Relatos, prosas y teatro

     La empresa Promigas divulgó en dos grandes y completos tomos compilados por Enrique Dávila Martínez, la creación artística y literaria de Amira de la Rosa (su seudónimo). El tomo I, dedicado a Relatos, prosas y teatro; el tomo II, a Radiofonía, relatos infantiles, poesía y crítica. Hoy trataré a grandes rasgos partes del tomo I, dejando para la próxima edición apartes del segundo tomo, dada su importancia e interés que tiene la vida y obra de esta extinta poetisa y dramaturga barranquillera, imposible de dejar en el olvido literario.

     Amira, escritora nacida en Barranquilla en 1900-1974 con su verdadero nombre Amira Hortensia Arrieta McGregor, reconocida en el ambiente literario nacional e internacional y 

quien, como lo escribe Antonio Celia Martínez-Aparicio en la presentación de ambos tomos (los que tuve el gusto de recibir de manos de esa empresa enviados por la doctora Marina Hurtado Monsalve, Gerente de Relaciones Internas y Comunicaciones) “esta escritora tuvo gran reconocimiento en su época, y que, por lo mismo, se relacionó con algunos de los personajes más notables de la literatura y del arte en Colombia y, en especial, la Península ibérica”.

     “Dicha difusión ha sido significativa -escribe Martínez-Aparicio-, sobre todo en lo que atañe a Barranquilla donde tanto se ha querido a Amira, pero también donde se le conoce tan poco, al punto de que muchos de sus habitantes solo dicen de ella que era una poeta, cuando en realidad su mayor mérito literario radica en su producción teatral como dramaturga y en su narrativa para teatro”.

     Fue también Amira de la Rosa quien escribió la letra del himno de Barranquilla, adoptado por el Honorable Concejo Municipal de la ciudad, en cabildo abierto el 19 de octubre de 1942, con música de Simón J. Urbina en 1928. Por cierto, Himno con doce estrofas, de las cuales no todas son conocidas por los barranquilleros pues solo se entonan los cinco primeros coros. Con su nombre artístico fue bautizado su principal escenario, el paralizado y casi esquelético Teatro Amira de la Rosa que hoy mantiene sus puertas cerradas al público.

     Replico lo escrito por Antonio Celia cuando expresa que, “Amira de la Rosa con una visión abarcadora fue reconocida en su momento como la mujer más importante de las letras colombianas, equiparable a escritoras foráneas tan preclaras como fueron las premios Nobel de Literatura en aquella época, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou”. En fin, Amira de la Rosa, no solo como escritora, sino como intérprete del acontecer artístico fue continua animadora de la vida cultural de las ciudades donde residió.

     ¿Cómo era en su físico Amira de la Rosa? Se resume aquí su perfil a través de las letras que sobre ella escribió el poeta piedracielista chiquinquireño Carlos Martín cuando la dibuja con sus letras expresando: “Amira de la Rosa tiene la simetría de proporciones, la gracia espontánea, la elevada estatura, el ademán elegante y la natural mesura y buen juicio que hace recordar la figura y externas condiciones de la Bien Plantada del glosador catalán […] en sus ojos oscuros, húmedos y llenos de clara profundidad […]”.

     Amira de la Rosa fue escogida por los mandatarios de turno como Consejera Cultural de la Embajada de Colombia en 

España; después, gracias a sus amigos influyentes de la época fue designada Cónsul de Colombia en Sevilla; más tarde Consejera Cultural de la Embajada de Colombia en España y, por último, obtuvo el cargo de Agregada Cultural de la misma misión.

     Amira se expatrió voluntariamente desechando todos los honores de que era objeto por sus gestiones culturales debido a un solo motivo: su único hijo había nacido con una dificultad psíquica, era enfermo esquizofrénico y ella pensaba que en Europa podía rehabilitarse. Pero fue una situación personal que trató de ocultar a todo trance, tanto lo quería ocultar que hasta a su propia madre se lo negaba. A ella le inventaba otra historia, creada por su mente de escritora, a quien le decía que su nieto Ramiro ya se había graduado, que le iba muy bien, que estaba especializándose, que estaba dedicado a tal o cual proyecto; en todo caso, nunca podía hablar el nieto con su abuela porque no se encontraba disponible, ella siempre le ocultó su grave enfermedad para no angustiarla y, sobre todo, para que no lo supieran a través de ella sus amistades en Barranquilla.

     De hecho, Amira estuvo acompañada en su existencia solo por luces y sombras que la abandonaron durante su adultez. Estuvo casada con un médico eminente, pero se alejó de él para estar con su único hijo enfermo, esquizofrénico desde la infancia y a quien los médicos en España le diagnosticaron poco tiempo de vida, pero se equivocaron porque vivió más de cuarenta años, muriendo ella primero que él. Mientras vivió, en España solo la acompañó una soledad abrumante, con una verdad oculta tras amorosa mentira ya que las cartas a su madre iban repletas de alegría y desbordante engaño sobre la salud de su hijo.

     En alguna ocasión, refiriéndose a su propia jovialidad la que empleaba como máscara para ocultar la realidad mental de su hijo Ramiro, a quien nunca quiso internar en ningún sanatorio, aunque se tornaba a veces agresivo, Amira expresó: “…tengo que aparentar alegría para poder sobrellevar el dolor que va conmigo”.

     Respeto a su semblanza, Alfonso Fuenmayor contaba que Amira de la Rosa poseía una voz tersa, penetrante y femenina, llena de inflexiones musicales. En una anécdota que involucra a Ramón Vinyes y a Manuel De

Falla, se resume el encanto de la voz de Amira y resulta cáustica en lo que toca al músico español: alguna vez Vinyes invitó a Fuenmayor a una conferencia que “misia” Amira dictaba sobre Manuel De Falla. “Vayamos esta noche –dijo don Ramón- a escuchar a Amira ponerle música a la música De Falla”. Sin duda, el sabio catalán de Cien años de soledad se refería a la dicción de Amira, que, para él, matizaría de musicalidad la ausencia de De Falla.

     De los incontables textos se destacan sus piezas teatrales ‘Madre borrada’, ‘Piltrafa’ y ‘Las viudas de Zacarías’, escenificadas en España, Venezuela y Colombia. También escribió para niños. Sus relatos fueron recogidos en un volumen titulado ‘La luna con parasol’, una serie de cuentos cortos, llenos de poesía y delicadeza.

Nury Ruiz Bárcenas

Escritora-Periodista cultural

Orden Álvaro Cepeda Samudio (por difusión cultural)

Correo: funescritoresdelmar@gmail.com

El corazón de la cultura barranquillera, el teatro Amira de la Rosa, hace rato no late. El homenaje a la poetisa, el escenario para conciertos musicales, óperas y zarzuelas, recitales poéticos y otras manifestaciones literarias, expresiones del Carnaval, las artes plásticas y la danza, se encuentra cerrado desde hace año y medio. Sin embargo, ha de volver a latir, no hay duda. El Banco de la República ha anunciado, muy recientemente, una inversión de 60.000 millones de pesos y lo recibirá en donación, de manos de La Sociedad de Mejoras Públicas, tras un acuerdo con la alcaldía distrital. Amira volverá ser centro de la cultura barranquillera. Ese corazón de la cultura volverá a latir.