La patrona de quienes sufren discriminación

El 21 de octubre de 1949, a sus 75 años, murió María Laura de Jesús Montoya Upegui. Tal hecho se conmemora en esta fecha como el Día de Santa Laura. Comienza octubre y vamos a prepararnos para la celebración, cuatro años después de su canonización a manos del Papa Francisco.

     El próximo sábado 21 de octubre —¡pilas!, Sol María— es Día de Santa Laura de Santa Catalina de Siena, quien en vida respondió al nombre de María Laura de Jesús Montoya Upegui.

     Y lo es, escogido por la iglesia católica para tal celebración —el 21 de octubre es su día en el santoral—, porque un 21 de octubre, el del año 1949, a sus 75 calendas, murió quien había nacido el 26 de mayo de 1874 en el municipio antioqueño de Jericó.

     Agradecido con la Madre Laura, el director de El Muelle Caribe ha ciber-viajado en busca de información sobre la única santa colombiana y, recurriendo a diversos sitios web, recrea historia y precisa que el 25 de abril de 2004 fue beatificada por el Papa Juan Pablo II —hoy día, santo

como ella— y que el 12 de mayo de 2013 fue canonizada, es decir: hecha santa, por el actual Papa Francisco.

     Vía Facebook, el director había puesto en manos de la Madre Laura la vida de su hermana Ena Isabel, quien tras una inconsciencia provocada por un ataque hipoglicémico —coma diabético— que le bajo el azúcar a 20, prácticamente volvió, tras largo rato fuera de ella, a la vida, anunciando que tal experiencia le han fortalecido sus ganas de seguir viviendo, mientras que enfermeras y médicos de la Clínica Central del Norte de Barranquilla, en medio de gran asombro, no saben explicar la rápida recuperación de la paciente de 77 años.

     Milagrosa en sanaciones físicas, la Madre Laura es patrona de los discriminados racialmente, de los huérfanos y de la congregación de las Misioneras de María Inmaculada y de Santa Catalina de Siena. De ahí, que la iglesia la presente como Santa Laura de Santa Catalina de Siena, quien es la copatrona de Europa e Italia, doctora de la Iglesia 

e inspiración de la Madre Laura para haber creado la hermandad de devotos ya referida.

     Etimologicamente, su nombre —Laura—, originario de la lengua latina, significa “aquella que triunfa”. Y fundamentada en su fe plena, solía decir “Destrúyeme Señor y, sobre mis ruinas, levanta un monumento para tu Gloria”.

     Virginal, tras haber crecido en medio de una pobreza extrema consecuencia del asesinato de que fue víctima su padre cuando ella era niña aun, se dedicó, con notable suceso, a anunciar el Evangelio entre los pueblos indígenas que aún desconocían la fe en Cristo y fundó la Congregación de las Hermanas Misioneras de María, 

apoyada por monseñor Maximiliano Crespo, obispo de Santa Fe de Antioquia. Su profesión de maestra hubo de hacerla andar por varias poblaciones de Antioquia y la llevó luego al Colegio de La Inmaculada en Medellín.  En su magisterio no se contentó con el saber humano, sino que expuso magistralmente la doctrina del Evangelio. Formó con la palabra y el ejemplo el corazón de sus

Desde las selvas de Antioquia, la labor y misión de la Madre Laura con los indígenas —a quienes evangelizó si cercenarle su cultura ni sus creencias primitivas— ha dejado, para la perennidad, un mensaje de tolerancia y respeto al mundo entero.

discípulas,  en el amor a la Eucaristía y en los valores cristianos. Y fue en un momento de su trayectoria como maestra, cuando se sintió llamada a realizar lo que llamó ‘La obra de los indios’. En 1907, en Marinilla, escribió: “Me vi en Dios y como que me arropaba con su paternidad haciéndome madre, del modo más intenso, de los infieles. Me dolían como verdaderos hijos”. Este fuego de amor la impulsó a un trabajo heroico al servicio de los indígenas de las selvas de América.Tal obra misionera de María Laura de Jesús Montoya Upegui, en especial con los indígenas, fue autorizada oficialmente por la Iglesia en 1916 y rompió esquemas y proyectó a la mujer como misionera en la vanguardia de la evangelización en América latina.

     De acuerdo con el periodista Andrés Felipe Lasso —página web del periódico ‘El campesino’— “la Madre Laura practicó una pedagogía de evangelización que no despojaba al indígena de sus raíces culturales, sino por el contrario, le permitía encontrarse con Cristo y su amor, fuera de marginaciones y clasificaciones anti-humanas y anti-civilizadas, lo cual demuestra la iluminación de esta mujer que iba muchos pasos adelante en el tiempo, siendo, de cierta forma, una evangelizadora y defensora de los derechos humanos y el patrimonio cultural”.

