45 inquietudes a una intelectual argentina (I parte)

     Así se lo escribí y así ha de ser: “Esta es una entrevista sin prosopopeyas, sin pompas… Un diálogo entre amigos, aunque no nos conozcamos personalmente”.

     Y es que somos solo amigos ‘feizbukianos’… Y los somos, gracias al puente tendido por el escritor y poeta samario Abel José Rivera García, ganador de un concurso de poemas sobre la paz organizado por la revista web ‘La lupa cultural’ que dirige mi personaje de hoy.

     —Son preguntas para saber de ti, sin la más mínima pose —de mi parte—  de una falsa erudición­ —le escribí.

     —Creo que no hay un solo interrogante que te lleve hasta la disyuntiva del “respondo o no respondo” —le escribí. Y agregué—: De acuerdo con tus respuestas, puede que surjan contra-preguntas… Te las enviaré inmediatamente por Facebook en procura de las contra-respuestas...

     Fue como un: “Hola, Silvia Mabel, hablemos de ti, largo y tendido”. El resultado ha sido extenso, porque hubo respuestas para 45 intervenciones mías, entre preguntas, conceptualizaciones y contextualizaciones y una que otra contra-pregunta, que también las hubo. Da para dos entregas.

     “Muy buenas preguntas”, contestó a mi mensaje. “Totalmente relajadas y nada puntillosas: me gusta”, agregó. Y puntualizó: “Esta tarde, ni bien termine de corregir los exámenes de mis alumnos, me dedico exclusivamente a eso”.

     Tuteo… Relajamiento… Su currículo… Se llama Silvia Mabel Vázquez.

     —José Orellano: Nacida en San Martín, Buenos Aires, el 11 de septiembre de 1963… Háblame de tu entorno familiar infantil y juvenil… Vuélvete niña al responder esta inquietud...

     Silvia Mabel Vázquez: “Mi familia es pequeña en tamaño, pero enorme en cariño. Mis padres, Julio, hoy de 86, y Gloria, hoy de 84 años. No tuve hermanos. Tengo muchos primos y tíos, pero no los veo tan seguido como quisiera. De niña. fui muy tranquila. Tenía amigas en el barrio. Organizábamos juegos en mi casa que tenía un patio grande y césped. Así que hacíamos las famosas ‘comiditas’, con los juegos de cocina. Siempre el perro alrededor. Era parte del juego. Lo disfrazábamos y pobrecito: ¡aceptaba todo! En la escuela era muy buena en primaria. Ya en secundaria me costó más. Supongo que, al entrar a primer grado con 5 años, resultó más difícil integrarme luego al grupo de adolescentes que cumplían siempre un año más que yo. Tal es así que 

Recuerda que ingresó a primer grado, con 5 años...

cuando egresé... ¡acababa de cumplir 17! Viaje de 

egresados, menor de edad. Ya en medio del primer año del colegio vi que no me gustaban los números —estudiaba perito mercantil—, pero seguí hasta la final. Me gustaba mucho leer y tenía muchos libros de cuentos en casa, regalo de mis tías y mi mamá. Dibujaba muy mal y mi primo me hacía los dibujos, casi siempre. Éramos muy unidos porque apenas nos llevamos dos años y vivía a una cuadra de casa”.

     —Es época de Navidad, ¡ah!, los niños… Recuerda tus navidades, de niña…

     “En Navidad nos juntábamos en casa —por el patio y jardín grande—, cuatro de los hermanos de mi mamá con sus hijos, los primos, a disfrutar. El resto de los tres hermanos se juntaban entre ellos por distancia. Un jolgorio la Navidad y yo era la única prima mujer del grupo, rodeada de galanes que me cuidaban mucho. Mi abuela venía también ya que vivía con mi madrina y la veía poco. Mi papá tenía su hermana en España y el que vivía acá, pero pocas veces nos juntamos”.

