Pensar lo mismo, en secreto, con complejos provincianos…

     Nota del director: Como lo dijimos en nuestra actualización anterior, es “todo un inmenso honor que el escritor de raíces barranquilleras Jaime Romero Sampayo publique en El Muelle Caribe…”.

     En esta ocasión repetimos la presentación anterior y, al margen, agregamos algo más, muy valioso como información: “Todo un inmenso honor que el escritor de raíces barranquilleras Jaime Romero Sampayo publique en El Muelle Caribe… Residente en Barcelona, se codea con intelectuales españoles, entre ellos Fernando Savater, 70 años, el filósofo autor de más de medio centenar de obras y quien, a lo largo de su carrera, ha logrado diversas

 distinciones, entre ellas el premio Ortega y Gasset

Jaime Romero Sampayo, en Barcelona.

del periodismo (año 2.000) por mejor artículo de opinión. Con Romero Sampayo se apreciará elegancia en el manejo del lenguaje, fino humor con sabor Caribe y sin ofensas —para lograrlo, no hay necesidad de meterse en la vida privada de nadie, distante hasta el más allá del ‘opinador politizado’ y con inocultable dominio literario. Toda una joya crítica el texto con el cual Jaime Romero Sampayo debuta en El Muelle Caribe por gentil deferencia de su padre Jaime Romero Escolar.

     Y vamos con más sobre Jaime Romero Sampayo. Porque, más allá de que es de raíces barranquilleras, lo exacto es que nació en Barranquilla, en 1976. Es ingeniero industrial egresado de la Universidad del Norte y en 2001 emigró a España, en donde obtuvo un máster y el DEA (Diploma de Estudios Avanzados) de Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona. También es escritor y como tal ha ganado y ha sido finalista en diversos concursos literarios.

     Para destacar, su inclusión en el ‘top 10’ del Juan Rulfo, México, en 2008 , el concurso de cuentos de más prestigio en el ámbito hispano, hoy en crisis con su obra titulada ‘Catalina del mar’, “toda una belleza literaria, con una trama que se desarrolla inicialmente en Cartagena y termina en España con el problema de los inmigrantes africanos”, dicen quienes han hecho el análisis correspondiente del cuento. ‘Catalina del mar’, título también de una canción interpretada por Joe Arroyo con  Fruko y sus tesos.

     Romero Sampayo colabora con distintas revistas hispanoamericanas, entre otras, ‘La Palabra y el Hombre’, de México y de la cual el novelista y ensayista español Sergio Pitol es uno de sus pilares, y ‘Claves’, dirigida por el filósofo español Fernando Savater. Fue el fundador y primer director de ‘Charnego News’, un digital de sátira política en España y, actualmente, es bloguero fijo del ‘Huffington Post’-España, a la vez que colabora ocasionalmente con artículos para otros medios tales como ‘Crónica Global’ y ‘El Español’.

     Así, pues, todo un inmenso honor que el escritor barranquillero Jaime Romero Sampayo publique en El Muelle Caribe…”.

     La vez que leí, no muchos años atrás, que García Márquez había dicho que ‘Pedro Navaja’ era una obra maestra literaria, y que es el relato que a él siempre le hubiera gustado escribir, menos mal que yo no iba montado a caballo, ni camino a Damasco, porque de lo contrario seguro me hubiera caído de cabeza y quién sabe a qué herejía enemiga del whisky me hubiera podido convertir: de esa canción yo siempre había pensado eso mismo, pero en secreto, con complejos provincianos.

     Cada día lo pienso más y con más fuerza y alegría, y ahora con la garantía y respaldo de todo un Nobel de la literatura a pesar de comunista supuesto, de colombiano confeso y de no tener el ‘Nivel C’ de catalán. Conforme voy acumulando lecturas y cincelando letras sueltas, empiezo a reconocer mejor ciertos trucos técnicos de los grandes maestros. Y ‘Pedro Navaja’ está repleto de ellos. Es un bello truco de verdades. 

