Crónica de Juan Carlos Rueda Gómez, en La Lira

     Diciembre conlleva un cambio de 

costumbres gastronómicas y religiosas, e implica la transformación anímica y emocional para el gran número de habitantes que celebra, en la cosmogonía cristiana, la natividad de Jesús. Es el tiempo de los inventarios, de plantearse nuevos propósitos y de hacer promesas para el nuevo año. En todas partes la celebración se hace con música. Algunos se aferran a las canciones tradicionales surgidas del entorno religioso, pero son más los que prefieren las manifestaciones festivas, aun consideradas por los más ortodoxos como una paganización de lo que representa esta fecha sagrada.

Curiosidades de antaño

     Se sabe que las canciones navideñas emblemáticas en el Caribe fueron los tradicionales villancicos, heredados de la tradición católica española, como

En circulación el No 55 de La Lira, entonada con música de Navidad, y de aquellos diciembres, en sendas crónicas de Juan Carlos Rueda Gómez y Humberto Vélez, y los villancicos negros, en un análisis histórico de Rodrigo Ferrer. Además, las colaboraciones de Julio Oñate Martínez —esta vez, sobre el pasebol— y de Heriberto Fiorillo, sobre Xavier Cugat… El bolero en Cartagena, análisis de Quique Muñoz y la gaita zuliana de Jairo Tapia Tietjen… En la sección de reseñas discográficas, el disco de Humberto Ibarra, por Rafael Bassi, y el disco ‘El boogaloo está en algo’, de Johnny Ventura, visto 50 años después por nuestro amigo dominicano Máximo Jiménez. Y, como es de suponer, no podía faltar la programación del Carnaval de Las Artes. En la sección de reseñas bibliográficas, Diógenes Royet comenta el blog ‘Desmemoriados’, el portal de nuestra amiga cubana Rosa Marquetti. La esquina cubana está dedicada al investigador y musicólogo Gaspar Marrero, por Mayra Martínez. Y Andrés Campo, en su habitual sección sobre salsa, nos informa sobre la discografía y la obra musical del gran Kako. Las ilustraciones, todas son de David Lacera.

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El Muelle Caribe reproduce con sumo gusto la crónica de Juan Carlos Rueda Gómez: ‘Canciones que iluminan nuestro arbolito de Navidad’.

Los peces en el río, Tutaina tuturumá, 

A Belén pastores, Antón tiruliru liru, Zagalilllos y Pastores, venid, y Nanita nana. Poco a poco irrumpieron temas que arraigaron en nuestra música, así, en la década de 1930 Antonio ‘El Mono’ González, un compositor e intérprete de rumba criolla —ritmo campesino de la zona andina— impuso 24 de diciembre, que es más conocido como Llegó diciembre. En Colombia nadie le prestó atención y terminó grabado como ‘corridito’ en México por el dueto de Pepe y Chavela, acompañados de mariachi. Así llegó de vuelta a nuestro país, donde se hizo una nueva versión, en su cadencia original, pero con acordeón, por la palmireña Lucy Figueroa y el grupo Los alegres del Valle. En la segunda estrofa se hace énfasis en que ya la gente se ‘engringolaba’, aludiendo a la costumbre anglosajona de hacer el árbol de Navidad que empezaba a disputar su lugar al pesebre tradicional. Aunque es un aire interiorano, logró mucha popularidad entre nosotros pues fue arreglado y grabado en versión de porro por el maestro Lucho Bermúdez, con la 

voz de Matilde Díaz:

            “….llegó diciembre con su alegría / mes de parrandas y animación /en que se baila de noche y día, / y es solo juergas y diversión. / Se hace natilla se hacen buñuelos /se dan regalos en caridad / engringolados chicos y abuelos hacen el árbol de Navidad /…..”

     El primer tema navideño en versión tropical, Noche Buena, fue compuesto también por Lucho Bermúdez. Ocurrió durante su estancia en Buenos Aires, y lo grabó con músicos argentinos y la voz de Matilde Díaz. Posteriormente lo grabó Celia Cruz con la Sonora Matancera, en 1961.

Música navideña en Cartagena

     En 1946 se grabó por primera vez música navideña en el Caribe, de autores costeños y con interpretes nativos de esta región. Fueron La víspera de año nuevo, de Tobías Enrique Pumarejo, y Arbolito de Navidad, de José Barros Palomino, grabadas por Los trovadores de Barú,

dirigidos por el clarinetista momposino Juancho Esquivel. La primera se conoció en la voz del cienaguero Guillermo Buitrago, a quien le adjudicaron equivocadamente su autoría; la segunda fue cantada, en su versión original, por el mismo Barros Palomino. En su oportunidad, todos hemos tarareado:

            “La víspera de Año Nuevo / estando la noche serena / mi familia quedó con duelo / y yo gozando a mi morena…”

            “….arbolito de Navidad / que siempre floreces los 24 /no le vayas a dar juguetes / a mi cariñito que es muy ingrato…”

     Se grabaron en el tradicional barrio de Manga, en Cartagena, en un estudio ‘esterofónico’ que Toño Fuentes construyó. Se ingenió un montaje de esteras de enea, superpuestas en las paredes, para lograr la acústica deseada y así darles a esas grabaciones su particular sonoridad.