     —Y háblame de tu entorno sociocultural, desde la niñez hasta tu decisión de dedicarte a las letras… Sí, a las letras, lo cual es corroborado por el hecho de que eres profesora de inglés, poeta, escritora, editora y periodista…

     “Mi niñez fue tranquila, tenía amigas del barrio, y me llevaba bien con mis compañeros de colegio. En la escuela secundaria fui muy tímida y me costaba adaptarme a los grupos, cosa que cambió con el paso de los años. Digamos que fue un giro enorme. Pasé de ser tímida a hablar con todo el mundo. Mi profesión como profesora me obligó en cierta forma, a una comunicación con los padres y los chicos mucho más fluida. Trabajé muchos años como secretaria bilingüe sin dejar de enseñar inglés. Luego, cuando nació mi hijo mayor, decidí dedicarme por completo a la enseñanza, que es mi fuente de trabajo, sumado al trabajo de mi esposo. Comencé a escribir en la adolescencia, creo que para descargar un poco esa timidez. Además, tuve la suerte de contar con profesoras de letras muy exigentes que nos hacían leer muchísimo y aprendí a amar la literatura. No así las materias exactas como matemática y química —jaja—. Se ve que no era lo mío. Recuerdo que una vez envié un poema a una editorial muy conocida y amablemente me respondieron que aún me faltaba mucho, pero que no bajara los brazos. Podrían no haberme respondido, pero lo hicieron, muy amable de parte de ellos.

     Participé en muchos concursos literarios, en algunos gané menciones y en otros premios, y en otros, nada, cosa que jamás me hizo abandonar las ganas de escribir. Recuerdo perfectamente la primera vez que recibí un llamado para participar en una antología poética. Para mí era como haber ganado el Oscar o el premio más importante del mundo. Decidí, más adelante, comenzar con un taller de escritura, porque tenía más facilidad para escribir poesía que narrativa, así que ahí aprendí mucho y pude mejorar. En el taller se publicaron varias antologías con nuestros trabajos y eso fue un poco el empuje para decidirme a publicar mi primer libro.

     En cuanto al periodismo, es algo que tenía pendiente, ya que me había dedicado a otra cosa, pero eso estaba ahí, latente. Cuando comenzamos a editar la revista digital, resolví que era el momento de estudiar periodismo. Se lo propuse también a mi socio y fuimos. Terminé en 2015, con un diploma de Tecnicatura en

Periodismo y Locución periodística, cosa que me hizo sentir muy bien, ya que con más

La poeta Silvia Mabel Vázquez dice que “tuve la suerte de contar con profesoras de letras muy exigentes que nos hacían leer muchísimo y aprendí a amar la literatura”. También es periodista, en especial entrevistadora, y locutora.

de 50 años no es tan fácil estudiar como cuando se es más joven, así que lo valoré muchísimo.

     Eso me abrió más puertas en cuanto a la comunicación. Participé como columnista en un programa de radio local y fui entrevistada varias veces en televisión de cable y radio y en medios gráficos.

     Seguimos con la revista y además tengo un blog donde publico mis notas y escritos, y colaboro con dos semanarios locales que confían en mi trabajo, cosa que agradezco enormemente.

     Aquí en diciembre las clases terminan así que en estos momentos solo me dedicaré al periodismo hasta marzo".

     —Ahora, háblame de tu entorno famili-socio-cultural, desde cuando entraste al mundo intelectual hasta ahora…

     “Mi entorno familiar es el mismo que actualmente. Tanto mis hijos como mi esposo me acompañan en todo lo que hago y emprendo, no solo espiritualmente sino también físicamente. Mis hijos colaboran en la edición de tapa o fotografía de mis libros, mi esposo lee y opina, mi madre es la primera crítica de mis trabajos. Me acompañaron en las presentaciones ‘oficiales’ de los cuatro libros. En cuanto a la parte periodística, leen los artículos y como mi hijo menor está estudiando Periodismo deportivo, intercambiamos ideas y criticamos mutuamente nuestros trabajos. Siempre con la mejor intención, aprendemos uno del otro. Conocí muchísima gente en el ámbito cultural, colegas y artistas. Eso me lleva a querer interiorizarme más en lo que cada uno hace, leer sobre arte, sobre música y lo que tenga que ver con lo artístico en general. Me gusta mucho el cine y tuve la dicha de acercarme y poder entrevistar a grandes actores y actrices como Norma Aleandro, Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Ana María Picchio, Eduardo 

Blanco, el director Juan José Campanella y tantos otros”.