♪ ♫ ♩ ♬ Por la esquina, del viejo barrio, lo vi pasar…

Con el tumbao, que tienen los guapos, al caminar…

Las manos, siempre, en los bolsillos, de su gabán…

Pa’que no sepan, en cuál de ellas, lleva el puñal ♪ ♫ ♩ ♬

     Ahí, de una sola tacada, ya está bien perfilado el escenario y el personaje, ¡casi nada!. Eso es una canción, pero también es una crónica magistral. Una obra de un cronista de Indias de nuestro Siglo de Oro, pero suelto en las calles de la mítica Nueva York de los años 70. Tiene un poder de síntesis que no tuvo siquiera el que inventó la palabra ‘Yo’, y cada una de sus estrofas parece que fuera como la pepita del Big Bang que, al explotar como el bramido de un bombardino o una tuba para elefantes, generara todo un universo entero. Universos bondadosos

y espléndidos: la prueba definitiva y feliz de esto último radicaría en que de ellos surge música africana del Caribe bien bembereteadita allá arriba en el Norte. Cada una de sus estrofas abre y concreta todo un cosmos de referencias cinéfilas, del barrio y emocionales muy ricas. Pero en tono varón, por supuesto, aquí nada de postmodernidades ni de comeflores. 

♪ ♫ ♩ ♬ Usa sombrero de ala ancha, de medio lao…

Y zapatillas, por si hay problema, salir volao…

Lentes oscuros, pa que no sepan, qué está mirando…

Y un diente de oro que, cuando ríe, se ve brillando…♪ ♫ ♩ ♬

     Pero no es cosa sólo de Rubén Blades, sino que, durante un fantástico momento que duró varios años que ojalá nunca jamás hubieran acabado, la música salsa se volvió barroca y sublime en su sonido, y conceptista en sus letras —como la <<música>>de nuestros escritores mayores del siglo dorado, desde Quevedo y los de la picaresca, hasta Baltasar Gracián—. Y también impresionista, igual que los pintores, pero como si en vez franceses, hubieran sido de Senegal y su luz arrutilante. Incluso el expresionismo tampoco se quedó por fuera.

♪ ♫ ♩ ♬ Como a tres cuadras, de aquella esquina, una mujer…

Va recorriendo, la acera entera, por quinta vez…

Y en un zaguán, entra y se da un trago, para olvidar…

Que el día está flojo, que no hay clientes, pa’trabajar… ♪ ♫ ♩ ♬ 

     En Colombia misma tuvimos a un inmenso Joe Arroyo, cuyas canciones son las primeritas que yo oigo cada vez que me duele el dolor. El poder olímpico que tuvo el Joe para dominar la furia de las palabras y en una sola estrofa contarnos un cuento completo, hoy no tiene parangón posible. Peor: cuatro versos le alcanzaban no sólo para relatarnos unos hechos ahora líricos, sino también para imprimirle el tono moral y marcarle la precisa clave sentimental en cada caso. Ahí juega un papel primordial la voz, la interpretación, desde luego. Es que hablar de letra, por un lado, e interpretación, por el otro, es tan atrabiliario como en la física einsteniana intentar separar el espacio  del tiempo.

♪ ♫ ♩ ♬ Un carro pasa, muy despacito, por la avenida…

No tiene marcas, pero todos saben, que es policía…

Pedro Navaja, las manos siempre, dentro del gabán…

Mira y sonríe, y el diente de oro, vuelve a brillar ♪ ♫ ♩ ♬

     En su insuperable “Centurión de la noche”, Joe Arroyo se desgarra con un ♪ ♫ ♩ ♬ Oh, llegó el alba, el alba…/ Y me atormentará otra vez…/ Oh, en la ventana ver…/Madrugada caer, desvanecer ♪ ♫ ♩ ♬

     Y ya sólo con eso deja perfectamente dibujada la atmosfera emocional y el drama del personaje, que siempre es uno mismo, el oyente (y a quien nunca le haya sorprendido el alba, insomne y con el corazón destrozado, mirando por la ventana a lo lejos —y adentro, y fuera del tiempo, en la dimensión del dolor—, mejor que ya deje de leer esto y de una se vaya a tirar de cabeza desde un puente; ¡qué vidas tan tristes, las vidas sin tristezas!).

