'Acontecimientos climáticos extremos' son “visibles”

     Un informe realizado por 24 organismos de investigación y organizaciones internacionales, incluidas la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), nos señala que el cambio climático ya tiene un impacto concreto en nuestra salud.

     El informe insta a todos los dirigentes de los países del mundo a acelerar la transición hacia una sociedad con bajas emisiones de carbono, de gases efecto invernadero y en la cual se implementen de manera definitiva las energías alternativas y no fósiles.

     Los ‘síntomas’ provocados por el aumento de las temperaturas y la multiplicación de los ‘acontecimientos climáticos extremos’ son “visibles desde hace unos años y su impacto en la salud es peor de lo que pensábamos”, señala el estudio publicado en la revista médica británica The Lancet y replicado por la sección Semana Sostenible, de la Revista Semana en Colombia. Dicen en el informe que entre los años 2000 y 2016, el número de personas afectadas por las olas de calor aumentó en alrededor de 125 millones,

alcanzando un récord de 175 millones de personas expuestas en 2015. Las olas de calor pueden provocar estrés térmico, agravación de insuficiencia cardíaca o una insuficiencia renal debido a la deshidratación.

     El aumento de las temperaturas también ha generado una caída de un 5,3% en la productividad laboral en las zonas rurales. Por otra parte, el cambio climático ha aumentado también el campo de acción del mosquito del dengue. Su capacidad de transmisión se ha incrementado en un 9,4% desde 1950 y el número de casos de personas 

con dengue casi se ha duplicado cada década.

    Entre 2000 y 2016, el número de desastres relacionados con el clima (huracanes, inundaciones, sequías, etc.) aumentó en un 46%, apuntan los investigadores.
Aunque no se puede atribuir de forma certera estos fenómenos al cambio climático, su vínculo es ‘posible’, y hay pocas dudas de que en el futuro haya un aumento de la “frecuencia y la gravedad” de estos desastres naturales.

     Está claro que los desastres naturales pueden tener muchos orígenes, pero no cabe duda que el cambio climático ha hecho que ocurran con 

El cambio climático ha aumentado el campo de acción del Aedes aegypti, mosquiti transmisor del dengue y la chikunguña.

más frecuencia y mayor intensidad. Colombia no ha sido ajena a estos eventos  y en los últimos meses le ha tocado enfrentar grandes tragedias invernales como las recientes en el Magdalena o las de abril en Manizales que provocaron deslizamientos que dejaron 16 muertos, 23 heridos, 500 familias damnificadas

y 80 viviendas con algún grado de destrucción. La ciudad fue declarada en calamidad pública.

     Recordemos que entre la noche del 31 de marzo y la madrugada del 1 de abril fuertes lluvias provocaron los desbordamientos de los ríos Mocoa, Mulato y Sancoyaco, en Mocoa, la capital del departamento del Putumayo, lo que generó deslaves y flujos de lodo que destruyeron viviendas, puentes y todo a su paso. La tragedia dejó 332 muertos, más de 400 heridos y 22.000 damnificados. Todos estos eventos hicieron que la gestión y prevención del riesgo se impusiera en la agenda pública del país y que, además, este comenzara a pensar en otros tipos de amenazas, como la vulnerabilidad de las zonas costeras.

     Para la bióloga Liliana Rodríguez, asesora de Gestión Integral del Territorio de la Comisión Colombiana del Océano (CCO), las costas colombianas enfrentan varios riesgos: En primer lugar, el cambio en la temperatura superficial del mar, que hace que las aguas suban y provoquen inundaciones en ciertos casos y que, además, favorece la entrada de especies o bacterias foráneas a los ecosistemas, lo que fuerza las migraciones e incluso la extinción de especies.

     Otra amenaza es la acidificación marina, que en términos prácticos no es más que la contaminación de las aguas del océano con CO2. Finalmente, está la erosión costera que

aqueja a las playas, debido a la desintegración de las rocas provocadas por las olas como efecto de

Desastre en Mocoa: 332 muertos, más de 400 heridos y 22.000 damnificados. El mal uso de los suelos...

las mareas y corrientes marinas. Cartagena, Barranquilla, Santa Marta y Buenaventura tienen el mayor riesgo por cuentade la erosión de sus playas y las construcciones cercanas al mar. En esto coincide Diana Moreno, encargada de la Dirección de Asuntos Marinos Costeros y Recursos Acuáticos (Damcra) del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. “El 42 por ciento de las costas en la región Caribe y otro 17 por ciento en la región Pacífico, presentan problemas de erosión costera, situación que se ha venido incrementando en los últimos años, en parte debido a la improvisación e implementación de soluciones individualizadas que no cuentan con los estudios técnicos necesarios, ni un análisis integral”.

