'Congresualdadas' que sólo ocurren en Colombia

     Parece increíble que el Congreso de Colombia, donde supuestamente están sentados ‘los representantes del pueblo’, terminara por hundir las 16 circunscripciones de paz para las víctimas.

     Finalmente se salieron con la suya. No las aprobaron y les arrebataron una de las pocas ventajas a las víctimas. Su falta de respeto y consideración es denigrante y vergonzosa. Se basan en mentiras y sabotean el proceso para su beneficio. No les robaron las curules a las víctimas porque crean que van a terminar en manos de las Farc, saben perfectamente que eso no es cierto. Se las quitaron porque no quieren compartir las curules con personas pobres y afectadas por el conflicto. No quieren soltar el poder ni enfrentar cuestionamientos. Le temen al debate contundente y a que se sepa, de una vez por todas, toda la verdad. Porque también manipularon y cercenaron la Justicia Especial para la Paz, 

JEP, al dejar por fuera a una porción importante de los militares aforados y a los particulares que financiaron, apoyaron y participaron en las masacres que realizaron los paramilitares.

     Es hora de tener claridad en el asunto. Como decimos en el titular de este artículo, mientras los victimarios plantearon en el acuerdo de paz entregar 16 curules a las víctimas, ‘los representantes del pueblo’ se las niegan. ¡Qué acto tan insólito y vergonzoso! Los políticos que han obstaculizado el proceso, una y otra vez, en lo último que piensan es en las víctimas. Lo que menos les interesa es un país más incluyente y menos violento. Tener al pueblo sumergido en la ignorancia y en la pobreza es su garantía para seguir actuando como siempre... Pero no los podemos meter a todos, está claro que esa actitud la lideraron los políticos pertenecientes a los partidos Centro Democrático, Cambio Radical, Conservador y algunos otros despistados.

     Es importante recordar que las 16 circunscripciones de paz no eran curules para las Farc, como han tratado de manifestarlo en repetidas ocasiones. El objetivo era permitir que poblaciones afectadas directamente por la violencia pudieran tener, durante un período determinado, un mecanismo especial de representación. Tenían como fin encontrar un camino más incluyente para las víctimas de un conflicto de más de 50 años, para esos espacios olvidados. Darle voz a quienes más la necesitan. Era un pedazo de democracia, de la real. No esa llena de maquinaría política. Es injusto que el Acuerdo sea despedazado por fines electorales. Es triste que quieran borrar la verdad, que no les den prioridad a las víctimas y que intenten apagar la esperanza de paz. Es frustrante que los ciudadanos se dejen engañar, que sigan confiando en políticos corruptos egoístas y enemigos de la paz. Es doloroso mirar para atrás. Aunque la congoja se siente aún más cuando se mira hacia delante porque pareciera que nos encontramos 

condenados a un pasado, que no nos deja avanzar. 

     Como dijera María Fernanda Mateus en su reciente columna en el diario El Heraldo, Colombia es un país sin garantías, mezquino y egoísta. Gobernado por una clase política elitista y pendenciera perpetuo —no hay duda alguna: sigue vigente el término manzanillo—. Maquillado de una supuesta economía emergente, mientras se ahoga en la profunda

Las víctimas del conflicto llevan varias décadas reclamando sus derechos y sin curules las regiones afectadas por el conflicto seguirán en el olvido.

desigualdad. Polarizado hasta el punto de dejar llagas que tal 

vez no puedan sanar. Un país  con una clase dirigente aferrada al pasado y sin posibilidades de un futuro real. 

     Este episodio nos demuestra que nos quedó grande la paz. Nos quedó grande entender la historia y evitar repetirla. Nos quedó grande leer el subtexto de la politiquería y fue más fácil quedarnos con la manipulación y la mentira. La polarización nació a raíz del miedo que infundieron los supuestos líderes populistas en los ciudadanos, esos que están aferrados al poder y no van a permitir el cambio. Aquellos que defienden sus intereses, que bloquean la justicia y no permiten la verdad.

     Para muchos líderes de las víctimas se les siguen negando las oportunidades a tierras olvidadas como el Urabá, región que está sumida en el abandono y afectada por el conflicto armado, estas oportunidades quedaron sepultadas el pasado miércoles cuando el presidente del Senado, Efraín Cepeda, aseveró que la votación para la creación de las 

16 circunscripciones de paz carecía de validez. Los cientos de líderes que buscaban un escaño para trabajar por su región en el Congreso se sintieron desilusionados, revictimizados y, como en otras ocasiones, excluidos nuevamente. “La afectación principal que nos niega este Congreso —o las personas que se han opuesto—, es que nos den la oportunidad de manifestar de forma directa las necesidades de nuestra región, y gestionar a través de esta representación los retos que tenemos en el territorio”, dijo uno de los líderes, que es mejor no señalar su nombre porque lo más probable es que después sea objeto de ataques personales.

     La desazón por el hundimiento de estos escaños especiales para los territorios que por décadas padecieron los estragos de una guerra sin tregua, no solo la sintieron los miles de víctimas en zonas alejadas de Colombia, sino millones de colombianos que sentimos y asumimos que dejaron de ser el centro del Acuerdo, como lo repitió, durante las negociaciones, el presidente Juan Manuel Santos.

     Con el Acuerdo de Paz se consideraba que se abrían posibilidades para que

las víctimas tuvieran representación en la Cámara, pero esa opción parece

Cepeda Sarabia

cerrarse pese a que el Consejo de Estado dio su concepto advirtiendo que la votación para la creación de esos escaños sí era válida. “La situación es muy preocupante porque fuimos al Congreso a explicar cómo funcionarían esas curules, cuáles eran nuestros objetivos y cómo blindarlas para que ningún actor armado se hiciera a ellas, pero no nos escucharon”, explican varios de ellos y además agregan que “se supone que el centro de todo esto somos las víctimas, pero yo me siento pequeñita, tirada por allá, en un rincón”, señaló una de ellas.

     Por ahora, las circunscripciones están en un limbo cuya claridad se presentará esta semana cuando el Tribunal Administrativo de Cundinamarca decida si los 50 votos del Congreso sí fueron mayoría para avalar los 16 puestos en la Cámara o si, por el contrario, ratifica la decisión del Senado y, de paso, entierra para siempre las esperanzas de las víctimas a sentir su región representada en el Congreso. Nuevamente, como dijera el ciego, amanecerá y veremos.