       Su pensamiento encaja literalmente en la pastoral Gaudium et Spes —‘La alegría y la esperanza’, 7 de diciembre de 1965— y es que no era solo su pensamiento sino una práctica real, medio siglo antes de esta proclama: “no faltan quienes piensan que la catequización debe principiarse por hacer que los indios boten la paruma para vestirse el pantalón; que olviden su lengua primitiva para reemplazarla por la castellana; que destruyan sus bohíos y se alojen en casas; que se les arranque por la fuerza de un mandato o de una disciplina marcial sus tradiciones y costumbres seculares para que adopten lo que ven con horror en aquellos que con más o menos responsabilidad y quizá inconscientemente ha causado la ruina casi total de su raza. Esto, sobre imposible, es cruel.”

     “La Madre Laura”, precisa Lasso, “con su labor y misión deja un mensaje de tolerancia y respeto al mundo de hoy, que parece alienado por el individualismo y la cultura del descarte y la discriminación, lo cual se evidencia, por ejemplo, en nuestro país, en el desconocimiento a las minorías, entre ellos los indígenas”.

      María Laura de Jesús Montoya Upegui realizó la profesión religiosa en la comunidad que el Señor mismo le fue inspirando.

     El próximo 21 de octubre, sábado, es el Día de Santa Laura. Y el espíritu del director se apresta a conmemorarlo.

     —Comienza a forjarse mi deuda contigo, Laura —le dice el director de El Muelle Caribe a la venerable Santa—. Creo firmemente que correspondiste a mi súplica. La Seño Ena, mi hermana mayor, sigue con vida.

EL PERDÓN, SOBRE TODO

     De la Agencia Católica de Informaciones, ACI-Prensa (www.aciprensa.com), con sede en Perú, la dirección de El Muelle Caribe ha tomado aspectos de un breve perfil de la Madre Laura a fin de dedicarle un amplio espacio de esta actualización a la santa antioqueña que, a partir de este jueves 28 de septiembre, tiene en el director de El Muelle Caribe a su nuevo devoto.

     Nuevo devoto de quien nació, hace 143 años, en una familia muy cristiana. Cuando tenía dos años, su padre fue asesinado en una época dura para el país y su familia quedó en la orfandad y la pobreza.

     En medio del dolor, aprendió la importancia del perdón. En pleno crecimiento, María Laura de Jesús Montoya Upegui le preguntó un día a su madre quién era esa persona por quien rezaban siempre y su progenitora le respondió que lo hacía por aquel hombre que asesinó a su padre.

     Ya de joven, María Laura de Jesús estudió para ser maestra con el propósito de ayudar en el hogar, pero no

Las discípulas de la Madre Laura fueron formadas por ella, con la palabra y con el ejemplo, en el amor a la Eucaristía y en los valores cristianos.

faltaron las incomprensiones e incluso calumnias que mancharon su fama. Golpeada por los problemas, Laura encuentra refugio en la oración y pudo continuar su tarea

pedagógica, hasta convertirse en una líder de su tiempo.

     María Laura de Jesús, Madre Laura, siempre tuvo la inquietud de evangelizar a los indígenas. Al buscar apoyo para esa causa, decidió viajar a Roma y hablar con el Papa Pío X. Cuando tenía todo listo para el viaje, se acercó a visitar a la Inmaculada en la Catedral de Medellín.

     Frente a la imagen, oró así: “Mira Señora, este dinero. Es el fruto de economías de muchos años y va ahora a gastarse en hoteles y barcos. Y todo porque tú, Señora mía, me dejas sufrir sola y no me haces el mandado a Roma. Esta misma noche preséntate, te lo ruego, al Santo Padre y cuando él ponga la cabeza en la almohada, hazle sentir los gemidos de los pobres salvajes del mundo y compromételo a hacer algo por ellos. Suspendo el viaje, mientras me traes la respuesta del Papa”.

     A la salida del templo, le preguntó a un amigo sacerdote cuánto se demoraría en venir una carta desde Roma y él le contestó que más o menos mes y medio. Al cabo de tal periodo, el Pontífice publicó la encíclica Lacrymabili statu indorum —‘El lastimoso estado de los indios’—, y pidió a los obispos ayudar a los grupos humanos marginados de la civilización y la Iglesia.

     Junto a sus seguidoras, Madre Laura trabajó en la evangelización de los indígenas y en 1914 fundó la familia religiosa ‘Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena’.

     Había de contar Santa Laura que, cierta vez, estando en oración ante el Santísimo, vio mentalmente que muchas culebras y fieras se pusieron al frente de ella. Dios les ordenó a los animales que a ella y a sus discípulas jamás les hicieran nada y que los animales, sintientes, tampoco recibirían daño. Hasta hoy no se conoce que alguna religiosa de las ‘Lauritas’ haya sido atacada por algún animal ponzoñoso.

