Del marketing político y las estrategias

     De política saben los que saben de política. Hay personas que se leen dos libros sobre campañas y se creen expertos. ¡Váyanse al carajo!, qué expertos ni qué nada van a ser. Hay temas que tienes que trabajarlos muchos años para analizarlos, entenderlos y ponerlos en práctica. Entonces, ¿cómo carajos van a ser expertos sin saber del tema?

     Hablaba con algunos de estos neófitos durante uno de los eventos a los cuales asisto regularmente en diferentes partes y me preguntaron y aseveraron lo mismo sobre estudios que se han hecho para definir en qué momento el elector toma la decisión de votar por un candidato. Solamente les dije, contundentemente: “¡En ninguno!”. No existe un momento exacto de la campaña electoral en el cual se decida el voto. Y no solo porque los tiempos de la decisión de voto varían de persona a persona, sino porque además esa decisión electoral no es un momento aislado sino un proceso. Pero, aunque ese momento exacto no exista, igual todos quieren descubrir por lo menos el proceso. Lo cual tiene su lógica, por 

cierto. Conocer cuándo y cómo se decide el voto, es objeto de interés académico por parte de la psicología política, porque ayuda a comprender más profundamente la psicología del votante. Pero al mismo tiempo es algo de alta utilidad práctica para las campañas electorales y la comunicación política, ya que de ese conocimiento se pueden derivar líneas de acción muy específicas dirigidas a persuadir al votante, entregando los mensajes en los tiempos más adecuados.

     Ya sabes que en política el tiempo corre muy de prisa. En campaña electoral, más aún. El tiempo te obliga, te limita y te empuja. Y surgen las dudas: ¿Y si cometo el error de concentrar todos mis recursos cuando ya es tarde, porque el votante ya está decidido? ¿Y si mi equivoco por malgastarlo todo en un momento de cero apertura para la persuasión política?

     La solución es clara: tengo que saber cuándo es que el votante toma su decisión y cómo lo hace. La decisión de voto antes, durante y después de la campaña electoral. Son inquietudes que surgen.

     En el mundo de la comunicación política y de las campañas electorales existen básicamente tres teorías a la hora 

de analizar el momento de la decisión:

     1.- Muchos creen que la decisión de voto se toma antes, en ocasiones mucho antes de que siquiera comience la campaña electoral. Para ellos el voto se decide meses o inclusive años antes de que aparezca el primer spot televisivo o la primera valla callejera. Por lo general consideran que los factores que intervienen son básicamente de

largo plazo (ideológicos, políticos, sociológicos, demográficos, psicológicos) y que los mismos apenas son rozados superficialmente por la campaña electoral.

     2.- Otros, en cambio, creen que la decisión de voto se toma durante la campaña electoral. Es en ese margen acotado de pocos días o semanas —variando de acuerdo con la legislación de cada país—, cuando las personas son persuadidas y optan por elegir un candidato y rechazar a los demás. Para ellos la campaña lo es todo, y la comunicación electoral es el gran factor que inclina la balanza en una dirección o en otra.

     3.- Finalmente están los que creen que la decisión de voto se produce luego de la campaña, en ese breve período que comienza al cesar la publicidad electoral y que termina en el momento mismo de votar. Para ellos el factor clave es la reflexión final del votante durante esos días u horas de relativo silencio y aparente calma. Entienden que solo entonces van a florecer todas las plantas sembradas antes y durante la campaña.

     Las tres teorías tienen algo de cierto. Pero las tres teorías fallan porque suponen que la decisión de voto es un proceso meramente racional, consciente, intelectual. Pero no lo es.

     Para la psicología, es cosa juzgada desde hace más de 100 años: las decisiones humanas puramente racionales no existen. Y no es porque tengan un componente irracional agregado, un cierto porcentaje extra de emoción o una variable dosis inconsciente.

     Es que todo lo que puedes agrupar bajo las denominaciones de racional, consciente, intelectual… todo eso es apenas una mínima parte de los mecanismos mentales. Mínima. Y mucho menos determinante de lo que habitualmente nos gusta creer.

     Hacer consciente lo inconsciente, tal era una de las formulaciones de Sigmund Freud respecto al trabajo psicoanalítico. Y lo inconsciente es inmensamente más vasto y determinante que lo consciente. Incluso en la toma de decisiones. Y también en la decisión de voto.

     Una masa contradictoria de información política ingresa en el sistema de cada persona. Lo hace al mismo tiempo que otra cantidad de información proveniente de los más diversos orígenes. Esa información fluye, se procesa, se descarta en parte, se modifica y se archiva. Y cada cierto tiempo se rescata del archivo y se vuelve a modificar y se vuelve a archivar.

     Cuando la persona decide conscientemente a cuál de los partidos o candidatos va a votar, en realidad ya hace rato largo que está decidido. Mucho antes de que la decisión racional ocurrió, lo que denominó ‘decisión primaria de voto’.