Año viejo ‘made in México’

     En 1953, una canción colombiana, muy pintoresca, por cierto, de Crescencio Salcedo, el famoso Compa´e Mochila, grabada en México por el jalisciense Tony Camargo, habría de imponerse como infaltable en todas las fiestas de final y comienzo de año. Camargo la conoció en Caracas a través del maestro Luis Alfonso Larraín y al retornar a México la grabó con la orquesta de Rafael De Paz para el sello RCA Víctor. Paradójicamente, hubo de esperar hasta el 13 de febrero de 2014, a sus 88 años de edad, y 61 de haberla grabado, para cantarla en Colombia, en el cierre del Carnaval de las artes, en el teatro Amira De la Rosa:

            “ … Yo no olvido el año viejo / porque me ha dejado cosas muy buenas / me dejó una chiva, una burra negra / una yegua blanca y una buena suegra…”

     También en los cincuentas, se popularizó Navidad, una canción de Leopoldo González, conocida entre nosotros como Campanitas que vais repicando, grabada en la voz del ecuatoriano Julio Jaramillo, primero, y luego, con el acompañamiento de la orquesta del cubano Antonio Machín, radicado en España desde 1939. Esa canción fue grabada por Aníbal Velásquez, y su versión terminó siendo la preferida en nuestras rumbas navideñas.

Cuatro fiestas a golpe de maestranza

     Capítulo especial merecen Las cuatro fiestas, del maestro Adolfo Echeverría, quien en 1961 invirtió los sesenta pesos que le pagaron como liquidación en la desaparecida Casa Vargas, donde trabajaba como vendedor, para grabar en los Estudios Sonofiesta, del capitán Molina, con el Cuarteto del Mónaco, esta obra, a ritmo de maestranza ribereña o garabato, que enlaza los cuatro eventos más importantes del calendario festivo del barranquillero raizal: el ocho de diciembre, (día de la Inmaculada Concepción), la Navidad, el Año Nuevo, y los Carnavales. Su contexto cronológico y cultural fue usado por Ernesto McCausland como eje temático de la película El Último Carnaval, rodada hace diecinueve años en escenarios de nuestra ciudad. Son numerosas las versiones, incluyendo una en inglés, pero la que prevalece en nuestro gusto es la original, grabada en bloque, a una sola toma, en cinta de cuatro canales, con la voz inmortal de la profesora de escuela Nury Borrás y el clarinete de Alex Acosta, el genial “Muñecón”, de lejos el mejor saxoclarinetista nacido en el Caribe colombiano. Aunque su orquestación no incluye campanitas ni otros sonidos propios de canciones alegóricas a las fiestas, indudablemente es de las que más despierta el espíritu navideño en Colombia:

            “… Que linda la fiesta es / en un 8 de diciembre (bis). / Al sonar de triqui traquis / qué sabroso amanecer / con este ambiente prendido /me dan ganas de beber. / La pascua que se avecina / anuncia la Navidad / el año nuevo que espera / me dan ganas de tomar / …”

El gran aporte venezolano

     De Venezuela nos llegó Faltan cinco pa’ las doce, de Osvaldo Oropeza, en la voz del actor Néstor Zavarce, que posteriormente Aníbal Velásquez grabó con acordeón en ritmo de guaracha, opacando para siempre la original. El mismo Oropeza creó Mamá, dónde están los juguetes, una muy triste canción grabada por Raquel Castaños, que alcanzó bastante difusión en nuestro medio a pesar de transmitir emociones deprimentes. Del vecino país también llegó la Billo’s Caracas Boys con su Navidad que vuelve y con Año nuevo, publicada en 1965, mucho más optimistas en su contenido:

            “Año nuevo, vida nueva / más alegres los días serán / año nuevo, vida nueva / con salud y con prosperidad / …”

     Y es Venezuela la que nos regala, en 1976, El burrito sabanero, del arpista Hugo Blanco, con el grupo La Rondallita y la voz de Ricardo Cuenci, de apenas ocho años.