     La mayoría de los indios ignoraban sus derechos y se consideraban inferiores a los animales, razones para que Madre Laura los ayudara a reconocer su condición de racionales y, luego, como hijos de Dios. Más adelante alentó a la Iglesia y al gobierno para que esta población sea integrada en el contexto nacional, con respeto a su lengua y tradiciones.

     Esta sed de hacer conocer a Jesucristo se resume en su famosa frase: “Dos sedientos, Jesús mío: Tú de almas y yo de saciar tu sed”. Asimismo, una de las primeras oraciones que la Santa enseñó a los indígenas fue la jaculatoria: “María, madre mía, ¡sálvame!”.

     Apoyada por unos, perseguida por otros, y mirada como mujer excéntrica, las dificultades jamás la desanimaron y logró gran

influencia en la visión pastoral latinoamericana.

     “Después de pasar 9 años en silla de ruedas y de sufrir una larga y penosa agonía, es llamada a la Casa del Padre en 1949, dejando a su Congregación, en expansión, con 90 casas en tres países y 467 religiosas”, cuenta ACI.

     Uno de los milagros por intercesión de Santa Laura, aprobados por la Santa Sede, es la curación de un cáncer en estado terminal de doña Herminia Gonzáles de Álvarez, que vivía en Medellín en 1993. Sobre la base de esta milagrosa mediación, el director ha recurrido a Santa Laura de Santa Catalina de Siena para que salve y fortalezca la existencia de Ena Isabel Orellano Niebles viuda de Abdo.

     Los restos de Santa Laura de Santa Catalina de Siena, primera y única santa colombiana, descansan en el Santuario de la Luz, en Medellín. Una visita a ese sitio permite conocer la habitación donde ella pasó los últimos momentos de su vida y apreciar reliquias como el primer hábito que usó, sus silicios y un mechón de cabello, entre otros.

OTRA VISIÓN

Estando en la Basílica de San Pedro en noviembre de 1930, tras una viva oración eucarística, la Madre Laura Montoya Upegui escribió: “Tuve fuerte deseo de tener tres largas vidas: La una para dedicarla a la adoración… La otra para pasarla en las humillaciones… La tercera, para las misiones; pero al ofrecerle al Señor estos imposibles deseos, me pareció demasiado poco una vida para las misiones y le ofrecí el deseo de tener un millón de vidas para sacrificarlas en las misiones entre infieles. Mas, ¡he quedado muy triste! y le he repetido mucho al Señor de mi alma esta saetilla: «¡Ay! que yo me muero al ver que nada soy y que te quiero!»”.

     Servidora de la verdad y de la luz del Evangelio, recibió el Bautismo cuatro horas después de su nacimiento. El sacerdote le dio el nombre de María Laura de Jesús.

     Su sed de Dios fue permanente y quería ir a Él ‘como bala de cañón’.

     Esta mujer admirable creció sin estudios, por las dificultades de pobreza e itinerancia a causa de su orfandad, hasta la edad de 16 años cuando ingresó a la Normal de Institutoras de Medellín, para hacerse maestra elemental.  Sin embargo, llegó a ser una erudita en su tiempo,

una pedagoga connotada, formadora de cristianas

Madre Laura, la escritora. Y con original estilo.

generaciones, escritora castiza de alto vuelo y sabroso estilo, mística profunda por su experiencia de oración contemplativa.

     Algunas de sus obras son ‘Historia de las misericordias de Dios en un alma’ (autobiografía), ‘Aventura de Dabeiba’, ‘Voces místicas de la naturaleza, manojitos de mirra, lampos de luz’, un legado precioso que bien merece ser conocido y difundido.

     Laura Montoya en Colombia al igual que Teresa de Jesús en España se eleva como estandarte para mostrar a la humanidad la misericordia sin límites de Dios, que se muestra al mundo en el temple de unas mujeres que, contra hostilidades violentas, salieron triunfantes por gracias de Dios. 

     Toda su vida estuvo marcada por la absoluta obediencia a la Iglesia, se sometía minuciosamente a las órdenes de sus confesores y directores espirituales, para ver en sus consejos la voluntad del mismo Dios. Por mucho tiempo sufrió, puesto que ningún sacerdote se quería hacer cargo de su dirección por la altura de su espiritualidad. Estos llegaron, incluso, a recomendarle que “Dígale resueltamente a Dios: «Ya que no me hiciste nacer en tiempo de San Francisco de Sales, hazme nacer ahora un San Francisco de Sales porque lo necesito»”.

     La Madre Laura es testimonio grandioso para el pueblo colombiano y la Iglesia universal.

 

El 20 de diciembre de 2012, el Papa Benedicto XVI anunció al mundo que había autorizado la canonización de la beata antioqueña María Laura de Jesús Montoya Upegui… Se hizo pública tal decisión, después de reconocerse un milagro a favor de un médico antioqueño que, inexplicablemente, sanó de serios problemas de salud. Para la medicina, el enfermo recibió sanación milagrosa, hecho científicamente comprobado y verificado.