Del marketing político y las estrategias

     En Colombia, a pesar de ser un país tropical de Suramérica, es muy famoso el elefante, pero no precisamente por el gigantesco animal, sino por aquel paquidermo que se mencionó, con insistencia, durante el mal recordado gobierno de Ernesto Samper, “presidente elegido con el apoyo de los dineros del narcotráfico”, que fue monseñor Rubiano quien dijo esa frase.

     Yo puedo imaginar, tal vez febrilmente, cómo pudo ser elegida la frase inglesa ‘Elephant in the room’, que es un modismo, o ‘idiom’ inglés, por medio del cual se quiere decir que se está ignorando, y no se quiere discutir, lo que es evidente y palpable. “¿Cómo no vio un elefante en el jardín?”, cumpliría el propósito de ridiculizar al presidente Samper.

     Pero en términos de comunicación política, ¿se usa el Elefante para qué? Ya lo vamos ver, porque cada día que pasa es sorprendente como avanza el marketing político, en el cual hay una parábola que nos pone a pensar y que tiene que ver propiamente con el 

elefante: No pienses en un elefante gris.

 

     Bien. Ya lo sé: pensaste en un elefante gris. No necesitas confesarlo. Sé que lo hiciste. Yo insistía que no y que no, pero la imagen del elefante gris igual se abría paso en la jungla de tus neuronas.

     Es el mismo elefante gris que tanto ruido hace en la comunicación política.

     Porque la comunicación política tiene un problema tan grande como ese gigantesco animalito vegetariano.

Porque dices sí cuando te dicen que digas no

     *No pienses en las sabanas africanas. 

     *No pienses en un elefante gris. 

     *No lo hagas. 

 *No imagines su piel gruesa ni sus patas enormes.

 *No recuerdes sus colmillos ni su trompa.

 *No pienses en un elefante gris.

     Hay una palabra muy usada en todo tipo de diálogo y comunicación pero que es casi inexistente para el cerebro humano. Me refiero a la palabra NO.

     Es curioso, porque toda nuestra especie la utiliza enfáticamente. Con la mayor de las insistencias y con la convicción de que produce efectos potentes. Y sin embargo nuestro cerebro le presta poca atención. A tal punto que en algunas frases ese no se vuelve prácticamente invisible e

inaudible para nuestra supercomputadora neuronal.

     Por eso cuando te digo que no pienses en un elefante gris…lo primero que haces es traer su imagen a tu mente. De inmediato. Aunque segundos antes esa imagen fuera ajena a tus pensamientos. Porque decir que no pienses en eso es un gran estímulo para, justamente, pensarlo.

     No pienses que muchos políticos colocan elefantes grises en la mente de sus electores.

     No creas que se apuran y obsesionan tanto por negar algo que terminan instalando eso que quieren negar en un lugar destacado del cerebro del votante. No imagines el efecto que tiene insistir en que “yo no soy…” mentiroso o corrupto o agresivo o temeroso o lo que fuere. Tampoco imagines lo que piensa el votante cuando el político dice que “yo no hice…” y luego describe en detalle la acción de la que se le acusa.

     Ni siquiera intentes adivinar cómo es que, todo ello, termina arruinando toda la estrategia de comunicación política planificada por un partido político o un equipo de campaña electoral o una organización de gobierno.

     Cuidado entonces con el uso alegre del NO. Recuerda que muchas carreras políticas se han derrumbado estrepitosamente pisoteadas por una estampida de elefantes grises.

Comunicación política eludiendo al elefante del no…

     ¿Cómo tratar a este intratable animalito para que no te pisotee? ¿Cómo negar algo cuando políticamente tienes que negarlo? ¿Cómo desmentir una acusación sin la palabrita de siempre?

     Pues con estrategias que prescindan del no.

     Puedes hacer silencio, simplemente.

     Puedes nombrar el concepto opuesto, reafirmar la otra cara de la moneda.

     Puedes explicar con frases afirmativas y sin negaciones.

     ¿Sabes lo que queda en la mente de los votantes cuando el candidato dice “no voy a subir los impuestos”?

     Pues lo que queda es “este candidato subirá los impuestos”.

     En cambio, si el candidato dice “voy a mantener los impuestos idénticos a como son ahora”, entonces lo que queda en la mente del votante es eso mismo.

     También puedes, como camino complementario, instalar otra imagen que ocupe su lugar. Digamos que un elefantito rosado de orejas enormes que le permiten volar…

     ¿Qué? ¿Ya estás imaginando al pequeño paquidermo volador?

     No lo puedo creer.

     O sea: sí lo creo.

*MIGUEL MALDONADO MARTÍNEZ

Publicista Consultor y asesor - Marketing y Comunicación Política - Gerente Corporación MMM.

Por Hernán Durango

La Fundación de Derechos Humanos del Oriente Colombiano, DHOC, recibió el martes 12 de diciembre, el importante reconocimiento mención de honor del premio Franco-Alemán de Derechos Humanos ‘Antonio Nariño’, otorgado por las autoridades de Francia y Alemania por intermedio de sus representantes diplomáticos en Colombia.

El evento de la entrega de dicho reconocimiento se llevó a cabo en la casa del embajador de Alemania en la ciudad capital, con presencia de representantes de la Fundación DHOC, entre quienes se destacan los directivos y abogados defensores de los Derechos Humanos, Camilo Fagua y Ricardo Celeita, entre otros.

“Este es un reconocimiento a la lucha de miles de campesinos y campesinas en Colombia… Un especial agradecimiento a Internacional Action for Peace, IAP, que desde  Barcelona  nos ha acompañado; a las agencias de comunicación popular y alternativa Red de Medios Alternativos, Rema, y  Agencia Nueva Colombia Noticias, NC Noticias, por el hermanamiento”, indica el informe divulgado por el organismo defensor de los Derechos Humanos colombiano.

De esta forma las autoridades de los dos países europeos brindan el respaldo y acompañamiento a la Fundación DHOC, organismo que ha acompañado palmo a palmo, hombro a hombro, a los campesinos, líderes sociales y defensores de Derechos Humanos en sus jornadas y luchas populares en la región de los llanos orientales y del centro del país.

Es un reconocimiento muy merecido en momentos en los que los representantes de la organización resisten las políticas de persecución, encarcelamientos, señalamientos, estigmatización y judicialización por parte de algunas autoridades nacionales.

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