Cazando letras en la web

Capítulo XV

     Los años noventa fueron tiempos espinosos.

     Todo empezó a salir mal, muy mal, sin contratos… El dinero se acabó, me separo de mi esposa y ella se lleva mis dos hijos, mientras mi padre moría de un cáncer pulmonar fulminante.

     El país era bombardeado por el terrorismo del narcotráfico.

     Todo resultaba pesimamente espantoso… Matan a Luis Carlos Galán… Fue duro, todo al mismo tiempo… Las noticias eran solo crónicas funestas… Para entonces, ya nada me importaba: me aísle y sucumbí a una depresión.

     En todos los medios noticiosos solo se hablaba del narcoterrorismo que hundía y trataba de doblegar a las instituciones de Colombia. Era una peor época de dolor y miedo, mientras mis hijos en otro país y yo sin saber nada de ellos, sin poder verlos ni hablarles. Todo eso oprimía mi ser y hasta se me perdieron las ganas de vivir.

     Fueron tiempos enmarañados de pruebas en los cuales el camino de la vida era como un puente largo y angosto, en medio de un barrial fangoso y desde el cual solo se miraba un vacío negro, sin fondo, que en el otro lado nos esperaba un futuro lugar incierto.

     Terminé viviendo en la capital con mi bella familia materna, que todos ellos, con mucha compresión y amplio amor, me acogieron para ayudarme a comenzar de nuevo, partiendo casi de cero, pero viviendo una guerra interna con mi Yo y mis Recuerdos. Es lo que se puede definir como un abatimiento abismal, mientras vives en un mundo en tinieblas. Piensas, cavilas y te abstraes, pero nadie puede entenderte porque no decimos lo que nos pasa ni lo que nos ensimisma. La música no importa, pero entristece el espíritu y hasta nos olvidamos de Dios.

     Solo van con uno, en el recuerdo doloroso, las heridas de una vida anterior. Ver unos niños era grato, pero al tiempo sufrido por las añoranzas de los hijos que no están. Nos guardamos un total hermetismo, nos resulta difícil comunicar y compartir. A ninguna persona le deseo pasar por un estado de estos, en los cuales se sufre y sufren quienes te rodean.

     A uno lo acosan unas ganas de caminar y caminar kilómetros y kilómetros buscando encontrar lo que

te llene ese vacío interno afectivo. Es una lucha de sentimientos internos, pero no es locura: es una lucha contra el querer, el amar y el pasado.

     Conseguí un trabajo, con el cual, para poder cobrar bien por las labores a los clientes que nos llevaban aparatos y máquinas para su refacción, aprendí a escribir una historia diferente de las fallas, siempre rebuscando términos e historias con tal cual mentirilla que me permitieron desarrollar una sencilla y simple narrativa técnica que, por varios años, sostuvo el negocio y nos dio buena fama profesional.

     A mediados de los años noventa era el Jefe de Mantenimiento e Instalaciones de Philips en Bogotá, pero al año y medio descubro cómo los colombianos robaban a los holandeses, propietarios de la compañía, con la cual fue un gusto colaborar y conocer sus métodos, organización, historias e inventos para beneficio de humanidad. Me quedaron gratas experiencias de esa gran familia Philips Holanda. No fui capaz de callar lo que descubrí y se acabó Philips Puente Aranda en Bogotá. ¡Qué mala imagen se tiene en Holanda de los colombianos, por lo corruptos! Salí con la frente en alto, no me queda dolor por el deber cumplido.

     En el año 1996 sufro un accidente terrible. La cirugía para salvarme la vida duró 24 horas. Gracias a médicos de la Universidad Nacional en el hospital San Juan de Dios vuelvo a la vida. Las esperanzas eran poco alentadoras. Decían si me salvaba que quedaría en silla de ruedas y medio loco. Mi madre, siempre en la cabecera de la cama, guardaba buenas esperanzas, mis hermanos rogaban y oraban por qué muriera. Duré inconsciente dos meses, pero volví con gran alegría. No sé donde estuve, pero lo que sé es que Dios existe y que sí hay otra vida. Lo malo es que puedo bailar solo dos piezas musicales, porque me canso rápido. Mi caminar es lento, pero pienso a gran velocidad.

     Para el año 2000 logro montar una pequeña ferretería independientemente y en Bogotá vi cómo es de organizado el comercio. Recibí el apoyo de Cámara de Comercio de Bogotá con orientaciones y cursillos para manejo de personal, trato al cliente y apoyo empresarial. La alcaldía de Usaquén nos capacitó a cerca de 800 comerciantes con un diplomado en Administración en una magnifica universidad, la EAN. Durante dos semestres nos enseñaron el sentido de la competencia y que el vender barato es saludable para las empresas, también algunas mañas para amarrar los clientes. Otro gran apoyo lo aportó el Sena en Tecnoparque para el desarrollo de ideas nuevas con las más modernas tecnologías. En esa ciudad hay un marcado sentido de pertenencia e incentivos para proyectar negocios generadores de empleos y sin roscas, completamente gratis. Con dineros de los recaudos por el IVA patrocinan los negocios y así da gusto pagar impuestos.

     Para el 2011, por la inseguridad y el peligro para los muchachos en el colegio por la droga en la capital, ella, mí última esposa, y él, mi hijo menor, se fueron para la provincia, a Yopal a montar un negocio para salvar y librar al muchacho de los vicios, objetivo que se logró gracias a Dios. Hoy él va por los últimos semestres de ingeniería

Electrónica.

     Quede solo en la capital y por la soledad y la vida sedentaria me comenzó una enfermedad muy rara y dolorosa: la Úlcera Varicosa en la pierna izquierda, arriba del tobillo, con dolores extremadamente terribles. La EPS me empapeló con miles de vueltas, exámenes de laboratorio, sedantes y pañitos de agua tibia… Los médicos se tiraban la pelota él uno al otro, en Bogotá el frío se aferra a las llagas incapacitándolo a uno por el intenso dolor. Uno queda loco sin saber

qué aplicar para que no ardiera y no se extendiera. Descubrí que el clima de Yopal es más benévolo con esta dolencia y la gente cariñosamente ofrece ideas y remedios caseros y experiencias para la cura.

     Total, terminé regalando el negocio en la capital y refugiándome en Yopal con la esperanza de mejorar. Hasta el momento, con los cristales de la Sábila frotándomelos en la mañana en la parte afectada, y con curaciones sencillas y con mucha asepsia, he ganado la batalla por temporadas.

     Definitivamente, todo termina… He optado por aprender a escribir para desahogar y planchar el alma llena de arrugas viejas con historias para contar a mis nietos e hijos.

     Ahora ando más cerca a Dios y a mis hijos mayores. Con ellos, a cada rato, intercambiamos notas y se ha estrechado más el lazo de amor. En ocasiones se ríen de mis historias, llenándome de inconmensurable alegría. 

     Espero haber dejado una enseñanza con esta simple bibliografía.

FIN

Eternamente El Pájaro Loco-Desde los fructíferos Llanos colombianos-agosto 2017