Cuento navideño

Con mucho afecto y cariño para mi

sobrinita hermosa: Sabbah Nasra Espinoza.

     Sabbah ya tiene 5 años y desde que le hice la versión de este cuento muy especialmente para ella, por su carita tierna, su sonrisa angelical y por ser tan precoz, ha crecido mucho en todo… Ahora es una gran youtuber familiar y nos sorprende a todos con su inteligencia y ternura desbordantes como helado de triple servida.

     Ahora es una niña no tan pequeña, de tez blanca, muy blanca y delicada como la nieve. Enormes ojos azabaches que hablan con solo mirarla y unos cabellos de igual color, delicadamente ondulados, que dan la apariencia de estar constantemente cuidados por la mejor peluquera de un cuento de hadas.

     Además, su sonrisa de ángel delineada en una suave boca, pincelada con finas cerdas de pelo de marta, con rojo carmesí, le dan la apariencia de un conocido personaje de cuentos infantiles. Como valor agregado a su sublime belleza física, la acompaña su madurez intelectual, muy precoz para su corta edad.

     Le encanta observar, puede pasarse horas contemplando algo que le llame la atención, como queriendo escudriñar todo con su mirada, para

luego preguntar sobre lo observado con avidez. Esto ocasiona preocupación en sus padres, sobre todo en su papá, quien por cada pregunta de la niña

El autor del cuento y su sobrina inspiradora. 

roe un pedazo de sus uñas, para poder satisfacer sus preguntas de manera adecuada y pertinente a su corto calendario.

     Un día camino de la Iglesia San Juan Bautista a su casa, se quedó contemplando los arreglos navideños de la hermosa plaza central de su pueblo natal, se sentó en una silla y comenzó a mirar detalladamente el enorme arbusto de navidad con luces multicolores que decoraba el tradicional lugar.

     Su mirada alcanzó la cima del gigante árbol, sobre la cual reposaba una iluminada estrella de cinco puntas y arriba de ella, el recién abierto cielo estrellado como acompañando la decoración terrenal.

     Entonces se hizo varias preguntas... ¿Cómo era el cielo más allá de las estrellas? ¿Qué sucederá allá arriba? ¿Papá Dios como hace para sostenerse y no caer?

     La niña, en su interiorización absorta, pensó, pensó y pensó hasta que decidió acudir a la persona indicada, que le diera respuestas a sus dudas: “¡Ya lo tengo!”, expresó en voz alta, como si estuviera sola en el concurrido sitio 

público. “¡Le voy a preguntar a Papá Dios!”.

     Sabbah se bajó de la banca de cemento, se puso de rodillas, cerró sus preciosos ojos y comenzó su charla: “Querido papito Dios, necesito hacerte unas cuantas pregunticas, espero no te vayas a poner bravo conmigo ¿Tú crees que tienes tiempo para contestarme?”.

     Antes de que siguiera con su monologo divino, una suave mano la 

volvió a la realidad. Era un hombre anciano de cabellos blancos largos, bien cuidados, barba del mismo tono, tez rosada, sonrisa completa, ojos azules como el cielo y una suave voz que más parecía una melodía: “Hola Sabbah. He escuchado tus preguntas y me parecen muy inteligentes para una niña pensante como tú”.

     Cuando la niña da vuelta a su cabecita le llama la atención el parecido de este misterioso señor con el papá Noel gigante que decoraba la sala de su casa, que su abuelita paterna le había traído del propio New York.

     Con asombro y respeto se atrevió a preguntarle: “¿Eres Papá Noel o eres Papá Dios?”.

     El bien conservado anciano contestó con una sonrisa que le iluminó el alma.

     Por lo que la niña pensó en voz alta: “O uno, o el otro, o ambos personajes en uno solo, pero es la mejor ocasión para que responda mis peguntas”.

     Seguidamente el misterioso personaje la invitó a sentarse: “Vamos niña hermosa, sé que tienes muchas preguntas por hacerme y yo te las voy a responder toditas, pero levántate por favor y vamos a sentarnos, pongámonos cómodos”.

     La niña se sentó junto a él y abrió sus oídos, más que los enormes ojos. El con una agradable voz comenzó a responderle.

     —Sé que te inquieta saber quién soy, qué hago arriba de las nubes, qué ocurre en mi vida diaria allá en el cielo… Pues todo te lo voy a contestar. Escucha: yo nací hace más de dos mil años, vine a salvar al mundo y a redimirlo de los pecados cometidos, muchos pensaron que era un súper héroe con capa y poderes, algo así como Supermán, las chicas súper poderosas u otros más de ellos… Pero estaban muy equivocados porque mi única defensa era mi palabra, mis buenas obras y los buenos ejemplos; se burlaron de mí y de mi padre —(el verdadero Papá Dios a quien tú llamabas ahorita), decían que era una blasfemia que yo dijera que era hijo de Dios, por lo que me condenaron, me crucificaron y me enviaron al cielo, rapidito... Después del atropello cometido se dieron cuenta que en verdad era el Hijo de Dios, pero ya era muy tarde. Sin embargo, mi muerte sirvió para la salvación de todos.

