Nuevo presidente de la Conferencia Episcopal

Por Guillermo Romero Salamanca

     Procedente de una vereda nortesantandereana, El peñón, monseñor Oscar Urbina Ortega es el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC).

     Ha sido escogido por los obispos de Colombia para que cumpla el trienio 2017-2020 y su primer pronunciamiento como tal precisa que “el desarme de los odios” es ferviente anhelo de la Iglesia.

     Muy cercano a las personas, característica que se le pondera, monseñor Urbina Ortega ha manifestado que “con nuestras oraciones y ayudas estamos colaborando para que se supere la grave situación de Venezuela y esperamos la voluntad de paz de parte del ELN”.

     Al reiterar que la Iglesia no puede ser indiferente ante las adversidades que se presentan en estos momentos, insistió en que “anhelamos que haya un desarme de los odios”, principal fórmula para la reconciliación entre todos los colombianos.

     De 70 años y actual Arzobispo Metropolitano de Villavicencio, reemplaza a monseñor Luis Augusto Castro, quien estuvo en la presidencia del Episcopado durante los últimos tres años.

     Nacido en la vereda el Peñón, Arboledas —Norte de Santander— el 13 de abril de 1947, fue ordenado presbítero

de manos  del Cardenal Aníbal Muñoz Duque, el 30 de noviembre de 1973. El papa Juan Pablo II lo nombró el 8 de marzo de 1996 como obispo titular de Forconio y auxiliar de la Arquidiócesis de Bogotá, el 8 de marzo de 996. Luego, el 9 de noviembre de 1999 fue escogido por el Papa Juan Pablo II como obispo de la Diócesis de Cúcuta y el 30 de noviembre de 2007, Monseñor Urbina asumió la Arquidiócesis de Villavicencio por determinación del Papa Benedicto XVI.

     “En la Iglesia no hay campañas, acá, después de la oración se hace una

votación secreta y de allí se saca a la persona que deberá guiar los destinos de la Iglesia por los próximos 3 años, Proseguimos el camino que llevamos y nos vamos guiados por la voluntad de Dios”, explicó.

     Sobre la situación del ELN y su posible vinculación a la vida civil, monseñor Urbina comentó que todo depende de la voluntad de paz por parte ellos. “Esperamos que se den las condiciones y que prosigamos por esta vía de la reconciliación entre los colombianos, que tenemos herido el corazón. Esto es como una operación quirúrgica, que no se puede sanar de un momento a otro sino que hay que darle tiempo y confiamos en que, por medio del diálogo, podamos lograr para el país un acuerdo”.

     Al ser interrogado sobre lo que ocurre en Venezuela manifestó que lo primero que se ha hecho es “apoyar a la nación espiritualmente con la oración, somos hermanos en la fe, pertenecemos a la gran patria de Simón Bolívar y les hemos hecho llegar nuestra voz de solidaridad con alimentos y medicinas, respetando las leyes de la república

venezolana”.

     Monseñor Urbina tiene dos retos fundamentales. Primero, que ante la visita pastoral del Papa Francisco se debe trabajar en términos de fe y, segundo, que ha que crecer en la fe y trabajar por la reconciliación nacional. “Las heridas son muy grandes, unas son espirituales, otras son materiales, unas más económicas y hay que abrir espacios para el diálogo, la comprensión y la solidaridad”.

     “La visita del Papa Francisco es para todo el país, recibiremos sus enseñanzas y apoyaremos lo que diga para desatar todos los problemas en los cuales nos vemos a diario. La iglesia tiene que convertirse en un hospital de campaña para ayudar a todos los necesitados por el perdón y la reconciliación”, explicó.

     El próximo año será un tiempo para las nuevas elecciones en el país y monseñor dijo que se debe hacer una reflexión. “Dialogar es lo que le conviene al país, pero no podemos ser indiferentes en estos momentos… Es tiempo de organizar a esta patria. Comete pecado democrático quien se abstiene de votar. Es increíble que, en Colombia, el 60 por ciento de las personas en capacidad de elegir, no lo hagan”.

     A menos de dos meses de la visita del Papa Francisco, monseñor Urbina Ortega recalcó que las personas que quieran asistir a los eventos deben saber que son completamente gratis. “Quizá por tradición hemos dicho que entregaremos boletas y esta palabra está relacionada con dinero a la entrada. No se dejen tumbar de quienes digan que les pueden asegurar un puesto en el cual podrán hacerse una foto con el Papa o escucharlo a menos de dos metros. No a los estafadores”.

     El sueño de Luz Helena Ballesteros, cuando tenía casi once años y cursaba cuarto de primaria en el Colegio de la Enseñanza, en el barrio La Soledad de Bogotá, era saludar y hablar con el Papa Paulo VI, cuando visitó a Colombia en agosto de 1968 con motivo del Congreso Eucarístico Internacional.

     “Era emocionante tener en Colombia a un Papa y salí a la calle para verlo pasar y estuve en el Templete y fui varias veces a la Nunciatura, pero no me dejaban entrar. Incluso un día llegué hasta el vestíbulo, pero los soldados me sacaron. También

llamé muchas veces y no me contestaban el teléfono”, cuenta.

     Ese 23 de agosto de 1968, la pequeña regresó a su casa llorando y después de muchos intentos para que le pasaran al teléfono al Papa, redactó una carta que decía:

     “S.S. Paulo VI. Te escribo esta carta para contarte que te llamé y no te hicieron pasar al teléfono y fue con harto trabajo, pero no me dejaron verte. Yo no sé cómo decirte de la alegría que sentí cuando llegaste a Bogotá.

     Te cuento que tengo casi once años y estoy en cuarto de primaria. Después te escribiré más. Atentamente,

     Luz Helena Ballesteros”.

     Cuando vio pasar el auto del Papa, Luz Helena, simplemente le arrojó la carta, con la esperanza de que la recogería y la leería y se fue con sus amigas a jugar. Días después recibió la respuesta del Vaticano.

     El periodista Carlos Murcia tituló su crónica en El Tiempo como “Colegiala de diez años recibió carta del Papa” y escribió: “El Papa Paulo VI envió una carta especial a una niña colombiana, estudiante de cuarto año de primaria, para contestarle la misiva que la pequeña le había escrito con motivo de su visita a Bogotá”.

     “La carta llegó al Vaticano, a manos del Papa y su Santidad ordenó al Secretario de Estado que le contestara.

     En las últimas horas, un emisario llegó hasta la casa de la niña Luz Helena, en el barrio de La Soledad y entregó el siguiente mensaje:

     “La Secretaría de Estado se complace en comunicar que el Augusto Pontífice ha visto con vivo consuelo los mensajes de bienvenida y de rendida adhesión que tuvieron a bien enviarle a Bogotá con motivo de su viaje a esa Ciudad para asistir al Congreso Eucarístico Internacional.

     “La misma Secretaría significa que Su Santidad ha tenido presente en sus plegarias a cuantos le expresaron tan devotos sentimientos y que, en grata correspondencia a los mismos, sigue invocando sobre sus personas y seres queridos la continua abundancia de los dones divinos, en prenda de los cuales le otorga la bendición apostólica. Cardenal Angelo Cicognani”, puntualizó la nota de El Tiempo.

     Hoy, Luz Helena es comunicadora social, madre de Laura y vive en los Estados Unidos, pero en su sala mantiene unos cuadros con la nota de Carlos Murcia, una tarjeta del Papa y desde luego, el mensaje de la Santa Sede.