La Madre Laura y la Seño Ena tienen algo en común: la profesión: maestra.

     Y maestra también es Aymee e igual lo es Ingrid, las dos, hijas de la seño Ena.

     Este jueves 28 de septiembre, quien esto escribe —hermano de la Seño Ena, su alumno en aquel quinto elemental que, obligado, debí repetir a mis 11 años— se vio abocado a invocar a la Madre Laura para

Aymee Abdo Orellano de Barceló y su señora madre Ena Isabel Orellano Niebles viuda de Abdo… Aymee ha sido la voz que informa la evolución de las complicaciones de salud que han afectado a la Seño Ena, situación de la cual ha venido emergiendo desde la tarde del jueves 28.

que intercediera ante sus Superiores a favor de la vida física de la Seño Ena. De la física, sí, porque la espiritual ella la ha tenido resuelta desde siempre: se la ha administrado, y con lujo de detalles, María Auxiliadora, de quien la Seño Ena ha sido devota, quizá durante 50 de los 77 años que ha vivido.

     Sí, ese día, por encima de todo pecado, me atreví a lanzar un “elegante lamento” —como lo ha llamado Arnaldo Cotes Córdoba— con petición directa a la Madre Laura. Quien, en su tiempo laboral, hubo de ser llamada ‘La Seño Laura’.

     Eran las 11:29 de la mañana de ese jueves y, en busca de una historia para El Muelle Caribe, me disponía a desplazarme hasta el barrio La Candelaria, centro histórico de Bogotá, cuando una llamada de mi sobrina Aymee a mi celular detuvo mi marcha hacia la estación del Transmilenio Calle 187, Autopista Norte,

José Orellano, un nuevo devoto de Santa Laura.

en donde debía abordar el articulado que me llevara a ese destino.

     Al haber visto en pantalla quién marcaba, hube de pensar lo peor. Y es que

dos semanas antes, el viernes 15, la misma Aymee me había llamado para darme malas nuevas: “Te cuento que mi mamá, después de la diálisis, se cayó y se fracturó los brazos”.

     A partir de entonces —en medio de los varios contactos al día, día a día—, una larga serie de chats y los diálogos telefónicos alimentaban una evolución informativa nada alentadora sobre el estado de salud de mi Hermanita Mayor.

     “Mi mamá ha sido evaluada por los especialistas”, me contaba Aymee... “Hay dos situaciones: Una, no operar por su condición de paciente compleja, pero quedaría prácticamente sometida a una cama, sin autonomía, pues sus brazos no le permiten hacer nada y ello afectaría inmensamente su calidad de vida, desde escaras hasta un corazón que se debilitaría por la falta de ejercicio… La otra, operarla, pero con un altísimo riesgo porque su corazón tiene una arritmia cardíaca impresionante.... Ella está en condiciones OK de hemoglobina, plaquetas y otros, el problema es el ritmo cardíaco”.

     Todo eso me comentaba Aymee, quien junto con Ingrid y Nayib, el primero de los tres hijos de la Seño Ena —con el irrestricto respaldo de hermanas y hermano de la paciente— optaron por la intervención quirúrgica, tal como lo había ordenado mi mismísima hermana desde su cama de convaleciente.

     “Hola”, otro chat de mi sobrina, el lunes 18. “El anestesiólogo vio a mi mamá, le mandó un ecocardiograma para ver si con su resultado se aprobaba la operación. Y el cardiólogo, luego de ver esos resultados, ha sugerido que se le

practique un cateterismo”.

     Se buscaba con tal acción establecer las condiciones de ese corazón y, si se requería, mejorarlas, con el propósito de que pudiera resistir más adelante la actuación de los cirujanos.

     Las horas transcurrían y, el 20, miércoles, de nuevo mi sobrina Aymee reportándose: “A la altura del cuello ya tiene un pequeño maltrato… Imagínate lo que es estar acostada en una sola posición por tantos días… Cómo será, que Diana me dijo: «Mamá, de verdad, me parte el alma la situación de mi abuela. Está tan indefensa…».