     En suma: la decisión racional de voto se puede producir antes, durante o después de la campaña electoral. Ello depende de las personas y de las coyunturas políticas, culturales y sociales. Pero la decisión primaria de voto se produce siempre antes y suele ser invisible para los analistas.

*MIGUEL MALDONADO MARTÍNEZ

Publicista Consultor y asesor - Marketing y Comunicación Política - Gerente Corporación MMM.

     La tarea de la construcción del Acuerdo de Paz, la defensa de los derechos ciudadanos y la batalla contra la corrupción y las mafias en todos los niveles adquiere un nuevo peldaño en Colombia con la concreción y presentación en sociedad de la nueva coalición de sectores democráticos y de izquierda que se unen para lanzar una única lista al Senado de la Republica, listas unitarias a la Cámara de representantes y  la probabilidad un acuerdo para una convergencia en la escogencia de una dupla presidencial y vice presidencial  en los comicios  del año venidero.

     En una rueda de prensa realizada días atrás en Bogotá se hizo la presentación de la ‘Lista de la decencia’. En la mesa principal del encuentro estaban y posaron para la foto de rigor representantes de importantes sectores que convocan a todos los demócratas del país: El partido Alianza Social Independiente, ASI, Movimiento Progresistas y Colombia Humana, Todos Somos Colombia, Unión Patriótica, UP, Partido Comunista Colombiano, PCC, y el movimiento Alternativo 

Indígena y Social, MAIS. También acompañan la propuesta unitaria centenares de organizaciones sociales, comunitarias, personalidades, artistas e intelectuales. Sin lugar a dudas, expresiones de un fenómeno de amplia convergencia que concita la atención y busca representar viejos anhelos, añoranzas y sueños de millones de compatriotas que tienen en la cabeza una sociedad y un futuro cifrado por mejores condiciones de vida con derechos básicos como el empleo y salarios dignos, vivienda, salud, educación, ambiente, vías y atención a las necesidades de hombres y mujeres del campo, entre otras.

     La ‘Lista de la Decencia’ estará integrada por 100 hombres y mujeres sin tacha en su hoja de vida pública. Las cabezas visibles de las fuerzas y sectores políticos que la encarnan así lo han manifestado. Tres precandidaturas presidenciales se asoman como los ‘pesos pesados’ de la coalición: Gustavo Petro Urrego, exsenador de la República y exalcalde de Bogotá, quien realiza una interesante campaña de a pie recorriendo plazas y calles de las poblaciones, para extender su mano amiga y de hermano a la ciudadanía; Clara López Obregón, mujer recia de la izquierda que prefirió abrirse camino por 

Alberto López de Mesa consumía bazuco y habitaba la olla más grande del país: el Bronx. Arquitecto de la Universidad Nacional, fue habitante de calle durante 16 años. Se había casado, tuvo dos hijos y había brillado como publicista de comerciales. Una de sus campañas, ‘Sin Condón Ni Pío’. Fue director de teatro, y el agite de los finales de siglo XX, lo encerró en el vicio. Con la intervención del Bronx, volvió a la vida. Sometido por su propia cuenta a la recuperación, desde mediados de 2016 es otra persona. Gustavo Petro lo ha llamado para que sea candidato a la Cámara de Representantes. Puede llegar. Capacidad le sobra, aunque tiene cierto miedo de acercarse a la candela. Según le dijo a la revista Semana, “puede infectarse en el edificio que, para muchos, “es un mundillo de la carroña”.

fuera del Polo, construyendo sus filas en el bastión llamado ‘Todos

somos Colombia’, y Carlos Caicedo Omar, joven forjado en las luchas del movimiento estudiantil universitario, exrector de la Universidad del Magdalena y exalcalde de Santa Marta, a quien las élites mafiosas incrustadas en organismos como la Fiscalía pretendían  enredar en otro  falso positivo judicial, sin pruebas que demuestren la supuesta responsabilidad en hechos delictivos.

     Además acompañan la convergencia dirigentes populares, defensores de Derechos Humanos y personalidades destacadas como Aida Avella Esquivel, presidenta del partido Unión Patriótica UP;  Jaime Caycedo Turriago, secretario general del PCC; Martha Peralta, presidenta del movimiento MAIS; Tatiana Piñeros, vocera de sector de Género y LGBTI; entre los aspirantes a integrar la lista al Senado de la República o  Lista de la Decencia suenan los siguientes nombres:  Olmedo López, Aida Avella, Rafael Ballén, Jorge Rojas, Alba Luz González, Rosario Pinto, Máximo Noriega, Valmiro Rangel, Orlando Salcedo, Argemiro Burbano, Ricardo Mantilla, Camilo Hernández, Rubén Darío Sánchez, Pedro Esquivel, Luis Evelis Andrade, Feliciano Valencia, Milena Estrada, Arelis Uriana, Juvenal Arrieta, Abel David Jaramillo, Gustavo Bolívar, Edgar Papamija, Bruno Díaz, Diego Vélez, Hollman Morris, Tatiana Piñeros, Gloria Flórez, Ana Teresa Bernal, Augusto Campo, Francisco Sumaqué, padre Gabriel Gutiérrez, David Rasero, Gonzalo Díaz, José Cuesta, Alberto López y Andrés Charry, listado que va a ampliarse cada día, dado que está concebida como 

una lista amplia y abierta a todos los sectores.

