A propósito de los 50 de Cien años de soledad

Todo un inmenso honor que el escritor de raíces barranquilleras Jaime Romero Sampayo publique en El Muelle Caribe… Residente en Barcelona, se codea con intelectuales españoles, entre ellos Fernando Savater, 70 años, el filósofo autor de más de medio centenar de obras y quien, a lo largo de su carrera, ha logrado diversas distinciones, entre ellas el premio Ortega y Gasset del periodismo (año 2.000) por mejor artículo de opinión. Con Romero Sampayo se apreciará elegancia en el manejo del lenguaje, fino humor con sabor Caribe y sin ofensas —para lograrlo, no hay necesidad de meterse en la vida privada de nadie—, distante hasta el más allá del ‘opinador politizado’ y con inocultable dominio literario. Toda una joya crítica el texto con el cual Jaime Romero Sampayo debuta en El Muelle Caribe por gentil deferencia de su padre Jaime Romero Escolar.

Nada más

atrevido que

la ignorancia

Por Jaime Romero Sampayo

     La ignorancia es atrevida. Este año se cumplen 50 de la publicación de ‘Cien años de soledad’, y las “nuevas promesas” de las letras hispanas compiten por ver quién hace el ridículo más grande despreciando esa novela en particular, y la obra de García Márquez en general.

     Todos vienen a decir algo así como “No se puede negar que Cien años de soledad es una obra maestra, sí, pero a mí me parece una mierda”. El énfasis lo ponen en el “mí” (en tono trascendente) y en el “una mierda”, desde luego. Hablan de un “realismo mágico” que, según se desprende de sus palabras, en nada se parece al de algunas de las primeras 4 novelas de García Márquez, sino al de Isabel Allende, lo cual es como soltar generalidades en contra de la filosofía basándose en los libros de Paulo Coehlo.

     No han leído ‘Cien años de soledad’, ni a García Márquez, o lo leyeron de jovencitos y ahora lo recuerdan como les da la gana y la envidia se los permite. La

empresa de criticar Cien años de soledad es tan fértil como criticar los Evangelios o el Quijote. Esa novela representó un salto tan pero tan grande en la historia de la novelística, que aún 50 años después ningún escritor ha podido alcanzarlo.

     Ha habido escritores más inteligentes y más cultos, pero ninguno de ellos, con toda su inteligencia y su cultura, ha podido alcanzar ni de lejos el nivel técnico al que llegó García Márquez en ‘Cien años de soledad’ (y luego en ‘Crónica de una muerte anunciada’ y ‘El amor en los tiempos del cólera’), ni tampoco su genialidad. Es que el arte, a pesar de la opinión de todos los comeflor del mundo, es primero que todo una técnica, valga la perogrullada. Y al serlo, se pueden sacar conclusiones objetivas acerca de las calidades relativas, de la misma manera en que se puede distinguir al estudiante de primer año de piano de todo un Glenn Gould dándole a las teclas.

     No es algo relativo, ni sujeto al capricho del "mí" de nadie. El camino de perfección técnica que inició Flaubert (hasta entonces se habían escritos novelas maravillosas –muchas de ellas, bastante mejores que las que escribiría el propio Flaubert- pero todas eran muy imperfectas desde el punto de vista técnico), cuya cota luego intentaron elevar Hemingway y Faulkner y algún par más, alcanzó la cima de su perfecta consumación en García Márquez. Y hasta el sol de hoy. Bien, en literatura no todo es técnica, hay espacio para más. Sí, es cierto. Pero primero hay que pagar el peaje técnico, y todo aquel que ni siquiera ha entrado en esa carretera de obstáculos mucho más bonito se está calladito. De todas maneras, en todo lo que queda fuera de la técnica, García Márquez también va sobrado de genialidad y de eficiente y maravillosa poesía.

     Cuando los criticones son escritores latinoamericanos más o menos jóvenes, la explicación es más bien de orden sicológico. Son tan pero tan inseguros que lo que más desean es que no se les “note” que son latinoamericanos (como si eso fuera posible), y en cambio cada uno de ellos daría esta vida y la otra porque la gente pensara que es un “sofisticado artista gay del SoHo de Nueva York”. Lo que más me da risa es cuando dicen cosas como que García Márquez está “superado”. Eso es como si alguno dijera que no le gustan los automóviles, muy bien, pero luego ves que se desplaza a todas partes en un carro tirado por dos mulas viejas. Sí, sí, nada más atrevido que la ignorancia.