No sé cuál sea la palabra correcta, pero tan independiente como lo ha sido y es jodida esa postración, especialmente cuando siempre ha sido autónoma… No quisiera por nada del mundo que le salgan escaras, sabes que ella es diabética y eso sería fatal en su piel. Le aplicamos todas las cremas que nos dicen los médicos… Si por lo menos la pudiéramos sentar”.

     Me decidí a enviarle una fórmula casera de mi cuñada María Verónica y con la cual esta mantuvo sin escaras a mi suegra María Helena durante aquel mes que debió estar acostada de espaldas. Y me dispuse a seguir esperando las noticias desde Barranquilla, ojalá las mejores.

     La seño Ena había sido trasladada de una a otra clínica para la realización del cateterismo… Se lo hicieron y —miércoles 27—: “A mi mamá la envían para la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI…”, me escribió Aymee… “Al realizársele el cateterismo, encontraron una obstrucción arterial de un 90 por ciento. Aprovecharon y le pusieron algo así como una mallita en la arteria para facilitar el proceso. La tendrán en observación mínimo 48 horas. Ella está muy alterada y nerviosa. No deja de llorar, eso no ayuda mucho”...

     Mientras tanto, en torno a la salud de la Seño Ena había comenzado a crecer una cadena de oración, desde Soledad, su terruño, hasta allende las fronteras nacionales… También un grupo WhatsApp: ‘Family’, información para los más allegados y en el cual ha habido dos o tres participaciones mías, una de ellas para decir que “María Auxiliadora, la patrona espiritual por siempre de Ena Isabel, ha de estar con ella... Oro por mi hermana mayor”.

     Y es que la Seño Ena había sido una excelente maestra, vertical directora de colegios, consejera-asesora de las respectivas instituciones educativas que crearon sus dos hijas en Soledad… Amiga de todo el pueblo, cuando Soledad era exclusivamente de los soledeños… Mucha gente la quiere y la respeta… Y toda esa cantidad de ex y de amigas y amigos de la Seño Ena, anteriores, en especial alumnas y alumnos desde hace más de medio siglo, amigos y amigas permanentes y nuevos, se

Independiente, autónoma a pesar de su cuadro diabético y de su sometimiento a diálisis, Ena Isabel NO le huye a la recreación y el esparcimiento. Aquí en la playa, con su yerno Edgardo Barceló y la hermana de este, Elizabeth.

unieron en súplicas y hasta en un par de resignaciones que no me abrasaron, sí,

con ese: “Que Dios decida… Que Dios disponga lo mejor para ella”… No, eso no me abrasó… ¡Para nada!

...

     Son las 11:29 de la mañana de ese jueves 28 y, como ya les dije, me dispongo a desplazarme hasta el barrio La Candelaria… Me llama Aymee… Al contestarle, no le entiendo una sola palabra… Llora, no para de llorar, inconsolable… ¡Grita!, como fuera de sí… Yo me dije, pero para que ella no me escuchara: “¿Murió?”… Le pido que se calme… Que me cuente detalles… “No, no ha muerto, pero se ha complicado… Está inconsciente… El azúcar se le bajó a 25… Las arritmias cardíacas… Andamos buscando un sacerdote… Creo que se nos va”.

     Decido no ir a La Candelaria y retrocedo mis pasos hacia mi residencia.

     Un corazón de 77 años sin ritmo en sus contracciones, un coma diabético: poderoso ataque hipoglicémico —azúcar en 20-25—, un debilitado organismo sometido a diálisis cada dos días y maltratado tras una estrepitosa y dañina caída, no da campo sino para una fatal presunción: «Se nos va la Seño Ena… ¡Prepara viaje para

Barranquilla!», me digo.

     12:29 pasado el meridiano, jueves 28. Llamo a Nayib: Me reafirma lo que me ha dicho su hermana Aymee… Su recia voz de varón me transmite casi ninguna esperanza por la sobrevivencia de su progenitora… Ya le untaron lo santos óleos. “Seguimos hablando”, y cerramos.

