Hace mucho tiempo y durante mucho rato, los directores escolares eran escogidos de acuerdo con su antigüedad en la institución donde trabajaban. Mucho tiempo después fueron nombrados de acuerdo con un examen “de idoneidad” que les recordaba lo que habían estudiado en el bachillerato y la universidad. Después, con la aparición de las reformas educativas inspiradas en el documento de la UNESCO de “educación para todos”, bajo la dirección del profesor Delors, apareció por primera vez el concepto de liderazgo y gestión pedagógica como nuevo paradigma en la dirección de las escuelas.

     De esta forma, se superaba —al menos en teoría—, el paradigma administrativo que reinaba en la escuela y se optaba por el paradigma de gestión como columna vertebral del liderazgo pedagógico.

     Si en la escuela de antes —donde estudiar era de pocos— bastaba el modelo administrativo para dirigirla, en la de ahora, donde entran a estudian muchos —aunque salgan pocos—, ser competente como directivo docente supone otros saberes, otras competencias y confines que caracterizan el nuevo paradigma de gestión.

     En primer lugar, necesita rescatar y actualizar el saber pedagógico, entendido este como todo el campo que conforma la educación: la filosofía, la sociología, la psicología, la historia, etc.

     Hoy existen muchos rectores que, aunque tienen la intención de centrarse en lo pedagógico, se distraen fácilmente con los papeles, las firmas, la revisión locativa y terminan absorbidos en   funciones administrativas. Un rector, como líder pedagógico, debe saber que no todo es administrable, hay niños, hay jóvenes, hay procesos, hay docentes, que requieren tratamiento pedagógico en la búsqueda de acuerdos en los problemas por afrontar. La gestión tiene que ver con el mejoramiento de las prácticas educativas a través del aprendizaje, pero esto es imposible si el directivo no parte de lo que hay, del cómo estamos, de lo que ocurre en su escuela: si no hay eso, estamos en el paradigma administrativo en el que cada cual trabaja como quiera, siempre y cuando cumpla con la jornada de seis horas, pero no logra intervenir en el colectivo docente para fijar propósitos y prioridades pedagógicas de 

aprendizajes.

     En este sentido, un director pedagógico no puede ser indiferente a la dispersión docente en la que cada docente dicta su clase con su texto de siempre y todos tranquilos. Estamos en un repecho pedagógico en donde existen solo esfuerzos individuales que no logran generar avances y logros de aprendizajes, y no es lo mismo el ‘sálvese quien pueda’ a tener respuestas colectivas como equipo docente.  Por lo mismo, 

es urgente preguntarse ¿quiénes somos y como trabajamos cotidianamente?

     Si el director parte de lo que ocurre en su escuela, hay gestión, objetivos de trabajo y acuerdos. Pero si se inventa un plan de trabajo que se ocupa de todo, pero sin saber qué es lo que sucede con su escuela como organización social, está en lo administrativo. En síntesis, un líder pedagógico no necesita ser carismático, simpático, buena gente y decente… Lo que necesita es tener claridad para ofrecer una práctica de acción y de trabajo que involucre y comprometa a los individuos y colectivos de su institución y darse cuenta, año a año, qué logramos, qué resolvimos y también qué no resolvimos, porque no todo será superado en el difícil arte de la educación.

     Lamentablemente en las escuelas esta todo el mundo desconfiando de todo el mundo, en unas hay peleas abiertas, en otras hay peleas soterradas. El clima laboral esta enrarecido por una política educativa de parametrización macro, que prescinde de los docentes y obliga a los rectores a entregarlos para ser reubicados en otras escuelas. Sin duda, es aquí donde los directivos deben estar en capacidad de generar la confianza perdida en las escuelas.

     Está por verse en qué paradigma se ubican los directivos de las escuelas y colegios del distrito capital frente al reto de recomponer el tejido roto de la cultura escolar.