Música gastronómica desde Puerto Rico y Cuba

     El caudal musical desde estas islas nos ha contagiado su alegría. Aires de Navidad, Doña Santos y Canto a Borinquen, con su lenguaje común a todo el Caribe, ganaron un lugar en nuestras preferencias. En ellas está la calidad interpretativa de Héctor Lavoe, el trombón de Willie Colón y el tres de Yomo Toro. No menos importante es la música navideña de Richie Ray y Bobby Cruz con Miki Vimari como invitada. Aguinaldo (Asalto) navideño, Bomba en Navidad y el pegajoso Seis Chorreao. El Gran Combo de Puerto Rico siempre está presente con sus clásicos, La cabeza del lechón y La fiesta de Pilito, en la voz de Jerry Rivas:

            “¡A comé’ pastel y a comé’ lechón, / arroz con gandules y a bebé’ ron, / que venga morcilla, que venga de tooooooo’! /..”

     Curiosamente estas canciones isleñas hacen mucho énfasis en los platillos típicos

que se consumen en tiempo navideño. “Son canciones ‘rompedieta’, que abren el apetito”, me dijo hace unos años el maestro Rafael Ithier, director de El Gran Combo de Puerto Rico.

     La isla de Cuba no se podía quedar atrás. La Sonora Matancera nos regaló muchas canciones, de las cuales las más recordadas son: En la noche buena y Rumba en Navidad, esta de Lino Frías, y el bolero Recuerdos de Navidad, en la voz de Celio González, Llegaron las Navidades, Vámonos pa´l campo, cantadas por Carlos Argentino Torres. Aguinaldo antillano y Soy feliz en la Navidad, versión del clásico anglosajón Jingle Bells, se inmortalizaron en la voz y la sabrosura de la ‘Madre rumba’, Celia Cruz.

Navidad con Fruko, Joe y Saoko

     Dos compositores barranquilleros crearon sendos temas muy populares. En 1973 ya se había consolidado una opción de salsa colombiana con Fruko y sus tesos, con las voces de Joe Arroyo y Wilson Saoko. Ese año, paradójicamente en un elepé titulado El Violento, vino la canción Alma navideña, de la autoría del hombre de radio Mike Char, que en uno de sus apartes dice:

            “Gloria a dios en las alturas / y en la tierra, mucha paz / que se acabe ya la guerra / y los problemas de actualidad”.

     En 1975 apareció Negra del Campo, compuesto por Alfredo Varela y cantado por Wilson Saoko:

            “Los árboles te darán / en vez de frutas, guirnaldas / con ellas adornarás / el arbolito que gurdas / Negra del campo / negra del alma “

Vallenatos navideños

     La música vallenata en acordeón no podía sustraerse a esta celebración. Algunos de los temas navideños más conocidos, son: Diciembre alegre, de

Emiro Zuleta; 25 de diciembre, de Diomedes Díaz; Después de Pascua, de Carlos Huertas; Bendito diciembre, de Rafael Manjarrez; Serenata decembrina, de Antonio Serrano Zúñiga, y 24 de diciembre, de Lisandro Mesa, un pasaje-merengue en acordeón.

Mensaje navideño de un poeta guajiro

     Han sido varios los compositores y cantantes que siguen sonando, año tras año, sus temas navideños, pero ninguno ha podido ‘iluminar el arbolito del éxito’, de manera perdurable como Rosendo Romero, el bien llamado ‘poeta de Villanueva’, quien se entronizó en el gusto popular con dos obras que se convirtieron en íconos desde los ochentas. Eran los años en que el vallenato conquistaba adeptos, hasta convertirse en lo que es hoy: un referente de la música colombiana, con Grammy Latino incluido.

     Rosendo, hijo del juglar Escolástico Romero, y nacido en 1953, es de los pocos compositores que ha logrado mantenerse vigente sin renunciar a su lírica original, profunda, llena de contenidos vivenciales y con alto vuelo lírico. Desde La custodia del Edén, su primera canción, grabada en 1975 por su hermano Norberto, con la voz de Armando Moscote, hasta Corazón de miel y Me sobran las palabras, grabadas por El Binomio de Oro, y con varias versiones, incluida una en bachata, Rosendo nos ha deleitado con melodías de gran reconocimiento, como Cadenas, Noche sin luceros, Villanuevera, Fantasía, Despedida de verano, Mi poema, Soraya y la cumbia La Zenaida, con versión original 

de Armando Hernández y una adaptación poético dramática del argentino Leonardo Fabio que ganó espacio internacional. En 1990, estando en Barranquilla, escribió en aroma de nostalgias y recuerdos, Mensaje de Navidad, que con magistral interpretación de Diomedes Díaz con el acompañamiento de Colacho Mendoza, escuchamos todos los años desde que despunta octubre:

            “… Unos dicen, qué buenas las Navidades / es la época más linda de los años / pero hay otros que no quieren acordarse / de la fiesta de Año

Nuevo y aguinaldo …”

