Simulará, otra vez, como en el pasado, que está cumpliendo

     Atrapada sin salida, como en la película clásica, podría titularse la historia reciente de la escuela. No existe un lugar más asaltado en nuestra sociedad que la escuela, y no precisamente por los ladrones, sino por el poder, el Estado y la sociedad.

     A la escuela le está pasando lo que le sucedió a la mujer en la Edad Media, cuando se la consideraba mitad sirvienta y mitad florero. Por un lado, tenía que servir en las fiestas sociales y atender a cuanto caprichoso invitado demandara algún servicio, y por el otro, lucir espléndida, radiante, bellísima, como reina de la casa. Así como el hielo frito —una contradicción en los términos— era, y todavía lo es, vista la mujer. Ahora, el turno le llegó a la escuela,

que ha quedado en el ojo del huracán para garantizar lo que no existe en esta destartalada sociedad.

     La escuela, como advierte Michel Apple, “se encuentra atrapada sin salida. Por una parte, debe colaborar en la acumulación, produciendo agentes para un mercado laboral jerárquico, y un capital cultural de conocimientos técnico-administrativos. Por otra parte, nuestras instituciones educativas deben legitimar ideologías de igualdad y de movilidad social, y hacer que la vean positivamente tantas clases y grupos sociales como sea posible”.

Michel Apple

     Así las cosas, mientras el Estado no da ejemplos de

transparencia y eficacia, como lo sucedido recientemente en lo firmado en los acuerdos de la Habana con las FARC en cuanto a dotación en infraestructura de los llamados campamentos de zonas veredales, donde no fue capaz de construir ni siquiera uno digno para alojar a los desmovilizados, sí le exige a la escuela resultados burocráticos frente al desarrollo de la catedra de la paz.

     En consecuencia, frente a esta demanda de ‘última hora’, la escuela simulará, otra vez, que está cumpliendo como lo hizo en el pasado, cuando se estableció el gobierno escolar en la ley 115, de 1994, fue declarada como escenario privilegiado para socializar la democracia y los padres de familia, al tiempo, le exigieron meter en cintura a sus hijos descontrolados. ¿No son acaso estas demandas contradictorias las que hacen que en el currículo explicito se diga una cosa y en el implícito se haga otra? El Estado no puede exigirle a la escuela, una vez más, que mienta con palabras verdaderas, es decir, que se presente como ‘pantallazo’, de cara a la construcción de una verdadera cultura de paz.

     No obstante, frente al  reto de pasar la página y contribuir desde la escuela en cultura de paz, lo prudente, lo pertinente, lo más sabio de acuerdo con la experiencia del pasado y la sabiduría del olvido, es apartarse —siguiendo el consejo de Nietzsche— del ruido de ‘las moscas  del mercado’, de los estribillos y los grandes espectáculos, de los grandes proyectos, y asumir modestamente un proyecto de paz —más allá que una cátedra— en cada institución, preguntándonos, con Eleonor Roosevelt “¿Y dónde empiezan los derechos humanos? En pequeños lugares tan próximos y pequeños que no aparecen en el mapa. En donde todo el mundo es igual ante la ley. Si esos derechos no significan nada para esos lugares, no significan nada en ninguna parte”. Para ello, tendremos que construir con la comunidad educativa cultura de paz micro-territoriales, allí donde haga presencia la institución escolar.

     Entonces, que el Estado se ocupe de lo suyo y deje fluir los micropoderes que cada institución pueda construir, de cara a los retos y propósitos de la paz. Estamos en un momento histórico único y no podemos dejarlo pasar por estar sumergidos en las apariencias, solo para cumplirles a unos funcionarios que viven de espasmos burocráticos.

     Para terminar, está suficientemente demostrado que el trabajo en equipo permite a los profesores hacer las transformaciones con elevadas garantías de éxito, pero, como lo advierte Carreño, “tanto el grupo que

llamamos equipo de trabajo, como su propia actividad a la que podemos llamar trabajo en equipo, son realidades fabricables y su

Dibujos acoplados en este conjunto gráfico, tras haber sido tomados de las sitios web jovencuba.com, adopty.es, Resistencia Colombia y asteresa.net.

aparición solo depende de que alguien pueda, sepa y quiera en serio ponerse a ello”. No obstante —y en eso si podría colaborar el Estado a través del Ministerio y sus secretarías—, es un imperativo la formación de los directores de las escuelas en liderazgo para la paz.

     Está comprobado también que la buena dirección es la característica más significativa de los buenos colegios: esas direcciones que se ocupan por el aquí y ahora, por la gestión eficaz de la organización, por actuar en función de la cultura de la escuela fundamentada en lograr la verdadera y comprometida participación y por el trabajo de todos… directores que convocan a la participación activa de todos los profesores, padres, administrativos, representantes de la comunidad y estudiantes para negociar y acordar el currículo, así como para especificar su contribución en términos de planificación, implementación, y evaluación de la cultura que se quiere.