     En segundo lugar, el líder pedagógico debe ser competente en saberes de contexto para posicionar su escuela… Necesita conocer cómo esta su escuela con respecto a las otras escuelas de la zona. Esto le permite trazar un marco de acción para ejercer liderazgo situacional, en el sentido de reconocer lo que sucede en el entorno donde hace presencia la escuela, las dificultades y problemas que se presentan, los perfiles de la comunidad, los sentidos de vida que emergen en las familias y en los estudiantes.

     En tercer lugar, un directivo docente requiere manejo de época.  Porque si no sabemos qué tipo de niños y jóvenes llegan a la escuela, es porque esperamos con los brazos abiertos que lleguen niños parecidos a cuando nosotros éramos niños —‘iguales a mi’—. Desde luego, esos niños y jóvenes no existen. Estamos en otra época, y no podemos adoptar la posición del avestruz que entierra la cabeza en la arena para no ver la realidad. El niño, y sobre todo el joven de hoy, está en un proceso continuo de mutación que hace que no exista un joven, sino jóvenes, explosiones de acentos juveniles en las formas de ser, de vestir, de divertirse, de jerga, etc. En el pasado, los jóvenes éramos más o menos parecidos, tal vez nos diferenciábamos por las regiones, pero había un patrón cultural para bien o para mal —¡quién sabe!—, pero hoy la diversidad, propia de la posmodernidad, permite apreciar las subjetividades que emergen en la formación de las nuevas ciudadanías.

     Eso significa, que no podemos seguir enseñando conforme a como nos enseñaron a nosotros, es decir, según el pasado. ¿Si no sabemos quiénes son los niños y jóvenes que llegan a la escuela, qué vínculo emocional y pedagógico puede haber? Por lo anterior, se requiere tener un perfil del niño y del joven del siglo XXI para poder generar convivencia y no disciplina escolar.

     Si el mundo cambia, nuestro desempeño laboral también debe cambiar… cambian los saberes, cambian las competencias, cambia el desempeño. Claro está que, si se mira con rigor este aspecto, habría que decir que no todo se puede cambiar, porque para que haya cambio debe haber permanencia, si no caeríamos en la eterna mutación y no sabríamos qué cambió. De hecho, tendríamos que preguntarnos también que debe permanecer de la educación tradicional. Si existe es por algo. Como los viejos matrimonios que se mantienen. Por algo será.

     En un encuentro con miembros de la Unión de la Prensa Periódica Italiana y la Federación Italiana de Semanarios Católicos, el Pontífice subrayó la “misión” fundamental que poseen de “informar correctamente” y “ofrecer una versión de los hechos lo más cercana posible a la realidad”.

     “Estáis llamados a hacer accesibles a un vasto público las problemáticas complejas, de modo que se haga una mediación entre la conciencia a disposición de los especialistas y la concreta posibilidad de una amplia divulgación”, dijo en el encuentro.

     “Vuestra voz, libre y responsable, es fundamental para el crecimiento de cualquier sociedad que quiera llamarse democrática, para que sea asegurado el continuo cambio de ideas y un debate fructífero basado en datos reales y correctamente reportados”, añadió.

     El Papa también criticó que la actualidad a menudo está dominada por “el ansia de velocidad”, así como “del empuje del sensacionalismo en detrimento de la precisión y de la integridad, de la emotividad sobrecalentada al arte en lugar de la reflexión ponderada”.

     Francisco pidió entonces “una información fiable, con datos y noticias verificadas, que no tengan como objetivo sorprender y emocionar, sino más bien de hacer que los lectores crezcan en un sentido crítico saludable, lo que les permite hacer preguntas apropiadas y alcanzar conclusiones razonadas”.

     Sobre los semanarios católicos, dijo que pueden ser “útiles instrumentos de evangelización”. “Trabajar en un semanario diocesano significa ‘sentir’ de modo particular con la Iglesia local, vivir la proximidad a la gente de la ciudad y de la región, y sobre todo leer los acontecimientos a la luz del Evangelio y del magisterio de la Iglesia”.

     El Santo Padre advirtió la urgencia de “noticias comunicadas con serenidad, precisión e integridad, con un lenguaje pacífico, en modo de favorecer una rentable reflexión; palabras ponderadas y claras, que rechacen el discurso alusivo, gritado y ambiguo”.