     —En honor a mi nacimiento —continuó el personaje—, les traigo a los niños juguetes todos los 25 de diciembre de cada año, pero más que el regalo que les entrego, lo más importante es que les doy salud a sus papitos, bienestar a sus familias y mucho amor para que ustedes hagan lo mismo con todos los semejantes.

     —En cuanto a si soy Papá Noel, pues no. Lo que pasa es que en distintos lugares del mundo conmemoran fiestas con sus propios personajes, es por eso que Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás, son algunos nombres con los cuales se conoce universalmente al personaje legendario que, según la cultura occidental, trae regalos a los niños por Navidad —la noche del 24 al 25 de diciembre—, así como lo hago yo.

     —Es un personaje que el cristianismo relacionó con la figura del obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás, que vivió en el siglo IV en Anatolia, en los valles de Licia —en la actual Turquía—. Era una de las personas más veneradas por los cristianos de la Edad Media y de él, aun hoy, se conservan sus reliquias en la basílica de San Nicolás, Bari, Italia. Lo importante es que él también trae un mensaje de paz y amor a cada niño, más que el juguete que da.

     En cuanto a tus otras inquietudes, continuó el anciano, te cuento Sabbah que: “Allá en el cielo —y señalaba con su dedo índice hacia el hermoso firmamento estrellado que cubría a Aldea grande—, todo es hermoso. Las calles no están hechas de nubes, por eso no nos caemos, son de cristal puro. También hay montañas, como la Sierra Nevada que ves allá al frente nuestro, lagos, flores, árboles, ¡ah!, y hasta un mar de cristal totalmente lleno de peces 

multicolores.

     —¡Qué bueno Papito Dios! ¿Y se puede correr? —dijo Sabbah.

     —Claro que sí —intervino Dios—. Hay mucho pasto y campos de hermosas y extrañas flores con unos aromas que no existen en la tierra.

     —Que chévere Dios ¿Y la gente que está allá arriba que hace?

     —La gente, mi querida Sabbah, pues es muy feliz porque no existe la tristeza. Ellos pasean, cantan y disfrutan mucho todas las cosas lindas que les regalé.

     —¿Y en el cielo hay camas?

     —Sí mi pequeña, pero solo son para descansar, no para dormir, porque allá no existe la noche siempre es de día.

     —¿Y hay Ángeles?

     —Si hijita, miles de millones... ¡Y son muy hermosos!

     —¿Hay casas en el cielo? —continuaba preguntando la niña

     —Sí, de todo tipo. Las hay chicas, grandes y... más grandes. Junto a lagos y montañas según su recompensa... por eso recuerda que todo lo que hagan bueno en la tierra tiene su recompensa allá en el cielo.

     —¡Ah! Ya sé, Dios… Si yo me porto bien y le hago caso a mis papis voy amontonando recompensas en el cielo, es como si uno guardara monedas de buenas obras en el Banco Celestial ¿Verdad Papito Dios?

     —Así es mi pequeña e inteligente Sabbah —dijo Dios sonriendo.

     —Bueno señor, esta es mi última pregunta de hoy... ¿Explíqueme cómo es eso de la trinidad?

     —Muy sencillo Sabbah: Yo tengo a mi padre que es Papá Dios Grande, hay otro Papá Dios que es como tú conciencia, como esa vocecita que te dice haz las cosas bien, y es el Espíritu Santo, y, finalmente, Yo también soy

Dios, pero Dios Hijo. Somos Tres en Uno solo.

     —¿Te quedó clarito como el agua cristalina? —preguntó Dios Hijo.

     —No tan claro —refutó inmediatamente la niña—: si eres Papa Dios Hijo, ¿por qué te ves tan viejo como Papá Dios el Grande? Eso me confunde…

     Dios Hijo sonrió con la sonrisa más linda que ella hubiera visto en su corta vida.

     —Tienes razón, lo que sucede es que a veces tomo la forma necesaria para cada caso en particular y como tu orabas con mi padre, yo tomé la forma de un anciano para no contradecir a tu pedido y así haber podido sostener el dialogo interesante que hemos tenido. Fue por eso y nada más por eso.

     Cuando la niña llegó a su casa, su madre quedó sorprendida de la cara de felicidad que traía. Entonces le preguntó: “Hija linda, ¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?”

 

     —¡Hoy dialogué con Dios! —contestó la niña—. Y antes de que su madre reaccionara, añadió: “Y ¿sabes una cosa mami? ¡Tiene la barba y la sonrisa más hermosas que nunca había visto en toda mi vida!”.

     —¡Despierta Sabbah, despierta! ¿No vas a abrir los regalos que te trajo el niño Dios?

     —Sabbah despertó sonriendo, era 25 de diciembre y por costumbre le dejaba Papá Dios su regalo al pie de su camita.

     —¿Por qué sonríes tan lindo hoy hija? —preguntó su mamá.

     —Porque soñé con Papá Dios. Y sabes una cosa mamita: no me interesa mirar el regalo, solo quiero amor y dar amor, ven para darte un abrazo mamita bella, ¡te quiero mucho!

(Del libro de cuentos ‘Colcha de retazos’)