     1:08 pm: Llamo a Francisco Javier Sandoval, nieto de la Seño Ena. Lo hago, porque acaba de poner en el grupo ‘Family’ el emoticón representativo del llanto —¡nuevo susto!—. Él llora por la abuela, sí, pero también llora por un dolor muy personal que él lleva adentro y que me lo comparte para la confidencia. Pero la Seño Ena sigue con vida, aunque el panorama que se vislumbra sea oscuro, muy oscuro…

     Doña Luz en el trabajo, Claudia Marcela en la Universidad y yo en solitariedad en el apartamento de Mirandela 1. Lloro abiertamente, nadie me escucha. Lloro interiormente, siento que lavo mi alma —percibo como si alguien, desde

afuera, al frente, en diagonal, estuviera muy pendiente de mis movimientos—. Busco pasajes

La Madre Laura, Vida Eterna, y la Seño Ena, Vida Terrena… La profesión las liga, las une…

aéreos por internet: más de un millón novecientos mil pesos Bogotá-Barranquilla, clase ejecutiva, último cupo… Voy a comprar con tarjeta de crédito, me abstengo y consulto exteriormente: “Todavía no”… La Seño Ena vive, sigue viva, me consuelo… “Viajaré por tierra”, me digo. Pero una voz interior me habla: «No viajes aún, tu presencia la ha llenado de muchas emociones cada vez que la visitas». Hablo con un médico amigo radicado en USA, le expongo la situación, me reafirma lo que me grita el corazón: “Si le provocas tantas emociones cuando te ve, mejor no lo hagas. Espera a que se recupere. Dios está contigo y con tu hermana”. Definitivamente, desisto de viajar. Pero en el apartamento, la impotencia me agobia.

     Me acuesto-me levanto… Me acuesto-me levanto… Voy a la cocina, me preparo un tinto, mucho tinto, dos, tres tazas, ¡qué se yo!… Me acuesto… Me levanto… Siento hambre… Vuelvo a la cocina y me sirvo el almuerzo… Mientras lo devoro salvajemente, pienso en milagros… Barajo nombres de santos, ella tiene a María Auxiliadora… Termino de almorzar y sin enjuagarme la boca, voy y me siento frente al computador… Sigo barajando nombres de santos: «¿A quién me aferro?», me pregunto sin responderme a mí mismo. Y me conecto con Facebook… Escribo… Llamo a una amiga y le consulto… Son casi las 3:00 de la tarde… Publico:

     “¡NO!, SEÑO ENA
     Seño Ena:
     Por ahora, usted no puede salir de viaje hacia la otra vida, porque usted me prometió que por todos estos tiempos no lo haría y porque yo todavía no me la imagino inalcanzable... Usted me dijo en febrero pasado que aun quedaban varios carnavales para reencontrarnos… Usted me pidió que le dejara ese pantalón azul de rayas blancas que luzco en la foto —y yo se lo dejé—, porque usted quería conservarlo como símbolo de nuestro lazo filial y para lucirlo el año que viene en el Carnaval de nuestro pueblo… Aun tengo muchas cuitas que contarle, seño Ena, y muchas ganas de volver a compartir el tinto mientras hablábamos por las mañanas, en especial ese que usted me ha preparado cuando la he visitado en los últimos tiempos… Porque durante muchos años aun quiero seguir viendo cada año, en época de

Carnaval, a mi seño Ena disfrazada y enmaicenada, me atrevo a poner su vida en las manos de la Madre Laura, nuestra santa colombiana.
     Te amo, Ena Isabel, paradigmática hermana mayor”.

     Bueno, las rayas del pantalón no son blancas sino turquíes, pero es que era tan caótico mi estado de ánimo, que solo 24 horas después caería en la cuenta de tal detalle. Un lapsus, producto de mi desesperación: Y eso que acababa de bajar de la Sony Ciber shot, 20.1 megapixeles, la foto que publiqué acompañando mi escrito”.