♪ ♫ ♩ ♬ Mientras camina, pasa la vista, de esquina a esquina…

No se ve un alma, está desierta, toda la avenida…

Cuando de pronto, esa mujer, sale del zaguán…

Y Pedro Navaja, aprieta un puño, dentro del gabán ♪ ♫ ♩ ♬

     Y eso no es nada, el borinqueño Mon Rivera y su gran orquesta (para que nos hagamos una idea, ahí sonaban nada menos que ¡¡¡4!!! trombones, ya te puedes imaginar el poder diabólico de esa banda), tienen una canción titulada ‘Lluvia con nieve’, y cuya letra no dice más que esas tres palabras. Con un ritmo bien rompedor, y un acento inequívocamente caribe, sin embargo, uno comprende, en el tono plañidero de su voz, la angustia y el desespero de un puertoriqueño de sol y playa, pasando el invierno encerrado en un apartamento feo de Nueva York, con nostalgia y resabio y ganas de volver a su «isla del encanto», mirando con despecho por la ventana: «Lluuuvia… Nieve… Lluuuvia… con nieve…». 

♪ ♫ ♩ ♬ Mira pa un lado, mira pal otro, y no ve a nadie…

Y a la carrera, pero sin ruido, cruza la calle…

Y mientras tanto, en la otra acera, va esa mujer…

Refunfuñando, pues no hizo pesos, con qué comer…♪ ♫ ♩ ♬

     Aquello me recuerda a la pobre Madame Bovary mirando por la ventana, en el salón de su casa, con su marido estorbando a su lado, y entonces Emma musita “Está lloviendo…”, y con esa sola expresión uno alcanza a sentir el peso inmenso de su soledad, las náuseas de su infinito aburrimiento, lo horroroso que tuvo que haber sido ser mujer en aquellos tiempos, y encima tener que casarse, y peor con un marido amo y señor suyo, sin morbo, ni sensibilidad, ni comprensión. Yo también me hubiera matado inclusive antes que ella. ¡Pobre Emma!

♪ ♫ ♩ ♬ Mientras camina, del viejo abrigo, saca un revólver (esa mujer)…

Y va a guardarlo, en su cartera, pa’que no estorbe…

Un 38, Smith and Wesson, del especial…

Que carga encima, pa’que la libre, de todo mal ♪ ♫ ♩ ♬

     Del que yo estoy convencido que hubiera sido un gran compositor salsero de los años 70, es de nuestro amado Cervantes. Si cuando al final

lo liberaron de Argel, ese barco hubiera viajado no sólo en el espacio sino también en el tiempo, y lo hubieran dejado a él en Nueva York, estoy seguro de que en seguidita lo contratan en la Fania All Stars para que pusiera a cantar lo mejor de lo mejor a Héctor Lavoe. A no ser que él mismo hubiera querido formar su propia banda, quizás ‘El Manco y sus lepantos’, con un éxito seguro. Un sonero mayor. Sí, porque yo no quiero ni imaginar lo que hubiera hecho ese hombre y genio con unos coros que rezaran aquello de «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace…», que tanto contribuyó a volver loco al glorioso Quijote de la Mancha. Y si se le diera por actualizar su magna obra, ya no serían los libros de caballería el detonante de la bendita locura de nadie, sino que Cervantes rápidamente identificaría el daño en ver televisión y leer los editoriales de los periódicos. Y no me quiero ni imaginar tampoco las tremendas guarachas que hubiera compuesto con sus entremeses; con el ‘Retablo de las maravillas’ se hubiera vuelto a consagrar, otra vez por siempre.

