A continuación, la dedicatoria más larga del mundo para un escrito. Más larga que la de la tesis de un doctorado o agradecimiento del primíparo ganador de un premio Oscar: A mi nieto Martín, de 6 años, en esta Navidad 2017.

     A todos los niños del mundo, en especial a los que faltándole pocos meses para venir al mundo les negaron su derecho de nacer. A los que son entrenados para usar una ametralladora e inmolarse con un explosivo en su pecho para matar a cientos de inocentes, como ellos mismos, y que no tienen la mínima idea del ‘jueguito’ que en el futuro van a realizar.

     A los niños violados, a los que perdieron su vida e inocencia a manos de infelices adultos, incluso familiares, pedófilos, y que en el futuro seguirán siendo cientos de cientos, porque ya no habrá cadena perpetua

en muchos países, ni pena de muerte —en USA si— para los victimarios que gozan y gozarán de la protección, por parte de legisladores, jueces y ejecutivos corruptos con intereses políticos mezquinos del mundo.

     ¡A todos los que aún tienen un corazón de niño!

     Tenía listo para publicar un diferente tema. Pero, ante tanta negativa noticia en tv, anoche, de asesinatos, voliciones, maltratos y odio a los niños, se me partió el alma. Y más en esta época de Navidad, que es una época para y de los niños.

     Sí, la Navidad es una fiesta para los niños. Más que la rumba y la cena que tendrás el 24 o 25, que está muy bien, debemos pensar más bien en lo feliz que haremos a los niños de nuestra familia y/o conocidos. Que ¿es una fiesta burguesa? Que ¿es una fiesta del consumo? Nadie ama lo que no conoce. Quien lo vive es quien lo goza. Cada uno habla de la feria como le fue en ella. Sorry si no tuviste una niñez feliz. No fue tu culpa y a lo mejor tampoco de tus padres, pero hubiere sido de quien fuere, ¿qué culpa tienen de eso tus niños o los que conoces hoy?.

     ¡Y Aquí vamos!

     ¡Aquí está mi escrito, y qué mejor que hacerlo sobre un niño-niño! Desde que mi hija Silvy nos mostró la foto de la ecografía diciéndonos que era varón, juro que yo miré por primera vez su sonrisa que derrite a todos y, a partir de allí, comenzó la felicidad pura que Martín, mi nieto, nos brinda desde hace 6 años. Mi cuñada María Olivia se quedó corta cuando me sentenció al decirle tal vez por celos, envidia, o ignorancia, que todas las fotografías de su familia en Facebook y actividades eran y giraban para su nieta: “Cuando tengas un nieto entenderás ¡qué es la verdadera

felicidad!”.

     Hoy la abuela Yiyi y yo somos unos fotógrafos profesionales especializados en nieto y entendemos que el privilegio, y el regalo de felicidad más grande que Dios le concede al ser humano, es el de ser abuelos. ¡Quien lo vive es quien lo goza y siente! No pretendo decir que Martín es precioso físicamente, eso se ve en las fotos y lleva mis genes, que, según los científicos, no traicionan, y también me recuerda cuando a mi mamá le incomodaba prestarme para niño Dios en el pesebre en la parroquia de mis barrios Olaya y Recreo en Barranquilla, Colombia donde nací. Ni tampoco que es un niño genio que emboba como estrella de TV o circo rico. Y que aquí entre nos, esos niños me chocan, porque parecen robots y no tienen una verdadera niñez. No, nada de eso. Solo quiero

enumerar algunos destellos de su personita y lo que ha significado para nuestras vidas en estos últimos cinco años y más en calidad de inmigrantes que somos de este maravilloso pero impersonal país, USA, y del que somos sus orgullosos ciudadanos. Seguro que leyendo recordarás a muchos niños que conoces.

     Martín es medicina. A la abuela Yayi le ha aliviado la artritis crónica que padecía y ahora monta columpios, montañas rusas, nada, monta bicicleta y toboganes, baila zumba, y le eliminó para siempre el tramadol y el Ibuprofeno de 800 miligramos. A mí ya no me tienen que volver a operar mi rodilla y he rebajado 145 libras, ¡70 kilos! en 18 meses, sin cirugía, solo con ejercicios y alimentación saludable. La meta: llegar, sano y vivo, al día de su graduación universitaria y obtenga su diploma de piloto de nave espacial a Marte o sabrá Dios.

