Demencia, riesgo laboral del maestro

Terminado el exitoso paro del magisterio colombiano y al tenor del refrán después de la tempestad viene la calma, presentamos este interesante tema que ya lo habíamos abordado en la página 52 de mi quinta obra denominada “Riesgos Laborales en el Sector Educativo”, presentada en la pasada Feria Internacional del Libro en Bogotá, en el Stand de la Universidad del Magdalena.

     Allí señalamos que es una cosa buena que la educación ocupe un lugar central en la agenda nacional y que se tenga como meta ser el país más educado de América en el año 2025, pero es incomprensible que en el

proceso de discusión en curso —según se declara— en pro de la calidad educativa, esté absolutamente ausente un tema que, por diversas razones, ha debido y debe ocupar la atención tanto de Fecode como de las autoridades del Ministerio de Educación, de la Fiduprevisora y de la sociedad en su conjunto. Nos referimos al incremento que se ha registrado durante los últimos años en el número de maestros que padecen trastornos mentales.

     Estas enfermedades se han convertido en la primera causa de permisos, licencias y retiro de los docentes de las aulas y entre ellas destacan la hipertensión arterial, la depresión, la ansiedad, la demencia, el trastorno bipolar, el trastorno de memoria, el estrés, las crisis nerviosas, el cáncer, la disfonía, los infarto y la osteoporosis, entre muchas otras.

     Puede ser apenas lógico que el ejercicio docente provoque afecciones asociadas a las cuerdas vocales, al aparato locomotor y a todas aquellas reconocidas como enfermedades laborales en el sector educativo, pero que en los últimos años se haya incrementado la cantidad de maestros y maestras que han tenido que abandonar las aulas por desórdenes mentales debiera llevarnos, por lo menos, a preguntarnos que ¿cuáles causas están generando tal situación? Porque cualquier sociedad decente, con un mínimo de preocupación por lo humano, que valore mínimamente la labor docente, se habría sacudido con esta alarmante información.

La dimensión de la tarea que se pone en mano de los maestros y maestras, lo que se espera de su labor y la relevancia que, teóricamente, se le atribuye a su papel, son algunas de las razones que justifican considerar este tema en la agenda conjunta que Fecode y el Ministerio de Educación deben acordar para que la Fiduprevisora, como encargada de implementar el sistema de seguridad y salud en el trabajo del magisterio, empiece a abordar, de manera urgente, con el propósito de atacar las causas que generan tal comportamiento y de desarrollar todo un programa integral para prevenirlo, eliminarlo y/o minimizarlo.

Si en el componente humano no fuera suficiente el ‘amor’, la obligación y el compromiso que se pregona con las niñas, niños, adolescentes y jóvenes que están en las aulas, debiera convertir este tema en alta preocupación para la acción, porque para lograr calidad se requiere la existencia de docentes, además de bien formados, con buen estado de salud física, social y mental, como lo señala la OMS.

Porque para nadie es un secreto que profesores que se salen de casillas por cualquier cosa que dicen o hacen sus alumnos o compañeros, que lloran, que se aíslan, que pasan parte del año escolar en clínicas y hospitales psiquiátricos, están siendo cada vez más frecuentes en los colegios oficiales. Eso es lo que se conoce como síndrome del trabajador quemado o Síndrome de Bournot y está afectando a un alto porcentaje de profesores de Colombia e incluso de Latinoamérica. Los trastornos mentales más comunes son las depresiones crónicas, la ansiedad y hasta delirios, según reportan los servicios médicos.

El sistema educativo tiene o padece una falla que pocos están dispuestos a asumir. Si a eso se suma que los maestros han sido llamados a ser los depositarios de eso que se ha dado en llamar la “pedagogía para la paz”, el cuadro no parece alentador. Los factores de riesgo psicosociales asociados al trabajo docente son muchos y estamos en la obligación de atender de manera urgente, sobre todo si aceptamos que la educación escolar es la llave que puede aunar el camino para promover, a mediano plazo, un cambio en una sociedad dividida, profundamente polarizada y

descompuesta como la nuestra.

