“Todo funcionario público a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado, o tomado para sí de los fondos públicos, de 10 pesos para arriba, queda sujeto a la pena capital”

     Odebrecht, Reficar, los comedores escolares, Interbolsa, La Guajira, el cartel de los pañales, el cartel de la hemofilia en Córdoba, la danza de los millones en las cortes, el ‘carrusel’ de la contratación en Bogotá, Estraval, Saludcoop... La lista de los casos de corrupción en Colombia es larga y parece interminable.

     ¿Qué nos está pasando?

     La extensión y persistencia de las prácticas corruptas en el país demuestran que no se trata de un fenómeno ocasional y aislado, ni que es exclusivo de la política, sino que estamos ante tendencias profundamente arraigadas en la cultura que afectan los códigos morales más profundos de nuestra sociedad.

     La primera reacción ante este alud de corrupción es poner en entredicho la eficacia de los organismos de control y del sistema judicial. Pero, aunque el papel de estas instituciones es muy importante, hay que notar que su actuación tiene ciertos límites y se 

reduce a los hechos cumplidos: estas entidades no hacen mucho en la prevención y poco o nada a la hora de combatir las raíces sociales del problema. Problema que no es nuevo y tampoco exclusivo de los colombianos, a decir verdad.

     Recordemos que, como parte de las batallas por la independencia del continente y la construcción de las Repúblicas latinoamericanas, el Libertador Simón Bolívar combatió el flagelo de la corrupción en la administración pública y lo señaló como un delito de traición a la patria que el pueblo debe denunciar y las autoridades obligadas a castigar de manera ejemplar.

     Sobre este tema es bueno recordar que, desde Lima, capital del Perú, el 12 de enero de 1824, hace 193 años, Bolívar emitió un decreto de cuatro artículos para legislar la administración del tesoro nacional considerando que “la escandalosa dilapidación de sus fondos por algunos funcionarios” debilitaba la República. “El único medio de extirpar radicalmente este desorden es dictar medidas fuertes y extraordinarias”, consideró además el Libertador, quien en aquel entonces se encontraba en Perú para comandar, junto al mariscal Antonio José de Sucre, la Batalla de Junín, en la que sería derrotado el último reducto del imperio español en tierras suramericanas.

     Conforme a su papel de hombre de Estado, forjador de nuevas naciones, Bolívar promulgó en el Artículo uno de aquel decreto que “todo funcionario público a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado, o tomado para sí de los fondos públicos, de 10 pesos para arriba, queda sujeto a la pena capital”. Igualmente, la normativa indicaba que los jueces que no procedieran

de acuerdo con lo decretado serían condenados a la misma pena.

     “Todo individuo puede acusar a los funcionarios del delito que indica el Artículo uno”, señalaba el Artículo tres, con el cual se exhortaba a la población a ser partícipes de la contraloría del erario.

     De esta forma, el Libertador contraatacaba, con la ayuda del pueblo, una práctica generalizada de feriarse los recursos públicos. En el cuarto y último artículo se señalaba que “se ordena fijar el texto del decreto en todas las oficinas de los puestos republicanos, con el fin de que se cumpla esa ley inmediatamente”.

     La convicción de la transparencia en la conducción de los fondos públicos llevó al Libertador a la medida extrema

de aplicar la pena de muerte a los delincuentes del tesoro nacional. Simón Bolívar tipificó así a la corrupción administrativa como un cáncer contra la estabilidad del Estado, la confianza de las mayorías hambrientas de justicia y la defensa de la soberanía popular. La corrupción administrativa fue considerada por el Libertador Simón Bolívar como traición a la patria y, por ende, en un país de cambios profundos, que si bien parte hoy del respeto a la vida —la Colombia actual—, exige mano dura en el marco de un Estado social de derecho y de justicia total.

     Ante los desproporcionados escándalos de corrupción que hoy vive Colombia, lo cual lleva a señalar que, en verdad, el país está atravesando por una emergencia moral —mediante la cual, hasta la sal se ha corrompido—, desde El Muelle Caribe nos preguntamos si el país necesita un nuevo líder como Simón Bolívar que aplique mano dura contra los corruptos y, de nuevo, los llamemos ‘traidores

Corrupción colombiana y visita papal dieron motivo para memes como este…

a la patria’.

     ¿Qué te parece?