♪ ♫ ♩ ♬ Y Pedro Navaja, puñal en mano, le fue pa’encima…

El diente de oro, iba alumbrando, toda la avenida…

Mientras reía, el puñal hundía, sin compasión…

Cuando de pronto, sonó un disparo, como un cañón…♪ ♫ ♩ ♬

     Rubén Blades escribió muchas de sus grandes canciones en esos mismos años que digo, y estaba imbuido de ese espíritu, y sujeto a aquellas tremendas exigencias de calidad, pero en realidad lo suyo no fue tanto el barroquismo-conceptismo-impresionismo-expresionismo de sus mejores rivales —aunque también—, sino que antes dio cauce a su talento narrativo por los linderos clásicos, y dentro de la tradición del llamado Nuevo Periodismo. Fitzgerald, Hemingway, Truman Capote, Gay Talase, el mejor Norman Mailer y, por supuesto, García Márquez. Ese fue el carril por donde él echó a andar su tren. Por esas vías, construyó sus mejores crónicas. Y toda aquella literatura fue muy fructífera. Yo sigo prefiriendo, sin duda, aquellas maravillosas novelas

imperfectas del siglo XIX. Y, ya en el XX, ‘En busca del tiempo perdido’ no tiene rival, yo la tengo en el pedestal más alto. Pero eso no quita para reconocer que, desde un punto de vista estrictamente técnico, la perfección máxima —esos encajes perfectos, esas novelas como ingeniosos y complejísimos mecanismos de relojería sobre el que montar, claro está, todas las ideas y sentimientos que se quiera—, el último punto en cuanto a virtuosismo en carpintería fina de letras, lo alcanzaron esos titanes que digo.

♪ ♫ ♩ ♬ Y Pedro Navaja, cayó en la acera, mientras veía (a esa mujer)…

Que, revolver en mano, y de muerte, herida, a él le decía…

<<Yo que pensaba, hoy no es mi día, estoy salá [gafe]…

Pero, Pedro Navaja, tú estás peor, ¡tú estás en ná! ♪ ♫ ♩ ♬

     Además de su capacidad descriptiva, con la cual en dos pinceladas nos deja en medio de una película en Manhattan, y nos define bien el personaje central, son tantos los truquitos literarios que conforman la perfección de ‘Pedro Navaja’, que a mí me da hasta risa de admiración. Mencionaré unos cuantos. El diente de oro y las manos dentro del gabán. Esos son unos marcadores sumamente eficaces de toda la historia. Con ellos la apuntala, le da consistencia y realidad. Ambos salen 3 veces, y muy bien puestos: «las manos, siempre, en los bolsillos, de su gabán, pa’que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal», «y un diente de oro que cuando ríe se ve brillando», «Pedro Navaja, las manos, siempre, dentro del gabán, mira y sonríe y el diente de oro vuelve a brillar», «Y Pedro Navaja aprieta un puño dentro del gabán», «el diente de oro iba alumbrando toda la avenida». Y ambos marcadores muy bien entrelazados, y con pleno sentido, con el «puñal», que aparece 4 veces de forma directa, y, una quinta, por una magnífica alusión: «Y Pedro Navaja aprieta un puño dentro del gabán». Lo que aprieta es el puñal, está muy claro.
♪ ♫ ♩ ♬ Y créanme, gente, que aunque hubo ruido, nadie salió…

