Como detenido en el tiempo, es un río de vida...

     Ayer fui asaltado impunemente en mis recuerdos, cuando vi por las redes la canción de Carlos Vives sobre Pescaito.

     Me puse inmediatamente con el alma a recuperar los recuerdos perdidos en la bruma del tiempo. Trato de recordar aquellas imágenes de la infancia, trato de graduarlas para que aparezcan nítidas, pero se desdibujan, otra vez… Lucho por recobrarlas y me siento frustrado por no lograrlas, entonces, buscando consuelo, me acuerdo  de que es necesario olvidar; si nosotros recordáramos todo, todos los acontecimientos de nuestra vida y de nuestra infancia, si nos asediaran todos los rostros que hemos visto, si tuviéramos presentes todas las experiencias que hemos vivido, caeríamos en la locura, no solo en un insomnio terrorífico, sino en una imposibilidad de pensar y de recibir alguna nueva experiencia. Estaríamos abrumados por el peso de nuestros recuerdos, pero de eso nos libera nuestra capacidad de olvidar. ¡Qué tal que nos acordáramos de todo lo que nos dieron en el bachillerato! ¡Caeríamos en la

locura!

     Pero volver a recordar es bueno porque, así como hay que encontrar una proporción de olvido, habrá que encontrar una proporción de recuerdo para no caer en los extremos de la balanza. Y Vives, con esa canción, me “ha movido el alma, quitado el sueño y robado la calma”. Otra vez Pescaito vuelve en los recuerdos, su bullicio en 

Panorámica de Pescaito —Pescaito en todo su esplendor— para enmarcar a dos figuras de especiales connotaciones para Pescaito: Carlos Vives, que le canta, y Carlos Valderrama, ‘El pibe’, un referente irreemplazable por el momento.

torno a un partido de fútbol en ‘La castellana’ por una atajada de mi

primo José Bolaños, una jugada exquisita de John Rojas —aquel muchacho que acariciaba el balón con pies de poeta y a quien ‘El pibe’ siempre admiró— o aquel gol de ‘Catira’ Simanca, ese prospecto arrebatado por la violencia, o la del vendedor de “oiga: la avena… la avena”, que pasaba siempre encachuchao  al medio día bajo el sol; las patinetas de balinera chirriando  en el parque contiguo a la iglesia manejadas por ‘Pata de yuca’ y sus amigos… Los cohetes elevándose en el cielo celebrando la Virgen del Carmen con ‘El nene vaca loca, echando fuego por la boca’; los obreros pavimentando la calle seis… Esas imágenes me hacen volver, sin remedio, para decir que mi barrio natal, Pescaito, es emblemático y paradójico. Está cerca al Centro Histórico, pero no se mira como centro… Es vecino del puerto marítimo al que le proporcionó los mejores estibadores, pero fue separado por muros, por un desembarcadero

de gran calado, donde llegan buques de todas partes del mundo que, no más por visitarlos, conecta con la cultura universal propia de los puertos del Caribe.

     Pescaito es paradójico: aunque parece detenido en el tiempo, es un río de vida, su infraestructura es anacrónica desde el punto de vista de saneamiento y servicios

públicos domiciliarios y, la verdad, urge mantenimiento y adecuación.

     Pero Pescaito es vida, tambor, bullicio

El Carnaval de Pescaito, organizado por Funcarpes —y con reina coronada—, el estallido cultural de un pueblo que transmite pasión, vida, ensueño, en medio de su colorido.

de pueblo con paso alegre y en tono de fiesta. En tiempos de Carnaval, toda Santa Marta tiene que ver con el barrio Pescaito, es su alma y su color.

     Este año estuve en el Carnaval, invitado por Funcarpes —la fundación que organiza las carnestolendas en el barrio—. Dos amigos de la Casa de la Cultura lograron la invitación que decía que tenía que ser jurado de comparsas y bailes. Ese sábado de Carnaval sentí lo que las palabras no alcanzan a describir: un pueblo que transmite pasión, vida, ensueño, en medio de su colorido.

     Eso es Pescaito… ¡Ni más ni menos!

Del video de la canción a Pescaito, de Carlos Vives

Las ilustraciones tanto en portada como para el titular de esta sección, la panorámica y este collage —menos la foto del mar, aunque es de Pescaito—, son imágenes capturadas del video oficial de la canción que Carlos Vives le ha compuesto a Pescaito y que, en conjunto, asaltaron impunemente los recuerdos del autor de la nota.