     —¿Qué mundo conoces? Países, viajes en especial…

     “Me encanta viajar, pero desafortunadamente no lo hago tanto como quisiera. Conozco muchos lugares de mi país. Del exterior, una parte de Brasil y Uruguay. Espero alguna vez salir más al mundo. Recuerdo una vez que me invitaron a un programa de radio a más de 300 kilómetros de casa y para mí fue especial, ya que salía del ámbito que me rodeaba. Fui muy bien recibida y lo guardo como una lindísima experiencia.

     —Por Facebook me dijiste el otro día que publicaste tu quinto libro, sabía de cuatro por tu currículo: ‘Rocío de palabras’, que es de cuentos y poesías… ‘Abraxas’, cuentos… ‘Contraluces’, poemas… y ‘Aceptalo, ¡tenés 50!’ —de pronto referente a lo que acontecía contigo en aquel septiembre de 2013, me imagino: ¡medio siglo de vida!—… ¿Cómo se titula ese quinto libro y cuál es su temática?

     “Tengo solo cuatro. Si te dije eso, estaba muy dormida —jaja—. Pero sí habrá un próximo libro, el quinto. Es una novela, pero tal vez tarde 10 años en terminarla a este paso. ¡La dejo abandonada! Puedo, eso 

Cuatro libros ha escrito Silvia Mabel... Dice que habrá un quinto, un novela, para dentro de diez años. “Lo dejo abandonado”, precisa.

sí, responderte respecto a Aceptalo: Fue un desafío personal, intentando sobrellevar 

mejor los cambios que se producen en las mujeres a esa edad. Tomarlo con cierta comicidad posiblemente haga que la mujer no se sienta excluida de algunos lugares, ni más deteriorada, ni dejada de lado, o que ya no puede hacer ciertas cosas. El libro anima y, a la vez, hace pensar en qué cosas quedan ridículas a los 50 y cuáles aún pueden conseguir. Al final, hay comentarios masculinos acerca de las mujeres, muy educados, por cierto, y un anexo con relatos protagonizados por mujeres”.

     —Hay un detalle que me llama la atención: lo legislativo se deriva de leyes… ¿Por qué tus libros han sido declarados de interés legislativo? ¿Qué tienen que ver con normas y leyes en San Martín?

     “El Honorable Concejo Deliberante de San Martín, ciudad donde nací y vivo, tiene catorce comisiones, entre ellas la de cultura, educación, ecología, medio ambiente, derechos humanos, juventud y tercera edad. A esa Comisión llegan expedientes que se discuten entre los miembros y, por ejemplo, declaran de interés un libro, o una plaza pública o un evento cultural, o a alguna personalidad destacada del partido le entregan una distinción. Entiendo que se llama ‘de interés legislativo’ porque son los legisladores municipales, en este caso concejales, quienes toman la decisión. Es un gran honor recibir esa distinción, ya que todos los miembros de la Comisión leen los libros, es decir que sale por unanimidad”.

     —Nuestra relación amistosa ‘feizbukiana’ surgió a raíz de un poema del poeta colombiano Abel Rivera García exaltado por la revista ‘La lupa cultural’, de la cual tú eres editora, un poema que se publicó, ya premiado, en El Muelle Caribe… Cuéntame detalles de esta publicación, ‘La lupa’: periodicidad, cómo se hace, quiénes la hacen, desde cuándo existe…

     “Cuando ya tenía publicado mi primer libro, y mi amigo Alfredo Legnazzi, su segunda novela, decidimos editar una revista digital, para promocionar los trabajos de quienes no eran tan conocidos, como nosotros, y los nuestros propios. Comenzamos a trabajar juntos en el seno de una Sociedad de escritores del Partido de San Martín, formando parte de la comisión, organizando y participando en algunos eventos. Mediante el aporte de ideas, de a poco fue tomando forma un proyecto que comienza con un formato de blog y, a partir de septiembre de 2012, se transforma en Página Web. Adquirimos el dominio ‘com’, la registramos y se 

transformó en lo que es hoy: www.lalupacultural.com.ar. La revista fue creciendo, hicimos contactos interesantes

Silvia Mabel es editora de la revista ‘La lupa cultural’ que se publica la última semana de cada mes.

en este momento tiene muchos lectores, ya que publicamos también reseñas de películas a las que nos invitan, obras de teatro, entrevistas con actores, directores de cine, escritores, de Argentina y de otros países. Sale la última semana de cada mes”.