      Lo anterior puede traer varias consecuencias: desabastecimiento de agua dulce, susceptibilidad a inundaciones en áreas municipales y agropecuarias por cuenta de los cambios en las líneas de costa, reducción del turismo y pérdidas de viviendas y vías de acceso. Para Jorge Enrique Gutiérrez, jefe de Vulnerabilidad y Adaptación del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) “cuando un territorio tiene vulnerabilidades preexistentes como comunidades en condiciones socioeconómicas bajas o municipios en donde no se tienen planes de gestión del riesgo que incluyan elementos de cambio climático, las posibilidades de afectación e impacto de los fenómenos asociados serán mayores”.

      Gutiérrez dice que la principal herramienta para los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) es tener información que permita planificar y tomar decisiones con criterio técnico. “Las comunidades juegan un papel muy importante y casi siempre son las últimas en enterarse del posible impacto del cambio climático sobre sus territorios”, asegura. Y es que muchos municipios no reconocen la zona costera como parte de su vida, no la delimitan y por lo tanto no la administran. En un estudio realizado por la Superintendencia de Servicios Públicos para los prestadores de aseo en municipios costeros, se evidencia que solo 17 de 47 cuentan con un plan de gestión de residuos sólidos que tiene en cuenta la playa. “Sin embargo, solo uno ejecuta acciones para su limpieza”, afirma 

Liliana Rodríguez.

     Constanza Ricaurte afirma que “los POT y los esquemas de ordenamiento territorial (EOT) en Colombia deben incorporar el tema medioambiental, las geoamenazas y el cambio climático. Sin embargo, muchos de estos planes se quedan en el papel debido a falta de control y a presiones políticas y económicas”. De hecho, el Ministerio de Ambiente aseguró, el pasado agosto, que cerca de 890 municipios tenían vencidos sus POT e hizo un llamado para tener en cuenta las variables ambientales y que nos adaptemos al cambio climático.

     En Cartagena, el 59,74 por ciento de la zona costera presenta alta y muy alta amenaza por erosión costera, producto de los efectos del cambio climático. Ante este panorama desde el 2014 la ciudad trabaja en el Plan Cartagena Competitiva y Compatible con el Clima (Plan 4C), que establece el impacto que sufrirá la ciudad en 2040 de no tomarse medidas de

La erosión marina no sólo afecta a Tierrabomba, sino a toda la zona costera que va desde el río Magdalena hasta el golfo de Urabá. A la altura de las playas del corregimiento de Salgar, jurisdicción de Puerto Colombia, la erosión costera trata de ser acentuada con trabajos de la Gobernación del Atlántico.

adaptación.

     Entre las posibles consecuencias estarían afectaciones de hasta el 86

 por ciento en el patrimonio histórico, 70 por ciento en áreas de manglar por aumento del nivel del mar, disminución de la pesca artesanal, daños en infraestructura vial y pérdidas del 100 por ciento de las playas, además de aumento en los casos de dengue y chikunguña.

     En Atlántico también saben de los riesgos. Edison Palma, subsecretario de Gestión del Riesgo del departamento, asegura que están invirtiendo recursos para controlar la erosión costera en Puerto Colombia, en las playas de su casco urbano y en el corregimiento de Salgar. Además, “para estabilizar la línea costera y controlar la erosión marina se promueve el mantenimiento de espolones”. En este tema ya se han invertido 300 millones de pesos y, según Palma, el próximo año se tiene proyectado intervenir las playas de Santa Verónica y el municipio de Juan de Acosta. “El gran problema son los costos. Son precarios los recursos que se tienen para intervenir los 97 kilómetros de playa que tiene el departamento”, añade.

     En Santa Marta, Jaime Avendaño, director de Gestión del Riesgo, comenta que el único proyecto ejecutado es el de recuperación de la bahía de la ciudad, tarea conjunta con el gobierno nacional. “Lo que se busca es recuperar el frente costero de Santa Marta en las partes donde se haya erosionado para que sigan cumpliendo su función de atractivo turístico”.

     Adicionalmente, afirma que han comenzado a liderar iniciativas y a realizar estudios para encontrar soluciones de fondo para la erosión costera. “Si no se desarrollan estos proyectos, la afectación va a ser gradual. El frente costero y las playas a la larga desaparecerán si no se hace una intervención. Los problemas que tiene la ciudad los debemos solucionar con o sin ayuda del gobierno nacional”.

     Colombia es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático y por lo tanto debe seguir trabajando en adaptarse y gestionar el riesgo. Este es todo un gran reto, más cuando los expertos en el tema aseguran que la vulnerabilidad se puede reducir, pero no eliminar, porque nunca habrá «riesgo cero». Manos a la obra. Si no empezamos a trabajar ya, más tarde será peor…

Próxima semana: La importancia de convocar las mesas temáticas de adaptación al cambio climático.