     Mi hermana estaba en UCI de la Clínica Central de Norte y, en ese estado, las visitas se limitan a una por la mañana y a otra por la tarde y solo pueden ingresar dos familiares. A más de mil kilómetros de distancia de la Seño Ena, como león herido enjaulado, esperaba a que se diera esa hora

Tres Orellano Niebles: Sol María, la tercera; José Francisco, el cuarto, y Ena Isabel, la mayor. En ellos, siempre vivo el espíritu del Carnaval. Un legado del viejo Francisco Javier Orellano Hernández.

de la visita y a que, enseguida, me transmitieran alguna nueva, por lo menos mejorada…

      A las 3:58 de la tarde, fue Nayib quien escribió en ‘Family’: “Acabo de ver a mi mamá. Gracias a Dios, la vi mucho más tranquila... Cosas de Dios”.

     Comencé a aliviarme. A las 5:00 de la tarde me llamó Aymee: “Francio —así me dice, por el Francisco—: ¡Ganamos! Mi mamá ha salido del coma diabético. Hablamos”, no dijo nada más y cortó…

     Veintitrés minutos más tarde Aymee reprodujo en ‘Family’-WhatsApp mi mensaje-reprensión-lamento-súplica de Facebook… Y cuatro minutos después, Aymee escribió: “Recibí el reporte médico, el susto fue grande, pero una vez más hay que comprender que Dios tiene un fin (específico y en vida) con mi señora madre. Ha salido victoriosa. Venció en la batalla una vez más. Acabo de hablar con ella y recibí mil instrucciones más. A cada uno de ustedes les tengo un mensaje de ella que pronto se los diré. Además, les manda un mensaje de amor… La enfermera encargada de su cuidado me dijo: «Lo veo y no lo creo. Su hermana fue testigo de la crisis y verla así me sorprende». ¡Qué gran mujer eres, madre hermosa!”

     Tras la publicación en Facebook y un sostenido chateo por Messenger con la amiga barranquillera, escritora y poeta Nury Ruíz Bárcenas —incluso, me anunció un artículo para esta actualización de El Muelle Caribe—, le dije, para resumir: “…Yo me he propuesto NO VIAJAR... Ayer alcancé a decírselo” y con ese ‘decírselo’ me refería a mi hermana Ena…

     —Puedo entenderte, pero duele más, mucho más, se le parte a uno el corazón desde lejos y se lo mandas después hecho añicos —me dijo poética…

     “Así es”, le dije... “Pero me aferro hoy, con sinceridad, a la Madre Laura... Y bueno: espero tu artículo con la convicción de que mi hermana me hará caso y, por ahora, no viajará. Tampoco yo...”. Cerré.

     De nuevo el silencio… Y a esperar hasta la próxima primera visita del día, al día siguiente, viernes 29, de las dos que se le puede hacer estando en la UCI… A las 10:29, es Milena Margarita —Orellano Salas—, mi hija mayor, quien, al haber podido ingresar a la UCI gracias a su profesión, escribe en ‘Family’: “Hola a todos, soy Milena, la sobrina de Ena y soy médico. Estuve en la clínica y hablé con ella y con el intensivista, quien me dice que como la ha visto fluctuante prefiere dejarla hasta mañana en la UCI. Ayer se sintió muy mal, pero ella misma me dijo que hoy se siente mejor. Las visitas en la UCI son restringidas a 2 familiares y son 2 veces al día”.

     La mejoría en las noticias iba in crescendo.

     A las 11:38 de la mañana de este viernes 29, Diana Barceló, nieta de la Seño Ena —que con Ingrid había entrado a la visita matinal—, escribió: “Bueno, ya acabamos de salir de la visita, mi mami Ena está muy muy bien, ¡gloria a Dios!

