Buscar necesidades que, lejos de ser vitales, son artificiales

     El placer asusta porque gusta demasiado, afirmo alguna vez Fernando Savater; al punto de que todas las sociedades, a lo largo de la historia, han tratado de evitar que sus miembros se acomoden y acostumbren a darle rienda suelta al goce a todas horas. Tal vez, hace mucho tiempo en la historia de la humanidad borrada por la bruma del tiempo, subsistencia y gozo eran la misma cosa y no había división entre espacio-tiempo para el goce y el trabajo. Pero hoy no es posible regresar a esa época originaria y habría que corregir esa ruptura en el tejido roto de la cultura occidental, ocasionada por el consumismo desenfrenado que le ha puesto valor a todo en su pretensión de convertir todo en empresa, debido a la creencia de que todos somos productivos y podemos ser como “el vendedor más grande del mundo”, o de resignarnos a ganarnos el mínimo con carita feliz.

     Es urgente revisar desde la pedagogía y la educación esta visión pragmática con una teoría que, en algún sentido, enseñe no solo a competir —lo cual puede llegar a ser necesario e importante, pero a todas luces insuficiente—, sino ante todo a vivir, a elogiar la presencia del cuerpo, no como instrumento sino como erotismo y belleza que equilibre el vacío que se establece entre el trabajo y la vida cotidiana.

     Si el placer y la preservación de la existencia son dos fuerzas igualmente legítimas, ¿cómo lograr que el goce no conlleve al exterminio? Montaigne, citado por Savater, decía: “Usar los placeres es no permitir que cualquiera de ellos

te borre la posibilidad de todos los otros y que ninguno te esconda por completo el contexto de la vida”. Esto significa que el uso de un placer enriquece la vida, cuando gusta más la vida, o que es señal de que se está abusando del placer cuando notamos que te va empobreciendo la vida al punto

de que ya no interesa la vida, sino solo ese particular placer. Podría decirse que una cosa es estar a la altura del instante, del disfrute de un bien de consumo cultural o artístico, y, otra, estar por debajo de ese disfrute, en el sentido de que es muy pobre aquel que lo toma como esnobismo o como simple disfrute y termina calumniando la vida en nombre de su lamentable cotidianidad. En nuestro medio, eso lo podemos ver con ciertos personajes que, para enriquecer su tosco ser, compran cuadros costosos o cuadrillas de carros lujosos en la creencia de que la belleza les llegara automáticamente reflejándose en el objeto adquirido. También es lo típico del borracho que escucha canciones de despecho para seguirle echando sal a su herida sentimental solo para que le duela más, o del despechado social despotricando contra la sociedad y transmitiéndole su veneno a sus contertulios que se le parecen bastante. Cosa distinta sería una tertulia en donde los inquietos amigos se brindan lo mejor de su inteligencia y propuestas.

     Es frecuente constatar cómo, en la vida cotidiana, las acciones sociales colectivas o particulares son cada vez más tristes y rutinarias. No nos hemos dado cuenta de que la vida entró en crisis, de que el modelo económico–social son solo consecuencia de ello y, todavía, seguimos creyendo que la vida debe estar a la orden de la economía y no la economía al servicio de la vida

     Ante esta situación, la desbrujulada educación que tenemos los colombianos debe revisar sus fines o metas y entender que la mejor forma de educar es enseñar a vivir a los alumnos, en la compresión de mundos posibles, distintos a los valores economicistas, para convertir muchas cosas que parecen suntuarias en necesarias, como, por ejemplo, un libro, un poema o un diminuto instante en el vivir. No podemos seguir copiando los valores decadentes de los países industrializados, donde los jóvenes se suicidan en medio del confort, porque no le encuentran sentido a la vida.