     —Y en medio de toda esta seriedad, una curiosidad con algún toque de graciosa: Yo toda mi vida he sido editor de periódicos y ahora del hebdomadario virtual El Muelle Caribe… La fuente ‘Comic Sam MS’ la usé en suplementos durante un tiempo relativamente corto, desde el momento en que salió hasta cuando se desgató, muy pronto, por el uso y el abuso… Y he visto que otros medios han venido desechándola… Tú eres editora y tu hoja de vida esta ‘levantada’ en esa fuente, ‘Comic Sam MS’, ¿Por qué?... Tiene que existir algún motivo especial, ¿cuál es?

     “Me parece una letra más personalizada, no tan comercial. Siempre preferí la letra manuscrita a la imprenta y eso le da un toque más femenino —al menos, eso creo—”.

     —Poeta, escritora, periodista y digamos: soñadora… ¿Sueñas utopías?... ¿Sueñas sueños que pueden hacerse tangibles? ¿Cuál es tu más grande sueño hasta hoy cristalizado?

     “Mi gran sueño es viajar por el mundo, conocer otros lugares, mostrar mi trabajo y que la gente conozca lo que hago. No ‘ser famosa’, sino que mi trabajo se difunda. Siempre acompañada, no me gusta viajar sola. Mi sueño más grande cumplido fue ser madre. Tal vez suene trillado, pero es una sensación inexplicable. Tener una familia como la que tengo, hacer lo que hago (escribir, enseñar) y poder seguir descubriendo cosas cada día, que me permitan ser mejor persona y crecer son muy importantes para mí. Soy muy soñadora, de hecho, de esos sueños salen muchos de mis poemas. Si hablamos de utopías, podría decirte que “soy muy fanática de Phil Collins y si pudiera alguna vez hablar con él, ¡sería genial!”

     —Algo así como inducirlo a contar por qué tuvo que ser cantante, compositor, baterista, pianista y actor… Phil Collins, en la cumbre del rock durante mucho tiempo… ¿Eso es? ¿O la utopía es otra?…

     “Phil Collins… Es tal como decís… La utopía es conocerlo personalmente y decirle de mi admiración. Cierro los ojos al escucharlo y me emociona su voz”.

     —Soy amigo de un guitarrista que está ofreciendo una clase gratis por Skype sobre guitarra acústica y guitarra ‘fingerstyle’… Además, es profesor de inglés, a domicilio… La música solo le da para gastar y el inglés para mantener sus afanes musicales… Pero ese no es el tema… La cosa es que mi amigo guitarrista, Fernando Mora, descubre todos los días que ni lo niños ni los adolescentes, tampoco los adultos, asisten a la clase de inglés con emoción, con afecto, con alegría… Lo hacen porque lo requieren: para el colegio, para la universidad, para el trabajo… ¿Percibes tú lo mismo durante tus clases?

     “A veces vienen con muchas ganas, otras no tanto. Depende de las actividades que hayan tenido en el colegio y el cansancio que traigan. Trato, en esos casos en que vienen desganados, de darles tareas que los animen, que los diviertan, por ejemplo, escuchar una canción y cantarla, hacer juegos, preparar la fiesta para Halloween, para incentivarlos y que puedan disfrutar y no padecer. Dicto clases solo a niños y adolescentes, no a adultos. En este caso habría que buscar otros métodos”.

     —Te pedí un currículo y me lo mandaste… Una gran activista en lo cultural… Al margen de lo curricular, ¿Adónde ha quedado el tiempo para el amor? ¿Para lo sentimental? ¿Lo has padecido? ¿Lo has disfrutado? ¿Lo has sufrido? ¿Lo has poetizado?