     “Es importante que, con paciencia y método, se ofrezcan criterios de juicio e información para que la opinión pública esté en grado de entender y discernir, y no esté aturdida y desorientada”, concluyó (Información de ACI). 

Este 17 le cantaron 'buon compleanno', 'happy birthday'...

     Aunque en el Vaticano celebraron este domingo 17 de diciembre el cumpleaños número 81 del Papa Francisco, al Sumo Pontífice le llegarán mensajes de mandatarios del mundo entero, no le faltarán los más deliciosos alfajores argentinos y la curia en pleno hará múltiples oraciones por su salud y bienestar, lo cierto es que a 1.247 kilómetros de distancia de Roma, en el barrio San Francisco de Cartagena, se reunirán el jueves 21, más de 60 niños del coro del Biblioparque

en la casa de doña Lorenza  Pérez para cantarle a todo pulmón

En Cartagena, los niños del coro del Biblioparque cuando le cantaban al Papa. Este jueves 21 volverán a hacerlo para desearle feliz cumpleaños a la distancia.

 “!Viva el Papa!”. En esa pequeña casa, doña Lorenza conserva como una verdadera joya, la toalla con la cual el Pontífice se limpió el rostro luego del golpe que se diera contra el vidrio del papamóvil el 10 de septiembre durante su visita a Colombia.

     Este jueves 21, niños que le cantaron al Papa en su paso por la vía principal del barrio san Francisco se tomarán la sala de la casa de doña Lorenza, una humilde mujer que tiene un comedor comunitario donde almuerzan diariamente, sin costo alguno, más de 150 niños que, además, reciben charlas sobre valores humanos y conocimientos de la fe.

     También cantará Anavictoria Rodríguez Romero, una artista montemariana que con su alegría y su don de gentes acopló las voces de más de 60 niños para que entonaran la canción ‘Viva el Papa’, cuando se dirigía por la avenida encharcada hacia la casa de Lorenza. “Estábamos cantando, todos los niños entonaban fuertemente las estrofas, cuando oímos el golpe que se dio en la cara el Pontífice. Quedamos en silencio. Pensamos en principio que se trataba de una pedrada o un botellazo, pero luego nos dimos cuenta de que fue un error de la caravana que lo acompañaba. Pasaron a mucha velocidad y no se dieron cuenta de las ‘paradas de oración’ que se habían instalado. Frenaron los carros y ocasionaron el gravísimo golpe. Él se bajó y nos saludó. Luego se dirigió a la casa de doña Lorenza. Fueron minutos de angustia. No sabíamos qué pasaba, pero nos tranquilizamos cuando ya lo vimos salir y marchar hacia el puerto de Cartagena. No nos quedó más que aplaudirle”, cuenta emocionada ahora Anavictoria.

     Doña Lorenza se volvió famosa por esos días. La entrevistaron los medios locales, los nacionales e internacionales. Mostraba con vanidad la toalla grande color ocre y aseguraba que la cuidaría hasta el último día de su vida.

     Ella sigue ahora con su labor, luchando por preparar sus famosos almuerzos. Su residencia se redujo a un pequeño patio, una cocina, su cuarto y una diminuta sala donde escuchó al Papa que le decía que el mundo le debía mucho. “Usted es muy valiosa para la Iglesia”, le manifestaba mientras los médicos le revisaban el morado que le había producido el accidente.

     Julio Londoño y Diana Milena Valdelamar, coordinadores del

Doña Lorenza, ensalzada en su humilde casa de Cartagena por el Papa Francisco durante su visita a Colombia.

Biblioparque, sostienen que fue un día inolvidable el 10 de septiembre, pero que ahora, con todas esas voces cantándole a la distancia al Papa, lo será aún mayor.

 El locutor Moisés De la Cruz manifiesta que será emocionante evocar aquella mañana por la cual el Papa dejó una semilla de vida en ese barrio con tantos problemas sociales.

     Los niños entonarán a distancia: “Viva el Papa, Viva el Papa, en Colombia te cantamos, Viva el papa, viva el Papa, en Cartagena te amamos”.