     ... “Un día me puse a leer los mensajes que contenían las tarjetas de Navidad que ya venían con un diseño y uno simplemente las firmaba, pero ninguna me satisfacía plenamente para transmitir lo que yo quería a un ser querido”, cuenta Rosendo. “Así que me inspiré en mis propias vivencias, especialmente de cuando iba a la Serranía del Perijá, a una parcela de la familia, donde una vez un tío me pidió que me quedara con él la noche del fin de año, cuidando los cultivos y los enseres, pero yo le dije que no me quedaría en ese paraje solitario mientras en Villanueva estaban la familia y amigos celebrando”. Eso está plasmado en sus estrofas:

            “Que tristeza, que tristeza y soledad / para aquel que pasa lejos el Año Nuevo /no tiene, no tiene felicidad / como aquel que se quedó sobre los cerros. / Pa` esa gente va un mensaje de cariño/ con el alma, con el alma de los pueblos / que se olviden de los recuerdos / y se llenen de parabienes / les deseo un próspero año nuevo / y ventura pa' los que vienen …”

     Y luego da un bálsamo poético como voz de aliento a quienes viven en amargura:

            “Y el que llora y sufre las penas / que se olvide del año viejo /si tiene un corazón sincero, verá en el firmamento las estrellas …”

     Y en el coro, no deja por fuera a nadie, sea cual fuere su estado anímico:

            “Hay corazones que les da tristeza /que les da tristeza al llegar diciembre / hay corazones que al llegar diciembre /que al llegar diciembre se ponen alegres / el tiempo que se va vale nada / que mueran los recuerdos que nos duelen /…”

     El amor, que siempre está presente en las canciones de Rosendo, en su más pura

expresión, aparece a continuación:

            “Se va el año viene pascua y Navidades / y es bonito para los enamorados /que se quieran, que se adoren que se besen /y que tengan paz y amor todos los años …”

     Rosendo Romero es muy espiritual, casi místico en sus creencias y en su filosofía de vida. En todas sus canciones está presente esa visión cósmica, con la que transmite, como lo dice el título de esta canción, mensajes evidentes, obvios, pero también subliminales, que siembran positivismo en el oyente:

            “Si la gente usa oro y nada más / preocupada por el lujo y la apariencia / olvidando el dinero celestial / que se gana compartiendo con nobleza. / Pregonando este mensaje yo he venido / a decirles con el alma y con grandeza / que se olviden de los recuerdos /y se llenen de parabienes / les deseo un próspero año nuevo / y ventura pa' los que vienen”.

     Curiosamente, a diferencia de la mayoría de canciones vallenatas, atiborradas de saludos, en esta solo hay uno, y es para Rafael Santos, hijo de Diomedes, que apenas tenía un año de nacido, y para otro niño, Ciro Raúl Meza, hijo

 del Rey Vallenato del mismo nombre.

     Navidad, es la otra canción de Rosendo que alegra esta época, grabada por el Binomio de Oro, en 1982. Comienza con la voz de Kelly Johanna, la hija mayor de Rafael Orozco: “Papi, papi, yo quiero que el niño Dios, me regale una muñeca y otra pa' Wendy... “

            “Navidad, la fiesta linda del año /Navidad, también de mis desengaños / Navidad, tú me das muchas nostalgias / y a veces alegras mi alma…”

     Paradójicamente, gran parte de la letra habla de episodios

tristes, de las carencias sufridas en la niñez y hasta en la vida adulta, pero expresadas con sentido propositivo y sin opacar el ritmo festivo del tema, logrando un resultado emocional muy equilibrado:

            “Navidad, con tus brisas decembrinas / Navidad, me acuerdo de mi madrina /Navidad, cuando me dio de aguinaldo / Navidad, un caballito de palo. / Porque hay Navidades tristes / y Navidades alegres. / Que culpa tiene Miguel / ser hijo de un campesino / y nunca pudo tener / los juguetes de otros niños. / Navidad, qué linda es la noche buena / Navidad, de campanitas y estrellas / Navidad, de los que viven llorando /de los que sufren callando”.

     Lo que sorprende es saber que la canción fue hecha en coautoría con su hermano Israel, el acordeonista y fundador de El Binomio de Oro; “Mi hermano me mandó una parte de la letra, con melodía, y me pidió que la terminara, porque sus compromisos artísticos no se lo permitían. Yo intervine la obra y le agregué unas estrofas. Mi gran sorpresa fue que al publicarla aparezco yo como único autor, lo que recibí como un acto de generosidad de Israel, un gran regalo de Navidad”, concluye Rosendo.

Aníbal Velásquez, Celia Cruz y Willie Colon con Héctor Lavoe y Yomo Toro: ‘Faltan 5 pa’las 12’, ‘Feliz Navidad’ y ‘Asalto navideño’: tres de las canciones, entre tantas, que iluminan nuestro arbolito de Navidad.