     “Llevo 33 años de casada, más 5 de novios, con sus altos y bajos, aún enamorados. He escrito muchos poemas de amor, que reflejan situaciones propias y de otros, muchos poemas de desencanto, que gracias a Dios no tuve —solo 

Los cuatro libros de Silvia Mables Vázquez: ‘Rocío de palabras’, que es de cuentos y poesías… ‘Abraxas’, cuentos… ‘Contraluces’, poemas… y ‘Aceptalo, ¡tenés 50!’: hacer humor en torno a lo que le ocurr a la mujer a esa edad.

 

 en épocas adolescentes—, otros tantos sobre amistad. Los poemas a mis hijos van de acuerdo con su crecimiento y sus logros, desde bebés hasta hace poco tiempo atrás. Es decir que lo sentimental siempre está a flor de piel. ¿Padecer algo? No, estoy más bien disfrutando de las cosas pequeñas para intentar minimizar las que me hacen sentir mal. No suelo deprimirme por tonterías, sí soy de ocuparme y preocuparme mucho de quienes están a mi alrededor en todos los sentidos. Ser feliz con lo que tengo me hace plena. Mi esposo, Oscar, y mis dos hijos: Gonzalo de 25 e Ignacio de 21”.

   —En tu producción poética —no la conozco y he ahí lo chévere de esta entrevista—, en tu producción poética, pregunto, ¿abundan las referencias románticas, amorosas, pincelazos de inspiración surgidas por la experiencia con la otra media naranja?

     “Sí, claro. Imaginate: en 38 años todo lo que hemos vivido… Y seguramente irán surgiendo más situaciones románticas y amorosas, a medida que el tiempo pase. La inspiración no solamente pasa por ahí, sino que se ve en lo cotidiano de la vida”.

     —Háblame ahora, Silvia Mabel, de tus lecturas preferidas… Los autores que devoras… El escritor que te apasiona…

     “Me gusta mucho leer a Casona, a Lorca, a Faulkner, a Exupery —me apasiona por su sencillez—, devoré los libros de Allende y Cortázar, leí a Vasconcelos, Benedetti, Sor Juana, Mistral, García Márquez, Carver, Poe. Me gustan también King, Neruda, Martí —como verás mezclé estilos y nacionalidades—. Como leí mucho en inglés a Wilde, a Dahl, a Whitman, a Mansfield, cuando estudiaba, si me gustaba conseguía la versión en español de esos autores. Disfruto de lo que no tiene un vocabulario demasiado rebuscado, aunque Borges es difícil, intento comprenderlo más allá de eso. Si hay algo que no entiendo, lo busco, como ser, referencias a escritos mitológicos y esas cosas. No leo mucha poesía —irónico, ¿no?—. Prefiero la narrativa. Si me siento a leer una novela y en la página 5 no me gusta, la dejo y la retomo en otro momento.

     —¿Y cómo estamos de música? A mí, me mata Piero… Y crecí con los tangos de Gardel, las baladas de Leo Dan, Sabú, Sandro (el primer rockero en español latinoamericano), Palito Ortega, Roberto Carlos, Leonardo Favio cómo lloré y cómo sigo llorando con ‘El niño y el canario’—, Tormenta, Pimpinela y Diego Verdaguer y Amanda Miguel y Facundo Cabral y Alberto Cortez, que de cortés pocón-pocón, lo recuerdo, y pare de contar… Soy ‘baladirista’ a morir y el gusto por la balada la alterno con el buen vallenato y la salsa… ¿Alguna identidad al respecto…? Yo apenas soy 14 años mayor que tú.