     Se espera que la coalición Colombia en la que son cabeza la congresista y pre candidata presidencial de los verdes Claudia López y el congresista del Polo Jorge Enrique Robledo, abra sus puertas a una alianza más amplia entre las dos grandes vertientes. Para ello, se conoce de avances en diálogos y contactos entre sus voceros.

Carlos Caicedo, Gustavo Petro y Clara López, entre otros miembros de la ‘Lista de la Decencia’, hacia una gran convergencia democrático-popular.

     “Un paso en tal sentido permitiría una gran fuerza 

desde el campo popular para formar un contrapeso a los partidos tradicionales y recuperar la confianza en el órgano legislativo”, estiman algunos analistas.

     En los sectores políticos y sociales de Bogotá, por ejemplo, existe un excelente nivel de entusiasmo al anunciarse quienes integrarían la lista decente a la Cámara de Representes por el territorio capitalino, en la cual sobresalen como cabeza de la lista, María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro LeónGomez, máximo dirigente del M-19, vilmente asesinado 26 de abril de 1990 en Bogotá.  El segundo renglón lo ocupará el médico y defensor del derecho a la salud Román Vega por la UP.

     Por lo pronto, todos los esfuerzos se concentran en concretar acuerdos y definiciones para el ingreso de nuevos nombres y sectores y formalizar la inscripción de la ‘Lista de la Decencia’ con un formidable acto político de masas,  probablemente el 10 de diciembre, informó Nixon Padilla, dirigente de la coalición.

Hernán Durango-redaccionbogota@gmail.com

     El dos de octubre de 2016, los colombianos salieron a las calles a decir que no todo vale; que querer la paz no significa convertirse en un comité de aplausos del gobierno y, mucho menos, aceptar que nos impongan a los delincuentes como referente moral de la sociedad.

     Al gobierno no le importó el mensaje ciudadano del NO y en vez de esforzarse en construir un nuevo acuerdo que generara legitimidad, prefirió el cortoplacismo con lo que llamó un ‘nuevo acuerdo’ que en lo sustancial era el mismo. Incumplió su palabra de que sería el pueblo colombiano quien definiría y burló la voluntad popular argumentando que el pupitrazo en el Congreso refrendaba el acuerdo.

     En estos días, llegaba al final de su trámite legislativo la polémica y peligrosa Ley que pretendía crear 16 circunscripciones especiales en el territorio, con el pretexto de dar representación política a las víctimas. El problema es tanto de forma como de fondo. Por un lado, el proceso estuvo lleno de vicios como la realización de tres conciliaciones cuando la Constitución solo permite 2, y el hecho de que al no haber logrado la mayoría necesaria se recurra a una interpretación acomodada para burlarse de la ley.

     Por otro lado, la gran mayoría de estas circunscripciones especiales, coinciden con zonas de cultivos ilícitos o rutas del narcotráfico, lo cual genera serios interrogantes sobre si quienes serán representados son realmente víctimas o los intereses oscuros propios de las Farc.

     Coincidimos en que las víctimas deben tener participación en la política. El argumento con que desde el oficialismo atacan a quienes hemos señalado los riesgos de estas circunscripciones es el gritar desde sus atriles que “los enemigos de la paz no quieren que las víctimas tengan voz y voto”. Si el tema es darles participación a las víctimas ¿por qué desde un principio se les garantizan 10 curules gratis a las Farc y no por ejemplo a las familias de los 11 diputados del Valle asesinados que reclaman verdad, justicia y reparación?

     El gobierno recurre a una táctica destructiva para implementar a las malas todo lo que convenga a la ambición de las Farc: tacha de “buitre de la guerra” a todo el que pone los riesgos sobre la mesa y viola constantemente las leyes y procedimientos, destruyendo toda la credibilidad institucional. Libertad y orden no son solo parte de nuestro escudo, sino la razón misma de nuestra Patria desde su nacimiento como República. No tendremos libertad si no hay orden y jamás tendremos orden, si no se cumple ni se hace cumplir la ley.

     La verdadera paz solo se logra si hay unas instituciones fuertes y confiables que le den estabilidad. Si habrá un legado nefasto que nos deje este gobierno será precisamente unas instituciones en crisis y una sociedad dividida, no por la paz, sino por quienes apoyan y quienes no apoyamos “el fin justifica los medios”.

     No aceptaremos que se les entregue el poder en bandeja de plata a los delincuentes y, sobre todo, a las malas. Si se sanciona la reforma, denunciaré por prevaricato al Presidente, los senadores que votaron por tercera vez y al presidente del Senado.

MARTA LUCÍA RAMÍREZ