     La era industrial, más allá de sus evidentes logros materiales, volvió feo el mundo, lleno de cosas que se producen en serie a punta de máquinas, y la vida quedo aplazada en su subjetividad. El actuar ha desprestigiado el pensar y se ha apoderado de la sociedad un afán social nunca visto antes, desde el cual todos corremos en la búsqueda de necesidades que, lejos de ser vitales, son artificiales.

     alonsoramirez@hotmail.com

Diez verdades y la saturación web (I)

                                               www.davidrollvelez.com

     Hay gran confusión entre la ciudadanía en Colombia, pero también en todo el mundo sobre lo que realmente está pasando en nuestro planeta. En parte se debe a que las redes han saturado a las personas con información innecesaria y ya nadie lee noticias.
Pero si usted revisa con cierto detenimiento las principales revistas y periódicos de Colombia y el mundo, ve los noticieros y da una mirada a los medios de redes serios, descubrirá las siguientes diez verdades sobre la realidad del mundo actual:

Buenas Noticias:

     1.- DEMOCRACIA: La democracia se extendió por el mundo como nunca se soñó. Toda América menos Cuba y Venezuela son democracias funcionales, toda Oceanía y toda Europa, y hasta países asiáticos y africanos donde eso parecía imposible, como India y Suráfrica.

     2.- CAPITALISMO: El capitalismo que tantos decían que tenía sus días contados se expandió aun más, pues hasta la China y Vietnam comunistas son al mismo tiempo capitalistas. La economía mundial nunca estuvo mejor a pesar de las crisis en medio de ese capitalismo que era visto como el Apocalipsis.

     3.- POBREZA: La pobreza matemáticamente disminuyó de forma radical en el mundo en todos los países democráticos, y hasta en los no democráticos que adoptaron lógicas capitalistas (400 millones en solo china).

     4.- PAZ: El mundo se volvió más pacífico de lo que nunca fue. Se acabaron los conflictos entre países europeos, la temible guerra fría, las más cruentas dictaduras y movimientos guerrilleros o terroristas en todos los continentes. Atrás quedaron Pol Pot, Franco, Stalin, Pinochet, Sendero Luminoso, Plan Cóndor, Eta, Ira, Farc y todas las pesadillas del siglo pasado.

     5.- FELICIDAD: Durante toda la historia de la humanidad la felicidad era un concepto para élites, pues sobrevivir, comer y salvar a los hijos de la muerte ocupaba la mente y el tiempo de casi todo el mundo. Hoy en día la felicidad es vista como un derecho humano universal. Tanto los estados como las organizaciones y las familias, están empeñadas en lograrla para la mayor parte de los ciudadanos. Por lo menos materialmente más de cinco mil millones de personas están en capacidad de alcanzar ese objetivo.

Malas Noticias:

     1.- DEMOCRACIA: A Pesar de su triunfo contra el absolutismo, el fascismo, el comunismo y su difusión mundial, la democracia está en crisis en casi todos los países, por problemas de ilegitimidad, corrupción, choque de poderes y fraude electoral.

     2.- CAPITALISMO: Aunque el capitalismo no trajo la pauperización del mundo como se anunciaba, ha creado unas lógicas de concentración de riqueza absurdas (70.700.000 personas tienen el 90 por ciento de la riqueza mundial), y por ello ese capitalismo descontrolado está poniendo en jaque a las democracias y al medio ambiente.

     3.- POBREZA: Si bien se redujo antes de lo pensado la pobreza mundial a la mitad (entre 1990 y 2010), los mecanismos para evitar casos dramáticos como Haiti, Siria, Venezula o guajira no se han inventado, y gran parte de la humanidad aun son ciudadanos de segunda clase, aunque la miseria generalizada haya logrado frenarse.

     4.- PAZ: Es inaceptable que después del fin de la Guerra Fría Naciones Unidas esté tan débil y que el mundo no haya podido evitar las catástrofes en Yugoslavia, Siria, Irak, Afganistán, ni las tragedias guerrilleras, paramilitares y sicariales de Colombia y otros países latinoamericanos, africanos y asiáticos. Además, ha vuelto a sentirse miedo por la paz mundial en los últimos años por los atentados terroristas y por las disputas entre Europa y Rusia y entre algunos países asiáticos.

     5.- FELICIDAD: En el momento más exitoso de la humanidad, tanto desde el punto de vista social como económico, político y tecnológico, la depresión es endémica en el mundo, y la sensación generalizada de intranquilidad frente a la vida no se corresponde con las condiciones reales que se han alcanzado. Aún intentándolo con vehemencia ni teóricos, ni líderes religiosos o políticos o grandes científicos han logrado aliviar una cierta desesperanza colectiva e individual que se ha apoderado del ser humano del Tercer Milenio, y no se sabe tampoco a ciencia cierta que la causa o como puede combatirse.