     “Veo que conocés a muchos artistas argentinos. En casa siempre se escuchó música. Mis padres aún lo hacen y nosotros igual. Mis hijos escucharon música desde antes de nacer. Tienen buen oído ambos. Yo tocaba la guitarra cuando tenía 12 o 13 años, luego la dejé. La volvieron a usar ellos más tarde. De los cantantes que nombraste me gustaba Roberto Carlos. Sandro es de una generación anterior a la mía, pero no lo escuchaba mucho. Era un señor, y lo admiro. Palito, lo mismo, no es la música que me gustaba, pero lo respeto. Piero fue furor en la época militar de Argentina, con sus canciones de protesta. Prefiero escuchar música lenta, tranquila, pero no esa, exactamente. Me gustan bandas americanas e inglesas, como Queen, Genesis, Chicago, Beatles, Eagles. O cantantes solistas en castellano como Ricky Martin, Chayanne. También Carlos Vives, Juan Luis Guerra o Bisbal. Pimpinela no es el estilo que me agrada. La música “ochentosa” en todo su esplendor me fascina. Escucho folklore nacional y tango, pero poco”.

     —Las nuevas tecnologías, Silvia Mabel… ¿Cómo las has recibido? ¿Cómo las manejas? ¿Cómo han influido en tu actividad cultural, en la literatura, en el periodismo?

     “Al principio me costaba muchísimo adaptarme, por las dudas guardaba todo en papel, más aún los ejercicios en inglés para mis clases. Hasta que un día explotaba mi armario de biblioratos y los tiré. Aprendí a grabar todo y resolví un problema de espacio. Es muy útil para la comunicación y para la promoción de mi trabajo. La rapidez con que se recibe y se envía la información soluciona muchos inconvenientes. Aún pregunto cosas, claro, porque aprendí sobre la marcha, pero todavía me tienen paciencia y me explican. Es genial ver que alguien a miles de kilómetros 

     —Las nuevas generaciones… Las nuevas tecnologías… La lectura de libros, los de papel, los que emocionan, y las nuevas generaciones… Las nuevas generaciones succionadas por el smartphone, la Tablet, el iPod, de pronto alguna fugaz ciber-lectura en esas nuevas generaciones… Que si el youtuber… Que si las selfies… Y en fin: Todo eso, Silvia Mabel, y… Dime: ¿cómo vislumbras el futuro sobre esa base cibernético-consumista?

Muchas veces ha sido entrevistada la profesora de inglés, poeta, escritora y editora... Muchas son las entrevistas que ella ha hecho a gente del arte y la cultura argentinos.

     “Se está exagerando un poco en el uso de los celulares, se conversa menos, se reúne menos

la gente. En cuanto a la lectura prefiero el papel, es más cálido, lo siento más cercano. Las selfies son un tanto narcisistas, pero ¿a quién no le gusta mostrar dónde la estamos pasando regio o qué estamos haciendo de fantástico en ese momento? Siempre cuidando un poco la privacidad y no exponiéndonos al límite. Me gustaría que la tecnología ‘nos sirva’ y no nosotros ser ‘víctimas’ de ella. Todo en una medida cuidada hace bien, lo ilimitado daña”.

     —¿Con qué palabras exhortarías a la juventud actual a que respete el idioma… A que escriba correctamente en las redes sociales… A que entiendan, entre tantas palabras supuestamente abreviadas, que k no puede significar que en ninguno de sus usos… ni ‘Ymm’ puede significar “llámame”… ni AC es inflexión del verbo hacer —de pronto muchos ni saben que son usuales para significar antes de Cristo—, ni ‘OMG’ puede ser, ¡por Dios!, “Oh, my God!”…

     “Es un horror la manera en que se está escribiendo actualmente. No sé si es por la edad, pero me parece ridículo que abrevien tanto. Si se trata de una conversación entre pares, bueno, ellos se entenderán, pero en lo público no me gusta. El tema es que, si lo escriben así entre ellos, luego lo repiten y no está bien. El idioma español es mágico y rico y no hace falta incorporarle más cosas. Tampoco acepto muchos términos que la Real Academia últimamente aceptó, tales como “toballa”, “cederrón”, “güiski”, y esas tonteras. Hay que escribir bien, y para eso hay que leer mucho. Es la mejor forma de enriquecer el vocabulario y la fluidez al hablar. Me enfurece ver comentarios en las redes, mal escritos o incomprensibles, aun tratándose de palabras simples”.

Continuara en la próxima actualización, la última del año, la 134.