     Lo que sí sé es que me puse como meta vivir mínimo 100 años para disfrutar sus hijos. Martín es guía turístico. No hay museo, zoológico, parque temático, lugar de entretenimiento del Sur y centro de la Florida que no hayamos visitado y conocido para divertir a Martín y de paso a nuestro niño escondido. Ya hasta nos extrañan cuando no vamos en especial el Seaquarium, Legoland y Disney Orlando.

     Martín es música. Desde los dos años, canta y toca en teclado de piano las melodías de más de 30 canciones infantiles, himnos de USA, Colombia, Under the Sea, Despacito y hasta el porro colombiano ‘La Lorenza’, en su teclado electrónico. Gracias a y para él, yo auto aprendí, por medio de Youtube, libros y vídeos, a leer música y tocar teclados musicales para enseñarle a él y hoy ya él me supera en agilidad manual cuando tocamos a dúo nuestras harmónicas Honner de dos escalas.

     Martín es deportista. Es un Messi o CR7 jugando soccer y champion goleador de la ciudad de Pembroke Pines en su categoría. Cuando vamos la familia en pleno a animarlo y verlo jugar, nos sentimos orgullosos y no creemos en nadie cuando las barras contrarias lo aplauden y gritan “Martín, Martin”. Me recuerda cuando El Pibe Valderrama en Barranquilla, jugando para el Deportivo Cali, era aplaudido por todo el estadio lleno con la fanaticada del Junior tu papá. Ya lo tienen visto el Barça, el Real y el Team USA. Y si le pagan bien en el Junior cuando esté para retirarse, ya veremo$.

      Martín motiva el reencuentro de la Famila. Nada más feliz que los reencuentros familiares de abuelos paternos y maternos,

Martín, de 6 años, con la camiseta de Junior… Y Martín, futbolista: trofeo de goleador del campeonato de Miami Sub-6.  A su lado, un compañero de equipo. Los llamaban ‘Cha-Teo’. Rebosante de orgullo, el abuelo, autor de la nota, tomó la foto.

tíos  y tías, primos y primas y amistades como de familia gracias a Martín y que vienen de Colombia, España, Chile y hasta de Hawai a sus cumpleaños y navidades cual reyes magos.

     Martín es inspirador profesional. Su padre, además de excelente odontólogo internacional, se ha convertido en un experto guía armador de bicicletas, Legos y rompecabezas. Su madre, además de exitosa auditora financiera bancaria internacional de Brickell Miami, es una chef, repostera y decoradora de sus cumpleaños, cuarto, y lo viste como un muñequito.

     Yadi, su abuela, además de una súper teacher, es una maga que con un beso o un abrazo le desaparece un chichón, golpe ,sana heridas .Ella lo mima, es su ‘abogada’ ante los regaños de sus papás, que también los hay, pero basta con solo cantarle matemáticas: “Martín a la una... Martin a las dos... Martín a las dos y media... Y ...” y, como encantado, Martín por fin le obedece a ir a comer, bañarse, recoger sus juguetes, y miles de cosas más, y no es necesaria la anacrónica y antisicológica chancleta. Su abuelo materno, ‘el suscrito servidor’, se ha convertido en el 

más buscador del mundo en Google y Wikipedia, en los últimos seis años, según diploma que me mandaron online. Lo hago, para poder responderle las preguntas que con la edad se van convirtiendo más difíciles que las que ha hecho a las dos o tres últimas finalistas del Concurso Miss Universo.

     Martín es... un angelito dulce y cariñoso que lo quieren y aman a dónde va, en el colegio, en nuestro vecindario, en la iglesia, en todas partes... Un niño que goza sus Tablets y demás juguetes electrónicos, pero también Giza y juega con su trompo y caballo de palo, dominó, parqués, bola de uñita, cauchera... Martin nació aquí en Miami, USA. Pero ama a Colombia, mi patria, la ha visitado dos veces, se sabe su himno, ama a la selección y al Junior tu papá. Ama a los colombianos que son gente buena y bella y sobresalen en el exterior por ser bien pilos. Es un verdadero colombo-americano que no ignora las raíces de sus padres y abuelos que le educamos. Y lo más importante de todo todito: Martín es el motor e inspirador de mis segundos 66 años. ¡Te amo pollito lindo y bello!

     Feliz Navidad a todos mis 999,999 lectores de El Muelle Caribe y que hagan muy felices a sus Martin hijos, nietos, o niños de su familia. ¡Ellos son La Luz y futuro del mundo!