XXI” con los grupos guerrilleros y narcotraficantes, lo que les ha significado un alto costo: la destrucción de su democracia.

     Muchas personas en Colombia insisten en que nuestro país jamás será como Venezuela y nos acusan de querer causar temor. Sin embargo, solo basta remontarse a la situación de ese país antes de la llegada de Chávez: unas instituciones en estado crítico, una sociedad polarizada, la corrupción en su máxima expresión y un caudillo con la promesa de ser la solución a todos los problemas. No es un panorama muy diferente al que tenemos hoy, con un gobierno que hizo trizas las instituciones y con varios candidatos que se consideran los dueños de la autoridad moral y que gritan desde sus atriles que todos quienes no comparten sus pensamientos son corruptos.

     Señalan las Farc que el objetivo de lanzar su plataforma en Venezuela es “desenmascarar a los principales instigadores fascistas que tratan de dividir a dos pueblos, como Colombia y Venezuela, unidos históricamente en la defensa de la paz y el internacionalismo revolucionario”. Así de simple pero peligrosa es su retórica: van tachando de “fascista” o “enemigo de la paz” a todo aquel que no pertenezca a su “bando”, como si no se hubieran dado cuenta que la Guerra Fría ya terminó. Peor aún, que anden envalentonados posando de “defensores de derechos humanos” y “promotores de la libertad” cuando ni siquiera han dicho la verdad, ni han reparado a las víctimas, ni se han arrepentido, todo esto con el patrocinio de un gobierno que no solo les dio impunidad, sino una inmensa cantidad de beneficios inmerecidos.

     En Colombia debemos tener el compromiso firme de construir un muro de contención contra ese modelo que destruyó Venezuela y que hoy desde varios sectores quieren imponernos en nuestro país. Necesitamos un gobierno fuerte que nos garantice que se fortalecerán las instituciones y no que proponga destruirlas. Hoy, la lucha de Venezuela y la de Colombia es una sola: Democracia y libertad.

MARTA LUCÍA RAMÍREZ