No hubo curiosos, no hubo preguntas, nadie lloró…

Sólo un borracho, con los dos cuerpos, se tropezó…

Cogió el revólver, el puñal, dos pesos, y se marchó ♪ ♫ ♩ ♬

     Pero hay más cosas, además de esa gran capacidad descriptiva (y todo eso del carro que no tiene marcas pero todos saben que es policía, y el zaguán adonde uno entra a darse un trago para olvidar, y la avenida desierta), y ese poder de síntesis, y esa fina mirada idiosincrática, y el truco de los marcadores que son como hilos maestros que van punteando la trama. Y es que el vergajo hace converger desde dos puntos distintos, a los dos personajes, al matón de poca monta, y a la prostituta (a la que Rubén Blades trata con una exquisita y elegante compasión —«recorre la acera entera por quinta vez», «refunfuñando pues no hizo pesos con qué comer»). Con ella también saca a relucir el bagaje del ‘Nuevo Periodismo’. No dice que la mujer llevaba una pistola o un revólver. Dice un revólver «Smith and Wesson…del especial». ¡Vaya precisión, eso es poder y arte! Y en otro momento, ante la posibilidad de un equívoco, cuando dice «mientras camina, del viejo abrigo, saca un revolver» (Pedro Navaja lleva un gabán, no un viejo abrigo, pero alguien se podría confundir y no saber quién es el que saca el revólver), lo solventa fácil pero inopinadamente agregándole un «esa mujer», fuera de nota, pero dentro de su arte. Los hace venir desde distintos puntos, con distintas historias, los aproxima poco a poco, y los hace confluir como quien dice en la selva. La una es algún tipo de rumiante (“la acera entera por quinta vez”), y el otro es un felino depredador que se le va pa’encima (“y a la carrera pero sin ruido cruza la calle”). Es una escena de un documental de la naturaleza salvaje. Está todo dispuesto. La composición ha sido perfecta, y perfecto su equilibrio. Pero, por si todo eso fuera poco, sobreviene la tragedia existencial. El cazador, caza, pero a la vez es cazado. Lo peor y más irónico de todo: la mujer sólo llevaba 2 pesos, por 2 pesos la mató y se dejó matar. ¡2 pesos! Eso fue lo que, junto al puñal y el revólver, se llevó el borracho. Me recuerda a esa escena de fin de capítulo magistral de García Márquez en ‘Crónica de una muerte anunciada’, escena que siempre me perturba hasta la médula de los huesos, cuando Ángela Vicario, tras pasarse casi 30 años mandándole sin recibir respuesta unas 2000 cartas de amor y desamor al marido que la abandonó en la noche de bodas, a Bayardo San Román, el día menos pensado, bordando con sus amigas, el susodicho se le presentó de repente en la casa («Estaba gordo y se le empezaba a caer el pelo, y ya necesitaba espejuelos para ver de cerca. ¡Pero era él, carajo, era él! »), y aparte de la maleta de la ropa para ya quedarse por siempre, traía otra igual con todas las cartas de ella juntas «ordenadas por sus fechas, en paquetes cocidos con cintas de colores, y todas sin abrir». ¡Sin abrir!... ¡Dos pesos!... ¡El cazador, cazado! 

     Y para terminar con broche de oro, y poner el foco en pleno en la fragilidad y contingencia de la vida, incluso su futilidad y sinsentido según esta visión, que hace que la muerte teatral de dos personajes principales no sea más que una buena oportunidad para un borracho seguramente igual de infeliz que aquellos, aunque, por esa noche, muy contento de la vida y su generosidad inesperada. Ya en los coros, Rubén Blades, apostilla: «Y como en una novela de Kafka: “El borracho dobló por el callejón”». Sí,

Kafkiano también, y más se ve en la

Willie Colón y Rubén Blades, en tiempos de Pedro Navaja.

ironía de otro de los estribillos de su coro: «I like to live in America…», que nos lo suelta, acampaneado, como de navidad, pero con un claro tufillo sardónico. Verdaderamente genial.

♪ ♫ ♩ ♬ Y tropezando, se fue cantando, desafinao…

El coro que aquí les traje, y da el mensaje de mi canción:

La vida te da sorpresas; sorpresas, te da la vida, ¡Ay, Dios! ♪ ♫ ♩ ♬

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N. de la D: Abundante ilustración ha generado en sus cuarenta años de creación el tema ‘Pedro Navaja’. De todo cuanto, en este sentido, viaja por la web,  seleccionamos viñetas, dibujos, pinturas para ilustrar este trabajo. Damos el respectvo crédito a pinterest.com - mydanceproductions.com - World News - vdevinieta.blogspot.com - chusmarinista.blogspot.com.co