Muy coherente, acordándose de todos y mandándoles muchos saludos, pero lo más importante es que tiene muchas pero muchas ganas de seguir luchando. Los médicos dijeron que pasó muy buena noche, tiene una enfermera de cabecera

La Seño Ena y, a los 77 cumplidos, su goce del Carnaval en Soledad.

que está con ella casi 24 horas, la presión y el azúcar están estables, pero sí, obviamente, adolorida de los brazos”…

     Seguidamente, mi sobrina-nieta anotó: “Los médicos y enfermeras siguen sorprendidos… Una vez más, Dios con su infinito amor, su poder y su misericordia, nos demuestra que Él tiene la última palabra. Y que la oración en unión es extremadamente poderosa. ¡A seguir orando!”.

...

     El sábado 30, después del medio día, mi sobrina contó: “Hoy desayunó bien... Mejor de su corazón, aunque, de pronto, está desanimada y cansada... Obvio, la misma posición durante tantos días... Dios mediante, a más tardar mañana domingo, la pasan a piso”.

     “¡Gloria a Dios!”, grito sentado frente al computador... “¡Y gloria a la Madre Santa Laura, obviamente!”.

     El mismo sábado 30, a las 10:45 de la noche, Aymee informó una nueva sensacional... ¡Sensacional por lo positivo!: “Qué pena la hora, pero estamos tan felices... A mi mamá, en este instante, la estamos pasando a piso… Parece que la habitación queda en el quinto piso de cardiología. Mañana confirmo el número y las horas de visita. ¡Qué dicha que su corazón está respondiendo!”.

     Sigo aferrado a Santa Laura. Sin fanatismo, le pido que siga intercediendo a favor de mi hermana.

     El domingo 1° de octubre, a las 10:20 de la mañana, Aymee puntualizó: “Buenos días. Mientras mi mamá estuvo en UCI, prácticamente no durmió. Anoche, gracias a Dios, logró reposar de 1:00 a 4:00 de la madrugada. La habitación es la número 534… Las visitas, hoy domingo, son de 11 a 6”.

     Soy honesto: hoy sigo más aferrado a la virtud restauradora de vidas físicas de la Madre Laura. Y es que ese jueves 28 de septiembre de 2017, luego de establecer la gravedad de lo que representa un poderoso ataque hipoglicémico contra un organismo de 77 años y con severa complejidad de salud como el de la Seña Ena, solo esperaba un milagro para que sobreviviera. Y no tuve pudor para clamárselo a la Madre Laura, nuestra santa colombiana. A ella se lo supliqué.

     A ella —que quiso tener tres largas vidas: “La una para dedicarla a la adoración, la otra para pasarla en las humillaciones y la tercera para las misiones”, dijo alguna vez—, le pedí su intercesión ante sus Superiores para que sacara del coma diabético a la Seño Ena y para que no me la deje morir, por ahora.

         Además, he recurrido a ella por una razón muy sencilla, esa que ya dije al comenzar: la Madre Laura, como la Seño Ena, fueron maestras de escuela. Un irrompible lazo que las une…  La Madre Laura en la Vida Eterna, la Seño Ena en la Vida Terrena.

     Lo digo abiertamente, como cierre de esta nota: ¡Aun no doblan —ni han de doblar por ahora— las campanas por la Seño Ena, mi paradigmática hermana mayor!

La madre Laura con sus protegidos, los indios, en selvas de Antioquia… La seño Ena, en zona de parques en Barranquilla, con sus nietos Diana Carolina —quien dijo en ‘Family’-WhatsApp que “los médicos y enfermeras siguen sorprendidos… Una vez más, Dios con su infinito amor, su poder y su misericordia, nos demuestra que Él tiene la última palabra”— y Edgardo José Barceló Abdo y dos pequeños, miembros de la familia, uno de ellos, en brazos, Miguel Ángel Muñoz Barceló, quien ha ‘enloquecido’ a sus padres, ‘El mono’ y Elizabeth, con su permanente preguntadera de algo más de quince días: ¿Y mamá Ena cuándo viene de la diálisis”.