Mucho se habla de ellas, pero he aquí la realidad

     Yo creía que sabía algo de redes sociales, hasta llegué a pensar que era una especie de experto en estos temas… Vaya qué sorpresa tan grande recibí, hablando con mi hijo Javier Andrés, quien es publicista y especialista en Social Media. Ejerce como un verdadero Community manager de un gran artista colombiano y me puntualizó unas cuantas verdades sobre las redes sociales.

     Me dijo: “Si estás con poco tiempo te lo puedo resumir en una sola frase: el gran secreto de las redes sociales es compartir”.

     —¿Compartir? —le dije interrogativo.

     Y punto. Ya puedes abandonar este artículo. O seguirlo para profundizar, pero la clave está ahí: ¡compartir!

     El de las redes sociales es uno de esos temas estrella, uno de esos temas sobre el cual todos hablan y todos quieren saber.

     En especial, políticos, consultores y profesionales quieren saber cómo utilizar mejor Facebook, Google +, Twitter, YouTube y otras redes.

     Y es lógico que así sea: cada una de esas redes es como si fuera una gigantesca ciudad, en la cual puedes encontrar a tu vecino de la puerta de al lado, a los que viven en otro barrio, en otra parte del país o en otro país.

     Entonces, piénsalo así: cada red social es una enorme ciudad. Y compara cuáles son las mayores ciudades del

mundo:

     1.- Facebook: más de 1.100 millones de personas.

     2.- YouTube: unos 900 millones de personas.

     3.- Google +: unos 600 millones de personas.

     4.- Twitter: 800 millones de personas.

     5.- Linkedin: más de 300 millones de personas.

     6.- Tokio: 40 millones de personas.

     7.- México: 30 millones de personas.

    8.- Nueva York: 25 millones de personas.

     9.- Bombay: más de 20 millones de personas.

     10.- Seúl: más de 20 millones de personas.

     Saca las cuentas en tu país y te aseguro que en Facebook vive más cantidad de tus compatriotas que en las demás ciudades.

     ¿Por qué están allí de un modo tan masivo?

     Lo dicho: para compartir.

     Las redes sociales permiten el contacto con los demás saltando las barreras de la distancia. Y ese contacto es tanto más valorado por la gente cuánto más valiosos sean los contenidos compartidos.

     Entonces: si quieres tener un buen resultado de tu presencia en redes sociales lo que tienes que hacer es compartir con los demás.

     ¿Compartir qué?

 Pues depende de la persona, de sus objetivos en las redes y de cuáles son las que utiliza.

     Por ejemplo:

     *Facebook es la red más personal y allí dominan mucho las imágenes.

     *YouTube ya sabes que es para compartir videos.

     *Google + tiene varias similitudes con Facebook, aunque con un diseño visual muy diferente, con más proporción de contenidos ‘serios’ y menos juegos y comentarios intrascendentes.

     *Twitter es el reino de la brevedad y la síntesis: apenas 140 caracteres por cada mensaje. Y puedes seguir a cualquier persona del planeta y ver qué pública. Es una red ideal para compartir enlaces a artículos y notas de interés.

     *Linkedin es la red más profesional y empresarial y facilita los contactos en ese rubro, por lo tanto, el tono y el contenido de lo que se comparte tiene que estar vinculado con estas temáticas.

     Con estos ejemplos simples te quiero decir no solamente que tienes que compartir para aprovechar mejor las redes sociales, sino también que tienes que compartir de acuerdo con tus intereses y, fundamentalmente, respetando las características de cada red y de los usuarios de la misma.

     Al usuario de Linkedin no le interesan las fotos de tu adorable abuelita.

     Al usuario de Facebook no le interesan los hashtags y los RT.

     Al usuario de Twitter no le interesa lo que estás comiendo.

     Al usuario de YouTube no le interesan los videos demasiado largos.

     Al usuario de Google + no le interesa Farmville.

     Comparte, sí…

     Pero respeta las diferencias entre los usuarios de cada red social.

     Comprende que son diferentes.

     Comprende que tu propio comportamiento es diferente cuando estás en cada una de ellas.

    ¡Y que viva la diferencia!

MIGUEL MALDONADO MARTÍNEZ

Por Marta Lucía Ramírez

     Es impresentable que en un país con la economía en cuidados intensivos, el gobierno sea tan insensible de meterse en los bolsillos de quienes con la fuerza de su trabajo han ahorrado para acceder a una oportunidad de vivienda o educación.​

     Por estos días salió a la luz pública un proyecto presentado por el ministro de Hacienda que pretende descapitalizar el Fondo Nacional del Ahorro y apropiarse de 400.000 millones, supuestamente para inversión social. De no haber sido porque desde las redes sociales se hizo la denuncia, muy probablemente nadie se habría enterado y el gobierno habría logrado su cometido sin mayores percances.

     Decía Margaret Tatcher   que “el Estado no tiene más dinero que el dinero que las personas ganan por sí mismas y para sí mismas. Si el Estado quiere gastar más dinero, solo puede hacerlo endeudando tus ahorros o aumentando tus impuestos”. 

     En este caso, el gobierno ha recurrido a ambas: aumentar los impuestos vía reforma tributaria, pero también apropiarse de parte de los ahorros de los colombianos. Peor aún, sabiendo que aunque se diga que son para “inversión social”, muy probablemente estos recursos terminarán convertidos en más de la famosa “mermelada”.

     Es impresentable que en un país con la economía en cuidados intensivos, el gobierno sea tan insensible de meterse en los bolsillos de quienes con la fuerza de su trabajo han ahorrado para acceder a una oportunidad de vivienda o educación.

     Si bien desde el ejecutivo se ha dicho que esta descapitalización no representa peligro alguno para el Fondo Nacional del Ahorro, los expertos han señalado todo lo contrario. Para no ir muy lejos, Augusto Posada   —expresidente del FNA—, ha asegurado que “nunca en sus 50 años se había tocado al Fondo Nacional del Ahorro (FNA) y a sus ahorradores para desfinanciarlos”.

     Mientras Colombia atravesaba por la bonanza petrolera entre 2011 y 2015 con un precio superior a 100 dólares por barril, se calcula que se logró un presupuesto de $57 billones, de los cuales $13 billones fueron destinados a grandes proyectos viales, entre ellos la “Ruta del Sol”, hoy vinculada al escándalo de Odebrecht. El resto de ingresos sirvieron para alimentar una maquinaria electoral por medio de los llamados “cupos indicativos”, que no son más que tajadas con las que el gobierno compró todo y a todos para garantizar “gobernabilidad”.

     Si hubiera existido una mentalidad gerencial y políticas de Estado de medio y largo plazo, dichos recursos se hubieran podido invertir en ciencia, tecnología, innovación y emprendimientos; y no en satisfacer la insaciable vanidad y cortoplacismo del oficialismo.

     Sin pena ni gloria, el gobierno está enviando el mensaje de que no le importa exprimir hasta el último peso los recursos de los colombianos y dejarnos las manos amarradas a pesar de que ya llega al ocaso de su periodo y con una aceptación por el piso. No solo pone en inminente riesgo la estabilidad del Fondo Nacional del Ahorro sino que sigue dejando al país “empeñado” y con una responsabilidad fiscal enorme para el gobierno entrante. Sobre este asunto deben estar vigilantes los congresistas, los candidatos a la Presidencia y los funcionarios públicos. Que no “raspen la olla” para quedarse con nuestros ahorros como si fueran “la caja menor” de la que echan mano cada vez que el apetito voraz del clientelismo les pide más.

MARTA LUCÍA RAMÍREZ