     El estrés que sufren los rectores y los educadores de los colegios públicos en Colombia es una bomba de tiempo. Ellos deben solucionar problemas con los maestros, los padres y los estudiantes, responder derechos de petición, ocuparse de labores administrativas y un largo etcétera que se parece a la condena de Sísifo. La amenaza constante de que les abran procesos disciplinarios por no responder a los cientos de peticiones y quejas es latente. Todos coinciden en que de no hacerse nada, de no plantearse una verdadera atención en temas de salud mental, el desastre puede ser inminente. Por los múltiples problemas que les toca afrontar con drogadictos, violadores y/o padres violentos, muchos de ellos no se sienten seguros de caminar por su barrio, de tomar el bus en la esquina de siempre, incluso de ir a trabajar, porque se sienten amenazados, señalados y advertidos de que su trabajo no es ideal, de que los estudiantes se tomarán el colegio, de que los jíbaros rondan sus instituciones y de que, como en cualquier conglomerado humano, las envidias, el rencor, la amenaza y el miedo son temas del diario vivir.

     En realidad, este es un problema y un malestar psicosocial que nadie está atendiendo. Desde el Ministerio de Educación, en ninguna Secretaría de Educación, ni en los discursos de los ministros del ramo se menciona

Portada del libro ‘Riesgos laborales en el sector educativo’, del autor de esta nota, obra que fue presentada en la pasada Feria del Libro en Bogotá.

la salud mental de los educadores. Parece que, en un país violento, con profundas desigualdades sociales, con polarizaciones brutales, entre

muchos otros, nos abstuviéramos de reconocer que no hemos sabido atender necesidades intangibles que ya pasan factura.

     En Bogotá, por ejemplo, una encuesta mostró que la principal enfermedad laboral de los docentes es la mental. Esta se realizó entre 120 maestros de 19 localidades, quienes a su vez preguntaron a otros diez profesores para un total de 1.200 y fue elaborada por la Asociación Distrital de Educadores (ADE) con apoyo del Ministerio de Trabajo, como se llamaba entonces. El estudio se hizo en el año 2003, pero estos datos se actualizaron para el libro ‘Salud laboral en el magisterio distrital de Bogotá’, en torno al cual el sociólogo Alberto Bonilla, coordinador técnico del estudio y autor del libro, señaló durante su presentación que "los datos siguen siendo los mismos, incluso la situación ha empeorado". De hecho, en Antioquia, Santander y Tolima los sindicatos también han realizado sondeos entre los profesores y consultado a las empresas prestadoras de salud quienes les reportaron la misma información: ¡los maestros están al borde de la locura!

     “Los trastornos mentales no son exclusivos de los docentes, pues es una enfermedad que cada vez ataca a más colombianos, pero es un factor de riesgo porque ellos trabajan con niños”, señala el médico epidemiólogo William Buitrago, quien colaboró en la investigación. Tan cierta es esta frase que, de acuerdo con el último informe de la Organización Mundial de la Salud, Colombia lidera la lista de los países en que los ciudadanos son los más deprimidos a nivel mundial.

     Recordemos que, según expresiones de las directivas de la ADE, así como de la Federación Colombiana de Educadores, Fecode, el régimen de salud del magisterio no responde a estas necesidades y tampoco se aplican las normas existentes en salud ocupacional, hoy llamada Seguridad y Salud en el Trabajo. La verdad es que este es un gran reto que hoy tiene toda la sociedad colombiana en su conjunto para resolver de manera urgente, para lo cual, repetimos, debe convertirse en uno de los puntos álgidos a desarrollar en la agenda que, por amor, por compromiso y por obligación hacia nuestros queridos docentes están llamados a resolver el Ministerio de educación, la Fiduprevisora y la Federación Nacional de Educadores, Fecode. Les corresponde definir y echar a rodar programas para prevenir, atacar y combatir esta grave enfermedad a fin de lograr mejoras en la salud individual y colectiva de los educadores, lo cual contribuirá indiscutiblemente en elevar la calidad de la educación en Colombia. Señoras y señores, manos a la obra, porque temas tan álgidos como este no merecen esperar más tiempo.

     De tal suerte que necesitamos que se empiece a trabajar en serio y como debe ser. Para ello comencemos con la consigna de trabajar desde la prevención, que consiste en promover la salud mental por medio del manejo de estilo de vida saludable, tratar los trastornos a tiempo antes que se conviertan en crónicos y ayudar a quienes los padecen para que desarrollen todo su potencial. Esta propuesta está desarrollada en los tres últimos capítulos de los siete que contiene el libro riesgos laborales en el sector educativo (La cultura de la prevención, el manejo de estilo de vida saludable y el papel de la educación en la promoción de la Cultura de la prevención y el Manejo de estilo de vida saludable) y los interesados en obtenerlo por favor comunicarse con el número 3003189533 en la ciudad de Santa Marta.